El clima en Neuquén

icon
24° Temp
26% Hum
La Mañana

Párkinson: la ciencia va lenta pero ayuda a mejorar

No hay cura, aunque un neuroestimulador permite recuperar el control.

El mal de Parkinson genera problemas motrices, tales como temblores, rigidez muscular, trastornos posturales en el equilibrio, dificultad para caminar o pérdida de la expresión facial. La patología aún no tiene una cura, quedando los tratamientos restringidos al alivio de los síntomas. Pero los estudios siguen avanzando y esta evolución genera esperanzas en las personas que lo padecen, quienes, de acuerdo con las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, son unas siete millones en el mundo.

Esta enfermedad ayer tuvo su día mundial, en honor a la fecha de nacimiento de James Parkinson, el médico británico que hace 200 años publicó el libro An Essay on the Shaking Palsy, en el que describió una patología que llamó “parálisis gigante”. Tiempo después, se bautizó a esa patología con el apellido de quien la había descubierto: el mal de Parkinson, un trastorno neurodegenerativo y altamente invalidante que provoca la muerte de células cerebrales que ayudan a controlar el movimiento y la coordinación.

Por la magnitud de su alcance, una terapia eficaz es imperiosa. Por eso cientos de investigaciones científicas se ponen a prueba en búsqueda de una solución definitiva. El primer paso es frenar el deterioro, y a medida que transcurre el tiempo, la respuesta parece estar cada vez más cerca. En este contexto, surgió una de sus alternativas más eficientes: la estimulación cerebral profunda, un tratamiento que consiste en implantar un dispositivo similar al marcapasos en el sistema nervioso. Esto ya devolvió calidad de vida a más de 140.000 personas en todo el mundo. En la Argentina, alrededor de 30 mil pacientes con párkinson podrían beneficiarse con los resultados de esta tecnología dependiendo de la progresión de la enfermedad.

Reconocido por su efectividad en el control de los movimientos anormales, su acción se basa en la capacidad de modificar el funcionamiento del sistema nervioso a través de estímulos eléctricos o químicos. El dispositivo es programado en forma externa por el médico y puede ser manipulado por el paciente dentro de los parámetros establecidos por el especialista.

“Los pacientes que avanzaron con el tratamiento de estimulación cerebral profunda lograron tener mejor calidad de vida y desearían haberlo recibido antes. Hay una tendencia cada vez más fuerte de iniciar la terapia quirúrgica en estadios cada vez más tempranos, antes del deterioro del paciente”, señaló Fabián Piedimonte, neurocirujano y presidente de la Fundación CENIT para la investigación en neurociencias.

Los tratamientos iniciales para el párkinson pueden funcionar bien, aunque luego de un tiempo su efecto se frena y los pacientes pueden experimentar el “deterioro de fin de dosis” y fluctuaciones motoras. También pueden producirse efectos adversos, manifestándose disquinesias -movimientos involuntarios severos- que son invalidantes. En esta instancia, la estimulación cerebral profunda aparece como una nueva posibilidad tanto para el médico como para el paciente.

200 años hace que el británico James Parkinson descubrió esta enfermedad.

Cirugía:Este dispositivo, que es como un marcapasos, se coloca mediante cirugía.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas