Pechi se lleva su marca registrada

En buena medida, ya había ocurrido. Horacio Quiroga, Pechi, el cuatro veces intendente de la capital, el hombre que le cambió la cara a Neuquén y la proyectó hacia el futuro, se había llevado la marca, su sello personal, esa forma de hacer política y representar a un amplio sector del electorado en los últimos 20 años, el día de la última elección municipal.

Los meses y hasta los años previos habían tenido algo de cuenta regresiva, toda vez que ya se sabía que el intendente no iba a poder aspirar a un nuevo mandato. En ese contexto, su sucesión había tomado la forma de un conglomerado de nombres, algunos fomentados por él, que tenían el atributo de no discutir su liderazgo y postergar las definiciones sobre las candidaturas hasta el paroxismo. Tanto tardó en llegar la definición de quién sería “su hombre” para la ciudad, que en buena medida fue un factor clave en el resultado electoral.

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Esto, ante la magnitud de la vida o la muerte, es casi una apostilla o una nota al pie, pero de todos modos define centralmente parte de su relación con el poder.

Quiroga fue parte de esa clase de políticos que abundan cada vez menos: aquellos que con aciertos y errores le entregan el cuerpo a lo que hacen. Ahora, fatalmente, se conoce lo grave que era su estado de salud. Es una postal que contrasta con la foto de él mismo hace cinco días arengando a dos mil personas en el centro de la capital, abriendo el acto del Presidente en el monumento al general San Martín, ese punto que tantas veces habrá espiado desde la ventana de su oficina en el segundo piso de la Municipalidad, y en el que habrá discutido como solía hacerlo con los que se pasaban de vivos con la crítica.

Esa centralidad suya, esa necesidad de sostener la sartén por el mango, es parte del sello de origen que se va con él. Uno que ahora también plantea interrogantes sobre el futuro de un espacio político que interpretó y generó a un tiempo la identidad de un sector de la sociedad neuquina que encontró en él una alternativa al omnipresente MPN, con el que Quiroga también tuvo históricamente vasos comunicantes.

El quiroguismo sin Quiroga es un espacio repleto de desafíos, con la necesidad de construir liderazgos urgentes y con una elección a la vuelta de la esquina. Puede sonar cruel, a pocas horas de una pérdida de magnitud como es la de Pechi. Pero no deja de ser cierto. Lo otro, es decir, los 20 años anteriores con su impronta, ya son y serán centrales para entender la historia política de Neuquén y su vínculo con el resto del país.

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