Parque Norte: un espacio que florece entre las bardas

Fue creado en los 60 para evitar los deslaves que producía la lluvia.

Por Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

Nació por la necesidad de contener el agua de lluvia que bajaba por las bardas en forma de aluvión y generaba estragos en la ciudad de Neuquén. Eran deslaves de barro incontenibles que se deslizaban a toda velocidad y podían cambiar la geografía urbana de un día para otro.

En los años 60, la capital neuquina todavía no vivía el gran proceso de transformación que tendría décadas después. El pueblo se circunscribía a una decena de manzanas en no más de 20 cuadras a la redonda, con sus calles de tierra y su forestación incipiente que apenas alcanzaba para contener los fuertes vientos que en cada primavera llegaban desde el oeste.

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Las lluvias en ese entonces también eran un dolor de cabeza. Cada vez que se manifestaban con intensidad los neuquinos miraban con preocupación hacia el punto más alto de Neuquén, las bardas, ya que desde allí bajaban improvisados ríos furiosos destruyendo todo.

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¿Cómo contener la arena suelta en aquel sector? La idea nació en 1963 a través de una iniciativa de Reynaldo Pastor Gutiérrez, quien por ese entonces estaba al frente de la Subsecretaría de Asuntos Agrarios de la Provincia del Neuquén. El proyecto parecía simple, pero tenía un costo muy alto: comenzar con la forestación del pie de barda para que los árboles que se plantaran contuvieran la tierra con sus raíces, evitaran los deslizamientos y a la vez absorbieran la mayor cantidad de agua posible.

El proyecto se puso en varias etapas y con el correr de los años un incipiente bosque de pinos –extraño para el paisaje desértico de Neuquén- fue tomando forma y color.

Las últimas gestiones del gobierno municipal se encargaron extender y poner en valor aquella plantación hasta convertirla en un gran circuito en el que se pueden realizar todo tipo de actividades al aire libre por el que circulan diariamente miles de personas.

Visitantes

El Parque Norte comienza a unos 500 metros a la izquierda de la Plaza de las Banderas. Hasta allí los vecinos llegan muchas veces en auto y luego lo recorren, y los que están dispuestos a hacer más actividad salen caminando desde sus casas.

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Llegan personas desde todos los barrios. En las horas pico, que son entre las 8 y las 10 y las 19 y 21, los senderos quedan cada vez más chicos para la cantidad creciente de visitantes.

El recorrido comienza en el Observatorio. Desde allí, un gran cartel explica los tres caminos que hay para recorrer. El circuito 1 tiene 2500 metros, el 2 abarca 1000 y el 3 es el de 1416 metros. Muchos optan por hacer primero el que circunda el parque, que es el más largo, y luego hacer los pequeños por dentro.

Todo el día

Los más fanáticos de la actividad al aire libre suelen llegar con las primeras horas de la mañana, aprovechando la tranquilidad y la frescura del lugar, especialmente durante los meses del verano. Es muy común ver a deportistas entrenando, corredores aficionados o simplemente gente que prefiere la soledad que tiene el parque en ese momento para salir a dar una caminata.

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A media mañana los caminos se van poblando y por el enorme espacio verde se ven personas de todas las edades y hasta familias con niños y mascotas que también salen a hacer ejercicio. La estación saludable que hay en el medio sirve también para realizar actividades físicas con aparatos para fortalecer piernas, brazos y abdominales o, simplemente, para hacer trabajos de elongación.

Estas rutinas se repiten en horas de la tarde (con menos gente debido a las altas temperaturas) y al atardecer y a la noche donde el lugar se convierte en un gran centro de encuentros debido a la enorme cantidad de vecinos que eligen ese horario para la actividad física.

“Venimos siempre con mi marido a caminar un poco por este bosque tan lindo”, asegura Miriam, una jubilada que asegura que es una habitué de Parque Norte. “Es cierto que a veces cuesta arrancar, pero es cuestión de hacerse el hábito”, reconoce su esposo.

Durante el otoño y la primavera el bosque de pinos también convoca a quienes aprovechan los hongos que crecen debajo de las plantas luego de las lluvias. Es muy común ver a muchas personas con pequeños cuchillos cortando las setas tan características que luego utilizarán en alguna receta o dejarán secarlas para su utilización a futuro.

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“Siempre que nos acordamos, venimos con un grupo de amigas porque estos hongos son riquísimos”, sostiene Laura, una mujer que estudia gastronomía y dice que ya es una “especialista” en identificarlos, aunque en realidad, siempre crece la misma variedad comestible debajo de los pinos y no hay riesgo para la salud.

Los senderos están rodeados de mojones que revelan la cantidad de metros recorridos. Y además de estos caminos, hay otros tantos que se meten por el bosque, y que también son elegidos por muchos deportistas.

A lo largo de su extensión, entre senderos demarcados y otros internos, el parque tiene especies que se adaptaron rápidamente a la geografía y el clima neuquino, como los pinos alepo y ponderosa, el aguaribay, el fresno y el eucalipto colorado, que combinan con arbustos como la zampa crespa, el senecio, la autóctona jarilla, la pichana o los chañares.

Parque Norte se afianza y crece todos los años en un lugar que nadie hubiera pensado hace medio siglo. Hoy es un ícono de la ciudad y un espacio que se levanta y florece en medio de las bardas.

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