"Pienso que la ciudad va a ser la gran capital del sur"

Matilde Salcedo Facal heredó de su padre el primer registro notarial de la ciudad. Aún hoy, continúa ejerciendo la profesión a sus 84 años. Devota de las letras, ya tiene varios libros impresos de poesía y cursa un taller literario.

“Mati” Salcedo Facal -como le decían- empezó a escribir poesía cuando tenía 9 años, alentada por una profesora de Lengua, Blanquita Chaneton, también de una familia pionera neuquina. De más chica, se la pasaba leyendo y escribiendo. “Me escondía para hacerlo porque no quería molestar. Y también porque quería mis momentos de soledad para poder concentrarme, entonces me quedaba en los rincones donde todavía había luz y mi papá se preocupaba de que me fuera a hacer mal a la vista”, recuerda Matilde Salcedo Facal. Será por eso que lo que más ama esta escribana y abogada de 84 años -aún hoy en funciones-, es redactar las escrituras: “Les doy una vuelta de tuerca, un toque personal”, ríe Mati.

Sobre Avenida Argentina esquina Elordi, la Escribanía Salcedo Facal es el primer registro notarial que tuvo la ciudad de Neuquén. “Mi padre, Máximo Salcedo, vino en 1927 desde ciudad de Buenos Aires, en esa época mandaban a muchos profesionales al sur. Al principio ejerció como secretario del tribunal donde estaba el juez Juan Julián Lastra, y luego en 1930, ya le dieron el Registro N°1 para la escribanía”. En un primer momento –cuenta Mati- su padre había emplazado la escribanía en Roca y San Juan, (hoy Irigoyen). Pero en 1976, Salcedo se mudó a la oficina de la avenida donde todavía hoy funciona. Al lugar se entra por una pequeña puerta y una escalera angosta. Y una vez en el palier, ya se pueden vislumbrar cómo conviven en armonía, elementos de distintas épocas. Todavía hay máquinas de escribir que se hayan incólumes sobre las mesas, quién sabe si alguien las escribe, pero allí están, como testimonio de horas de trabajo. De las paredes cuelgan las fotos sepia de los antepasados de Mati, y en las vastas bibliotecas, hay tomos lomo negro de leyes. Ahora los espacios están restaurados al estilo moderno y se agregan divisiones de vidrio sobre los escritorios antiguos, con tal de frenar los efectos del contagio por coronavirus.

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Mati cuenta que ella y sus tres hermanas, Luli, Dolly y Emi (ella es la segunda), nacieron en la casa de la Avenida Argentina donde hoy se encuentra La Galería del Alto, o el Patio de Franz. “Allí teníamos un lindo patio, pero nosotras nos juntábamos a jugar en la plazoleta donde está el monolito”, comenta. La infancia, además de los libros, fue estudiar en la Escuela N°2 y recrear en los clubes Pacífico e Independiente. “Después, de más grandes con mis hermanas íbamos a los asaltos que eran en las casas de familia, tocaban el acordeón, bailábamos, era un ambiente muy lindo”, explica. Pero lo que más recuerda era el azote del viento neuquino, cuyos silbidos rebotaban en las bardas. “Mi mamá, Emma Maggio, había venido de Buenos Aires cuando se casó con mi padre, y ella sufría mucho el desarraigo: este lugar era terriblemente solitario comparado con la capital, acá soplaban unos vientos pavorosos y hasta a veces tenían que salir con antiparras”, explica según lo que le contaron.

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Mati Salcedo Facal, 58 años ejerciendo la Escribanía en la ciudad.

Mati Salcedo Facal, 58 años ejerciendo la Escribanía en la ciudad.

A los 17 Mati se decidió por seguir los pasos de su padre, de quien ya estaba aprendiendo en el estudio, por eso se fue a La Plata a formarse en escribanía y luego en abogacía. Las materias de la carrera de Derecho las cursaba de manera libre, iba a rendir desde acá. “Me subía al tren en donde antes estaba el Parque Central y viajaba por 30 horas”, repasa Matilde. Así se recibió llegado el 1962 y fue tomada como adscripta en la escribanía Salcedo. Nunca paró hasta hoy. En el medio tuvo a sus cuatro hijos y además fue profesora en el colegio San Martín.

A punto de jubilarse, Matilde dejará el registro a dos personas con las que viene trabajando. “Me gusta hablar con la gente, aconsejarla, como me enseñó mi padre. Tenemos muchas consultas previas a las escrituras, supongo que por la relación de tantos años de confianza con el pueblo neuquino. Por eso me resulta difícil dejarlo”, dice nostálgica. Y es entendible, no es sólo una vida oyendo historias, sino también una familia entera que se forjó en esos pasillos. Sin ir más lejos, Hugo Edgardo Facal, su marido, abogado de 95 años, tiene su oficina pegadita a la de Matilde y también aparece de vez en cuando por las instalaciones.

“Me gusta hablar con la gente, aconsejarla, como me enseñó mi padre. Tenemos muchas consultas previas a las escrituras, supongo que por la relación de tantos años de confianza con el pueblo neuquino. Por eso me resulta difícil dejarlo”.

“La Neuquén que yo deseo es una que debe seguir progresando, pero no sólo en cemento, sino, en oportunidades para las personas, en el aspecto cultural, educativo y sanitario; donde no haya miseria y los valores morales vuelvan a coexistir”, finaliza la reconocida vecina.

Esta nota es parte del suplemento aniversario de Neuquén que se publicó este sábado junto con la edición del diario.

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