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Pazuzu Algarad y su "casa del terror": satanismo, marginalidad, crímenes y misterio

Mató personas y animales. Creó un culto. Le pegó hasta a su propia madre. Fue a la cárcel, pero no llegó a juicio. La historia del joven que horrorizó a una pequeña ciudad de Estados Unidos.

El 5 de octubre de 2014, la Policía llegó al 2749 de la calle Knob Hill Drive en la ciudad de Clemmons, Carolina del Norte. Lo primero con lo que los efectivos se encontraron en la casa que venían a allanar fue el dibujo de una calavera en la puerta principal, cerca de una inquietante leyenda, que decía: “La maldad va a triunfar”. También, en la misma madera, había escrito otra cosa en un lenguaje de apariencia árabe. Días después, un traductor revelaría que se trataba de otro sugestivo y oscuro mensaje. Quizás una advertencia: “Esta es la casa de los adoradores del Diablo”.

Sin dejarse intimidar, los oficiales ingresaron. Una esvástica gigante pintada con aerosol en el techo del living les dio la bienvenida a una vivienda derruida y caótica, por no decir apocalíptica. Las paredes repletas de graffitis, inscripciones e imágenes vinculados a lo satánico, lo maligno y lo oculto eran lo de menos. Lo peor era toda la basura desperdigada por todos lados. Y el olor intenso que casi los voltea. A podrido. A orina y excremento. A muerte. Entre las montañas de desperdicios atestadas de moscas que los agentes tuvieron que atravesar, pudieron ver muy bien los cadáveres descompuestos de distintos animales y las manchas sobra tantas superficies de lo que parecía ser sangre seca. Salvo en una sola de todas las habitaciones del domicilio. Un dormitorio con baño en suite que contrastaba con el infierno del resto de ese “hogar”. Como si hubiera sido incrustado ahí desde otra realidad.

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Después de revisar cada uno de los cuartos, los investigadores salieron al patio trasero. Y, por fin, comenzaron a llevar adelante lo que, en última intancia, habían venido a hacer: cavar. Hicieron agujeros en distintos sectores del terreno. Y encontraron lo que estaban buscando. Entre toda la tierra removida, y a pocos metros de profundidad, los restos de dos hombres fueron hallados, tal cual lo indicaban las denuncias que habían recibido. Más que cuerpos ya eran esqueletos. Quienes hubieran sido esas personas habían sido enterradas allí hacía bastante tiempo.

Las autoridades tardarían unos pocos días en identificar a los muertos. Mucho menos se demoraron en hacerlo con los sospechosos de los crímenes. Ese mismo día, dos de los residentes de aquella verdadera “casa del terror” fueron acusados y detenidos. Por un lado, una chica de 24 años llamada Amber Nicole Burch. Por el otro, su pareja. Un joven de 35 años con la cara llena de tatuajes, los dientes limados en punta y una pobre, por no decir nula, higiene personal. Su nombre era Pazuzu Algarad.

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-> De “chico sorete” a “hombre demonio”

John Alexander Lawson nació el 12 de agosto de 1978 en San Francisco, California. Sus padres, muy jóvenes ambos, se separaron al poco tiempo de que John naciera, y Cynthia, su madre, se mudó con él a Clemmons, donde lo criaría por su cuenta.

Sin más familia que su mamá, Johnny pasó una infancia solitaria y triste. Según Carmen Doub, una vecina que lo cuidó en varias oportunidades entre sus 5 y 9 años, era un buen chico, solo que un poco raro. En la temporada 1 de “The Devil You Know”, la miniserie documental de Vice dedicada al protagonista de esta nota, Carmen lo recuerda como un nene muy flaquito y frágil que se disfrazaba de vampiro y al que le encantaban las películas de terror.

Su temperamento, hasta ese momento pacífico, comenzó a cambiar al cumplir los 8. A partir de esa edad, la actitud del niño para con su madre se volvió agresiva y hasta por momentos violenta, al punto de llevarlo a insultarla y golpearla en distintas oportunidades. Preocupada, Cynthia lo internó en una clínica psiquiátrica. “Una vez fui a visitarlo y se me rompió el corazón. Siempre pensé que ese chiquito no debería haber estado ahí nunca. Su madre debería haber estado ahí en realidad. Bebía mucho y salía con muchos hombres, dejando siempre solo a Johnny. El chico creció viendo todo eso. Nadie sabe por lo que pasó en su infancia”, cuenta al respecto Doub.

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Pazuzu Algarad y su madre.

Pazuzu Algarad y su madre.

Más allá de las apreciaciones de su vecina, Lawrence no era solo víctima de un hogar roto; también sufría de distintas enfermedades mentales. Durante la mencionada estadía en el hospital psiquiátrico, el niño fue diagnosticado con agorafobia, ezquizofrenia y cierto grado de psicosis. Condiciones que requerían un tratamiento intensivo, que su madre soltera de clase trabajadora no podía pagar. Así que Johnny volvió a casa para crecer no de la mejor manera, junto a una madre de escasos recursos (no solo económicos) para su crianza y un padre totalmente ausente que, a su 13 años, terminó de abandonarlo del todo.

Los chicos del barrio y de la escuela le gritaban 'chico sorete' cuando lo veían pasar. '¡Chico soreteee!'... No sé por qué, pero olía a excremento humano. Y se le notaba en la cara cómo todo eso le afectaba”, rememora Stephanie Seidel, una vecina suya que lo conoció durante su etapa de formación. Y sus recuerdos, al igual que los de varios residentes de Clemmons y compañeros de escuela, dan cuenta del bullying al cual fue sometido durante toda su adolescencia. Quizás por eso dejó la secundaria. Quizás, también, por todo lo demás.

En casa, las cosas para él no estaban mejor que afuera. Su mamá se había casado con un hombre llamado Johnny James, que se había instalado con ellos y que, ahora, pretendía direccionarlo en la vida. Fue para esa época que el problemático joven le sumó a sus ya delicadas condiciones mentales algo que no ayudaría: el consumo, a muy temprana edad, de alcohol y drogas. Fue entonces cuando se transformó.

“Abandonó la escuela y, cuando reapareció, volvió diciendo que era un brujo”, contó Aaron Matthews, ex compañero y amigo de John, acerca de los inicios del mito en torno a su figura que se generaría con los años en su ciudad natal. Una comunidad híper cristiana y tradicionalista de la que se esforzó por distanciarse lo más que pudiera. “Hizo todo lo que pudo para asustar a la gente del pueblo. Trató siempre de volverlos locos. Decía que sacrificaba animales, que podía controlar el clima, se afiló los dientes y se tatuó toda la cara. Se convirtió en un ícono de la depravación estilo Charles Manson”, señala el periodista y editor del Camel City Dispatch, Chad Nance. Análisis con el que concuerda la directora y productora de la mencionada miniserie de Vice, Patricia Gillespie: “Él no era aceptado. Así que, paso a paso, empezó a hacer cosas cada vez más extremas, como el sacrificio de animales y la construcción de un mito a su alrededor. El hecho de que haya elegido mezclar elementos de Luciferismo y del Islam, dos religiones que son increíblemente discordantes, muestra que lo que quería hacer era reaccionar contra esta comunidad cristiana del post 11 de septiembre. Así que siguió subiendo la apuesta”.

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Pazuzu Algarad.

Pazuzu Algarad.

Para cuando tenía 20 años, un ya descontrolado, alcohólico, drogadicto y (por supuesto) desempleado John Alexander Lawson puso a su madre contra la espada y la pared. Le dijo que eligiera entre él y su marido, el padrastro a quien jamás aceptó y siempre odió. Sumisa y sin capacidad de manejar a su hijo ni la situación, Cynthia se inclinó por la sangre de su sangre. James se marchó y la casa quedó bajo el control total del joven. Rápidamente, pasó a ser el lugar de reunión de decenas de adictos y marginales, que encontraban en John un líder carismático para dar rienda suelta al libertinaje. Una especie de oscuro gurú del submundo que, a sus 24 años, terminó de adoptar su identidad diabólica definitiva. En 2002, se cambió el nombre de manera legal a Pazuzu Illah Algarad, un homenaje al demonio de “El Exorcista”, una de sus películas preferidas desde que se disfrazaba con una capa, se ponía unos colmillos falsos y jugaba a ser vampiro.

“Muchos visitaban su casa porque sabían que era un reino libre. No había reglas, no había nada que estuviera prohibido. Podías mear en la alfombra, romper un televisor, golpear a alguien con una botella de cerveza, tirar cuchillos a las paredes... Nada importaba”, cuenta Dave Adams, uno de los amigos de Pazuzu, habitué de la posteriormente llamada “casa del terror”. “Pasábamos el rato, nos relajábamos y nos drogábamos con heroína de vez en cuando. Tomábamos cantidades descomunales de alcohol, nos cortábamos y, quizás, bebíamos la sangre del algún pájaro o cosas así. La pasábamos bien”, recuerda. Como analiza Nate Anderson, otro de los viejos amigos adictos a la heroína de Algarad: “Él tenía una especie de carisma retorcido, el tipo de carisma que no interpela a todos pero sí a algunos. Hay ciertas mentes que se dejan arrastrar a eso: los inadaptados, los parias, las personas que están viviendo o que quieren vivir al límite”. Y como también concluye el ya mencionado Nance: “Pazuzu era muy hábil para manipular a la gente, para hacer que lo siguieran. Y volvió a todos cómplices”.

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Pazuzu Algarad

Pazuzu Algarad

-> Lo (que se sabe) que pasó

A pesar de la difusión y el interés mediático que tuvo su caso, poco es lo que se sabe a ciencia cierta de Pazuzu Algarad. Como lo indica la primera temporada de “The Devil You Know” y varios de los periodistas que abordaron su historia, distintos acontecimientos de su vida varían según quién los cuente. Eso se debe, en gran parte, a cómo los narraba el propio Pazuzu y al hermetismo que tanto él como su madre mantuvieron una vez que tuvieron que rendir cuentas frente a las autoridades. Las cosas que sí se conocen, justamente, fueron las que lo llevaron ante la justicia y, por ende, a la posteridad.

Después del cambio de nombre, el primer registro oficial que se tiene de Algarad data del 28 de mayo de 2010, cuando fue acusado de ahorcar a su madre hasta que ésta no pudo respirar. Cynthia, quien sobrevivió al ataque, llamó a la Policía y su hijo fue demorado. En la causa, además de la descripción del ataque los oficiales agregaron como dato que el detenido solía llevar a cabo rituales satánicos y sacrificios de animales en la casa que compartía con su madre. El expediente terminó archivándose debido a que ella decidió no presentar cargos.

Sin embargo, el espiral de violencia en la vida de Pazuzu había llegado a su punto máximo un año antes. Solo que esto se supo recién media década después. Algarad y Amber Burch, su novia, se convirtieron en los autores materiales de dos crímenes cometidos en el sótano de la casa del primero. Burch, de 19 años en aquel entonces, no solo era su novia; era también su prometida. Una de tantas. Según muchos de los que lo conocieron, Pazuzu tenía muchas parejas, sobre las cuales ejercía una abusiva influencia. En general adictas, víctimas de abuso en otros ámbitos de sus vidas y/o desencantadas con la sociedad híper tradicionalista en la que les había tocado vivir, varias mujeres cayeron bajo su hechizo y compartieron con él no solo la cama y distintas sustancias, sino también sus excéntricas y oscuras actividades. Pero Amber fue su relación más longeva y quien lo acompañó hasta en todo hasta el final.

En julio de 2009, Pazuzu mató de ocho disparos de escopeta a Joshua Wetzler, un hombre de 37 años que vivió en la casa de su asesino por un tiempo. Se desconoce hasta el día de hoy cómo Wetzler conoció a Algarad, al igual que el móvil de este último en el homicidio. Solo se cuenta con un testimonio de la madre de Pazuzu, quien diez años después del hecho, indicó: “Hasta donde sé, eran amigos. Les gustaba escuchar música y cantar juntos. Él no tenía ningún lugar donde quedarse, así que un día preguntó si podía dormir en el sillón. Yo no tuve ningún problema con eso; me gustaba que John tuviera amigos”. Respecto a por qué su hijo tomó la decisión de acribillarlo, Cynthia dijo: “No sé de dónde vino eso... Honestamente, en verdad creo que no sabía lo que estaba haciendo. No era él mismo en ese momento. Estaba drogado, o borracho, o las dos cosas al mismo tiempo, probablemente”.

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La madre de Pazuzu Algarad.

La madre de Pazuzu Algarad.

Desempleado y con una causa por consumo de drogas que le complicaba encontrar trabajo, al mismo tiempo que divorciado y padre de un hijo, Joshua estaba algo perdido en la vida. Pero, según su ex mujer, no era un adicto, ni un violento, ni muchísimo menos un interesado en lo satánico o el ocultismo como para caer en aquella casa siniestra. No obstante es un hecho que ahí estuvo y que ahí fue donde perdió la vida. Según se supo después, Pazuzu convivió en el sótano con el cadáver de Wetzler por varios días, hasta que resolvió cómo dehacerse del mismo. Llamó a Burch y a Krystal Matlock, otra de sus “prometidas”, y, juntos, enterraron el cuerpo en el patio trasero.

Tres meses después, un segundo crimen tuvo lugar en la “casa del terror de Clemmons”. En esa ocasión, la víctima fue un joven de 26 llamado Tommy Welch. Pero quien apretó el gatillo no fue Algarad, sino Amber.

Los cómos y porqués de este caso son aún más enigmáticos que los del anterior. A diferencia de Joshua, Tommy nunca se hospedó con Pazuzu y compañía. Según su hermano Rusty, él vivía solo en un departamento y el mismo día que desapareció iban a cenar juntos. Pero por alguna razón estuvo antes sentado en el mismo sillón que meses atrás Wetzler había usado como cama, donde Burch terminó matándolo de dos disparos en la cabeza. Alagarad no dudó en “devolverle el favor” a su pareja. Esta vez fue él el cómplice que la ayudó a sepultar el cuerpo de Welch, muy cerca de la tumba sin nombre de su propia víctima.

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Amber Burch en el banquillo.

Amber Burch en el banquillo.

Lejos de sentir arrepentimiento, miedo, vergüenza o cualquier emoción esperable en un ser humano común en esa situación, Pazuzu no tardó en alardear del sangriento raid. Pero tanto era lo que hablaba en general que ya nadie de su entorno tomaba del todo en serio sus palabras. “Se lo contó a todo el mundo, pero nunca le creí. Y estoy segura que tampoco nadie lo hacía. Él se reía cuando hablaba de los cuerpos en el patio, y de por qué había hecho lo que hizo... Yo nunca vi los esqueletos y, honestamente, pensé que estaba mintiendo”, contó Bianca Heath, una amiga que vivió un mes en la casa del criminal, al Huffington Post.

A Pazuzu siempre le gustó la idea de liderar una familia que matara personas”, recordó mucho tiempo después su amigo Nate Anderson, quien también aseguró jamás haber tomado sus dichos como verdaderos. El problema fue que lo mismo pasó cuando los rumores llegaron a oídos de la Policía. Un puñado de efectivos se acercó a la hedionda y perturbadora casa donde yacían dos cadáveres a pocos metros de profundidad. Pero, por lo visto, los efectivos se acercaron solo para cumplir. No solo no encontraron ningún muerto: tampoco se preocuparon por averiguar nada de lo que había pasado en la vivienda ni, mucho menos, por las lamentables condiciones en las que vivían sus ocupantes.

En septiembre de 2010, Pazuzu tuvo otro encuentro con la muerte (ajena), en un hecho, cuando menos, dudoso. Algarad fue imputado por entorpecer una investigación y hospedar al principal sospechoso del asesinato de Joseph Chandler, un joven ciego cuyo cadáver fue encontrado a la vera de un río. Según determinó la Justicia, Chandler falleció debido a un disparo accidental a cargo de Nicholas Rizzi, uno de los amigos que frecuentaba la casa de Pazuzu en esa época. Rizzi fue condenado a un año de prisión, mientras que Algarad solo a cinco de libertad condicional. Previo a su sentencia, Pazuzu fue sometido a una pericia psicológica que arrojó poco de lo que se sabe sobre él de manera oficial. En la misma, volvió a ser diagnosticado con ezquizofrenia y se dejó en actas que había recibido tratamientos parciales cuando tenía 13 y 26 años. También que, según su testimonio, el imputado no se bañaba hacía un año, y que tampoco se lavaba los dientes que había afilado hasta dejarlos en punta hacía más tiempo que ese. Por último, y de acuerdo a su propia declaración, se informó que el acusado practicaba una religión “sumeria” de su propia creación cuyos únicos miembros eran él mismo y Burch, doctrina que “requería un sacrificio animal por mes”.

Si bien nunca más se lo vinculó al fallecimiento de ninguna otra persona, la violencia en su vida cotidiana no paró cuando recuperó la libertad. En agosto de 2011 fue detenido nuevamente, esta vez por atacar a una mujer, y puesto de nuevo en libertad condicional, esta vez por un año. Un mes después, Amber Burch fue demorada por golpear e intentar ahorcar a Cynthia, quien no presentó cargos por tratarse de la novia de su hijo. Tampoco lo había hecho cuando su Johnny casi la mató en mayo del año anterior, ni mucho menos cuando escuchó los disparos que mataron a Joshua Wetzler desde el baño en suite de su dormitorio, el único pedazo de apariencia “normal” de su desmoronado hogar.

Cuando por fin la Policía allanó la vivienda (esta vez, de la manera que era debida) tras una denuncia realizada por un viejo amigo de Pazuzu y Krystal Matlock, la impunidad se terminó. Cinco años tuvieron que pasar para que Algarad y Burch fueran descubiertos y puestos tras las rejas. La mitad de una década para que las familias de Joshua Wetzler y Tommy Welch conocieran el paradero de sus desaparecidos y, finalmente, pudieran llorarlos. Un día después del arresto de la pareja, Matlock también fue detenida. Los tres fueron llevados a la cárcel, donde esperarían su juicio correspondiente. Pero solo dos llegarían a esa instancia.

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Krystal Matlock y Burch.

Krystal Matlock y Burch.

El 28 de octubre de 2015, Pazuzu Illah Algarad fue encontrado muerto en su celda, sobre un charco de su propia sangre. Su cuerpo presentaba un profundo corte en uno de sus brazos, mediante el cual se habría desangrado. Los detalles de su fallecimiento (aparentemente un suicidio) jamás fueron esclarecidos. Las autoridades no dieron a conocer qué fue lo que le provocó la herida, ni cómo tal elemento llegó a estar en su poder. “Nunca vamos a conocer los verdaderos datos sobre su su muerte. Una que nunca debería haber ocurrido”, se lamenta la ya mencionada Gillespie, quien concluye: “El hecho de que este tipo se muriera y que la conferencia de prensa que dieron fuera tan vaga... Eso es lo que más miedo me da. Para mí, ese es el verdadero horror ”.

Finalmente, en 2017, Amber Burch y Krystal Matlock fueron condenadas. La primera, a cumplir un mínimo de 30 años de cárcel y un máximo de 39, luego de declararse culpable por el asesinato en segundo grado de Tommy Welch. La segunda, a un mínimo de tres años y dos meses de prisión y un máximo de cuatro años y diez meses, por declararse culpable de conspiración y encubrimiento del asesinato en primer grado de Joshua Wetzler. Ambas pidieron disculpas y se mostraron arrepentidas de sus acciones.

La “casa del terror de Clemmons” fue declarada inhabitable por las autoridades locales y posteriormente demolida, luego de que la mamá de Pazuzu Algarad desapareciera de su comunidad tras del arresto de su hijo. Jamás reclamó la propiedad de la vivienda. Años después, en la única entrevista que concedió hasta la fecha, Cynthia recibió en su nuevo hogar a la ex mujer de Wetzler. Una casa limpia y bien decorada llena de fotos de Pazuzu, a quien nunca dejó de querer. “Una tiene que acordarse de las cosas buenas y bloquear todas las malas. Él no era un ángel, pero tampoco era una mala persona o el monstruo que la gente decía que era”, le aseguró. A pesar de todo, no dejaba de ser su bebé. Y lo extraña todos los días. Igual que las familias de quienes estuvieron enterrados en su antiguo patio trasero siguen extrañando a los suyos.

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