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Pino Guacho: un símbolo del senderismo en Huinganco

También es cuna de grandes obreros forestales que implantaron los bosques de la zona

Entre bosques implantados de pino murrayana, vegetaciones autóctonas achaparradas y ejemplares aislados de cipreses milenarios, dentro del paraje Rahueco y sobre la cima del cerro La Premia se alza orgulloso y altivo el famoso Pino Guacho, símbolo del senderismo de Huinganco. Todos lo quieren conocer y llevarse una postal parados a los pies de este ejemplar que fue plantado en los albores de la década del 70 del siglo pasado casi por casualidad. El pino es protagonista de una historia curiosa que envuelve a dos obreros forestales pioneros que caminaron juntos a la par siendo partícipes del milagro de la transformación económica y social de un pueblo que hoy se lo conoce como el Jardín del Neuquén.

Hoy, Valentín Antonio “Tolín” Barrera, con la autoridad que le otorgan sus 71 años de edad y más de la mitad de su existencia como trabajador forestal, sostiene que el conocido como Pino Guacho fue plantado por su compañero de cuadrilla, Juan Carlos Contreras.

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“Nosotros siempre estábamos saliendo a forestar a todos los lugares de la cordillera. Plantábamos pinos y estábamos en ese tiempo forestando en La Pampa en Rahueco arriba. Las plantas las llevábamos en un mular y sobre la montura poníamos los cajones”, señala.

Contó que en cierta oportunidad estaban en ese lugar con Rogelio Figueroa (el alma páter de la transformación de Huinganco llevando como bandera la forestación) y en medio de una conversación laboral le encomienda a Contreras una misión de exploración en las alturas. “Usted vaya hasta la Helvetia (una mina de oro) y eche una mirada por el faldeo para ver si podemos sacar agua de ahí para bajarla hasta La Pampa”, cuenta Tolín que le dijo a su compañero.

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Siguiendo la orden de Figueroa, Contreras partió con rumbo al cerro La Premia y como siempre fiel a su lado iba Tolín. Juntos emprendieron la huella para cumplir la misión. “Salimos con don Carlos a trabajar arriba y llegamos con las plantas a La Pampa. Yo salí con un par de pinos y él salió con otros pinos en la mano y se fue caminando por el faldeo del Rahueco hasta la Helvetia. Esos pinos eran para experimentar si producían en esos lugares. Los míos los planté a mitad de camino en agujeros con tierra que habían en las piedras. Al rato regresa don Carlos y me dice: planté un pino en la punta del cerro para ver si se da. A los años siempre me decía: ves al pino como está creciendo. Nosotros no lo veíamos al principio porque no sabíamos justamente donde era el lugar donde lo había plantado”, cuenta. Asegura, además, que “el Pino Guacho lo plantó don Carlos y yo soy testigo porque fui con él nada más que llegué a mitad de camino. Ese día fuimos a experimentar con la plantación de pinos”. Recuerda también que “en aquellos años era muy sacrificado subir a pie hasta la Helvetia, pero don Carlos ya estaba acostumbrado a andar en las alturas. Era ayudante y hombre de confianza de don Rogelio y siempre salía a investigar los lugares para ver si se podía subir con las plantas”.

Juan Carlos Contreras nació el 3 de octubre del año 1950. Ya a los 20 años entró a trabajar al vivero provincial de Huinganco. Fue uno de los iniciadores de la forestación en esta localidad en aquellos años en los cuales era toda una historia de vida trabajar en los viveros debido al sufrimiento y grandes labores que debían cumplir con los medios que estaban a su alcance. Los obreros forestales no sólo forestaron en la zona sino que armaban campañas por varios días y se dirigían a forestar a lugares más alejados como Las Ovejas, Varvarco y las Lagunas de Epulauquen entre otros. “Mi papá en particular siempre se acordaba del pino que habían puesto pero él lo referenciaba no en particular sino como grupo de trabajo. No se tomaba los trabajos en particular, él siempre hacía alusión a sus cuadrillas de trabajo”, expresó con humildad Claudio, el hijo único de don Carlos Contreras. Contó, además, que hay otra historia que la relacionan con su padre. “Puntualmente en el cerro San Pedro, hay un pino dentro de una barda partida. La barda se abrió en V y hay un pino bastante grande que está dentro de la barda, siempre me dijeron que había sido mi viejo el que lo había puesto ahí”.

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Huinganco fue creciendo y se fue adaptando a los nuevos tiempos. Hasta la década del ´90 pasada el Pino Guacho era solo un punto más del lugar. Fue recién después del año 2000 cuando la localidad se empezó a volcar más a todo lo que es el turismo. Es allí donde se empieza a poner en relevancia estos puntos estratégicos del pueblo como el Cerro San Pedro, la caminata a la laguna o la cumbre del Cerro La Corona. “Así comienza a surgir la historia del pino y empieza a convertirse de a poco y hasta el día de hoy en un ícono para el tema del trabajo del turismo en la localidad. Este proceso fue acompañado por el municipio con una fuerte planificación y promoción, y jerarquizado más tarde con la declaración de la Legislatura neuquina ponderando a Huinganco como capital provincial del senderismo de montaña. Hoy forma parte de los más de 15 senderos que están relevados y es un honor recibir y acompañar a los visitantes y turistas en el maravilloso ascenso hasta el mítico Pino Guacho”, señaló Marité Soto, guía de turismo y asesora del área en el municipio de Huinganco.

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