Periodistas con camisetas

Los fanatismos y excesos no suelen ser buenos consejeros. Y menos en comunicadores sociales que deben manejarse con equilibrio y objetividad. Sin embargo, los análisis periodísticos se ven cada vez más condicionados por la simpatía o el rechazo hacia un determinado equipo o entrenador, y carecen de imparcialidad.

En épocas en que la rivalidad entre River y Boca alcanzó su pico máximo, por las contingencias deportivas, las discusiones y peleas estériles entre los que cubren a los dos colosos se tornaron insoportables para la audiencia, sobre todo para los neutrales. Todos queriendo llevar agua para su molino y acomodando el discurso en beneficio de “su equipo”, como si más que un periodista independiente se tratara de un dirigente o vocero de determinada entidad.

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Varios que cubren a los equipos grandes parecen voceros. Además, se fanatizan con ciertos DT.

Y el resto de los cronistas que siguen el acontecer de otros clubes importantes de nuestro fútbol no se quedan atrás. Una situación similar se da con los entrenadores. Están los periodistas “bielsistas”, “guardiolistas”, “simeonistas”, “gallardistas” y los detractores. Los que los endiosan demasiado y los que no les reconocen ningún mérito. En las últimas horas, la nueva desilusión del Loco alimentó el fuego cruzado entre los defensores de ambas corrientes.

Cuando eso sucede, cualquier concepto o comentario se desvirtúa y pierde credibilidad, acaso la virtud más añorada por quien se precia de ser periodista.

Bielsa, por ir al caso reciente, no es ni el mejor ni el peor. Amado por la mayoría de sus ex dirigidos, demostró capacidad, pasión y una idea con la que intentó revolucionar el juego. A veces lo logró y muchas otras no, pues es falible y vulnerable como todos. Los que tampoco ganan con conductas así son muchos colegas.

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