• Dolar oficial $ 1.545,0
  • Dolar informal $ 1.555,0
  • Dolar CCL $ 1.620,6
  • Dolar MEP $ 1.553,1
  • Riesgo país 650,0
La Mañana leyenda

¡Qué sustazo! Inspiró la leyenda del lobizón, apareció corriendo por la calle y en la madrugada

Vecinos se llevaron un gran susto al cruzarse con el cánido más grande de Sudamérica. La Policía montó un operativo especial para atraparlo.

Un aguará guazú sorprendió durante la madrugada a los vecinos de Villa Santa Rosa, en la provincia de Córdoba, al aparecer corriendo por las calles de la localidad. El ejemplar fue detectado por personal policial que realizaba tareas de patrullaje preventivo, lo que desencadenó un operativo conjunto con la Guardia Local y personal municipal para resguardarlo.

Luego intervino personal de la Policía Ambiental de Oncativo, que dispuso su traslado al centro de fauna Tatú Carrera, ubicado en Casa Grande, en el Valle de Punilla. Allí permanecerá en cuarentena hasta que se determine que está en condiciones de regresar a su ambiente natural.

El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) es una especie que llama la atención desde lejos: su silueta es inconfundible. Con sus 40 kilos de peso y 1,5 metros de longitud, es el cánido más grande de Sudamérica. Sus largas patas, que le dan un aspecto desgarbado y único, le permiten alcanzar grandes velocidades en campo abierto. Su pelaje rojizo, su hocico negro y la crin oscura que cubre su cuello y hombros lo hacen inconfundible.

Su nombre proviene del guaraní y significa literalmente "zorro grande", aunque no es un zorro ni un lobo en sentido estricto: es la única especie de su género, sin parientes cercanos dentro de la familia de los cánidos.

El aguará guazú es un animal solitario, sumamente tímido y cauteloso, de hábitos nocturnos o crepusculares. No representa un peligro para las personas. Su dieta es omnívora: come pequeños mamíferos, aves, reptiles, insectos y también frutos silvestres.

El aguará guazú, especie amenazada que inspiró la leyenda del lobizón

El aguará guazú está catalogado a nivel nacional como especie amenazada. Su captura, caza y comercialización se encuentran prohibidas en todo el territorio nacional. La principal amenaza que enfrenta es la destrucción de su hábitat por el avance de la frontera agropecuaria y el crecimiento urbano. Muchos ejemplares también mueren atropellados en rutas y caminos. Tiene presencia en las provincias de Corrientes, Formosa, Chaco, norte de Santa Fe y Córdoba, este de Santiago del Estero y sur de Misiones.

Pero hubo otra amenaza, cultural esta vez, que durante siglos colaboró con su persecución: la leyenda del lobizón. El mayor daño a la supervivencia del aguará guazú desde el punto de vista cultural lo hizo una leyenda que todavía persiste en algunos puntos del ámbito rural. En Argentina, el animal quedó asociado en algunos relatos criollos con la figura del lobizón. La leyenda, de raíces europeas y guaraníes entrelazadas, cuenta que el séptimo hijo varón consecutivo de una familia está destinado a convertirse en lobizón, una criatura mitad hombre y mitad bestia que deambula por los campos durante las noches de luna llena.

El aullido del aguará guazú, sobre todo el que lanza en invierno cuando está en época de cría, le da apariencia de bravura y lo emparenta con los lobos. Esa voz ronca y su silueta extraña en la oscuridad fueron suficientes para que los colonizadores europeos lo convirtieran en el animal detrás de la leyenda, dándole una reputación que no merecía. Esta creencia alentó una percepción negativa en pobladores proclives a este tipo de creencias y durante décadas llevó a que se lo vea como un enemigo.

La leyenda llegó a tener consecuencias sociales concretas: en 1907, el presidente José Figueroa Alcorta instituyó la tradición de ser el padrino del séptimo hijo varón de una familia para desmitificar las creencias en torno al lobizón. El decreto formal llegaría recién en 1973, durante la presidencia de Juan Domingo Perón. La costumbre del padrinazgo presidencial sigue vigente hasta hoy.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas