Otro desarrollo masivo, esa es la cuestión

POR FERNANDO CASTRO - Editor +E

La semana trajo una nueva clave valiosa. Justo cuando muchos se sacaban la resaca pos-G20 y ponían más atención al caldeado escenario electoral de la provincia, apareció un notición de magnitud. Es el cuarto desarrollo masivo de no convencionales para la provincia. Es una inversión de 2300 millones de dólares que por sí sola contribuirá a modificar, como una muestra de todo lo que podría ser y que se puede avizorar no sin cuotas de vértigo, el mapa de la producción petrolera de la cuenca neuquina.

La Amarga Chica, esa sociedad entre YPF y Petronas, sumará otros 60 mil barriles de petróleo en cuatro años. La noticia tuvo impacto nacional, pero como suele suceder en muchos casos con los tecnicismos propios de la industria, acaso no haya sido del todo comprendida. En plena baja del precio del crudo, la empresa más importante del país y un gigante mundial de la producción suben la apuesta en Vaca Muerta.

¿Fue un caso aislado? No. Vista Oil, esta semana, también ratificó sus planes de llegar a los 65 mil barriles de petróleo en su área Bajada del Palo (entre paréntesis: pasó Miguel Galuccio por la ciudad y aprovechó para una pequeña revancha avalada con esa estricta actualidad de los números: “Siento que no me equivoqué”, dijo cuando se le pidió un balance desde los albores de Loma Campana a esta actualidad que lo muestra al frente de la empresa mexicana).

Con sólo cuatro proyectos que entraron en desarrollo masivo, Neuquén está haciendo una contribución sustancial para, por un lado, aminorar las compras de volúmenes de gas que profundizaban la sangría del Banco Central y, por el otro, comenzar a transitar un camino que proyecta un incremento importante de la producción de crudo. Lo dicho en la nota de apertura de este suplemento: con sólo las dos áreas mencionadas, se sumará algo así como el equivalente a la producción actual de toda la provincia, en torno a los 125 mil barriles diarios.

Pero está claro que es sólo una pequeña muestra, que no contempla siquiera la chance de que otros desarrollos masivos, en manos de otras empresas, sigan el mismo rumbo en un plazo acotado.

Todo lo anterior uno lo podría inscribir en el segmento del “haber”, de lo conseguido. Ahora bien, tan cruciales o más que ese camino transitado, son las preguntas que se desprenden de este contexto.

Son preguntas que tienen que ver con el tiempo y la necesidad de planificar para aprovechar, en los próximos años, un contexto que asoma como una especie de postal de lo que puede ser.

Hay un año netamente electoral que puede ser un factor que (ojalá no) impacte en el ritmo de las inversiones que se necesitan en materia de infraestructura para el gas. Está el financiamiento para una respuesta importante, pero acaso no de fondo, como el gasoducto a Rosario, a partir del financiamiento de 350 millones de dólares del ducto que partiría de Vaca Muerta. Es una obra que necesitará de más capitales. ¿Quién pone el resto en un contexto donde conseguir créditos de esa magnitud para el país impone todo un desafío?

Al mismo tiempo, los números que se desprenden con tan solo una leve variación de la velocidad de los desarrollos masivos, ponen en contexto la necesidad de generar una cadena de valor y de mano de obra que esté a la altura de una industria innovadora y de avanzada.

La pregunta no es tanto si hoy ese recurso existe en Neuquén, o en el país, sino más bien qué capacidad de respuesta hay. De nuevo: por ahora son sólo cuatro desarrollos masivos en Vaca Muerta, y fue suficiente para incentivar el crecimiento de un sector pyme. Claro, esto sin mencionar una clave sustancial: el impacto social (y la necesidad de respuestas) desprendido de este crecimiento.

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