Pintó el horror de la dictadura en pleno centro de la ciudad

Antonio Ortega Castellano, en 1984, con el artista plástico Eduardo Carnero, realizó un mural de gran tamaño en la esquina de Avenida Argentina y Alderete.

Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar

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Por su temática, la emblemática obra fue cuestionada y su realización interrumpida. Una vez terminada, fue atacada. En 1995 obtuvo el Primer Premio Nacional de Dibujo, el más alto galardón del país concedido por el Ministerio de Cultura de la Nación.

Es coautor de una pintura emblemática, no solo por haberse convertido en el primer mural de gran tamaño de la ciudad sino también por lo que representa acerca de la historia más dolorosa que vivió la región y el país durante la dictadura militar. Una obra que ha sido vista por todos, apreciada y valorada por muchos, rechazada por unos pocos (los intolerables de siempre). Antonio Ortega Castellano y Eduardo Carnero son los artistas que, un año después del retorno de la democracia, decidieron poner manos a la obra y pintar el mural de la Avenida Argentina y Alderete, precisamente en la ochava del Hotel Comahue.

Hoy, a los 62 años y con una vida alejada de las artes plásticas que en plena crisis de 2001 lo llevó a buscar mejores horizontes en España, Ortega Castellano visitó por unos pocos días la ciudad de Neuquén -a la que no transitaba desde hacía diez años- y volvió a esa esquina para fotografiarse con una obra que lo marcó para siempre.

“Este mural representa mucho en mi vida personal y artística porque mi pintura era política aunque después la derivé para otros lados, pero marcaba la época de la resistencia”, explica este hombre nacido en el barrio porteño de Caballito, que en los años 70 llegó a Neuquén por razones de trabajo de su padre, lugar donde desarrolló una destacada labor artística.

Este mural representa mucho en mi vida personal y artística porque mi pintura estaba marcada por lo político, por la resistencia

En las imágenes del mural aparecen símbolos y rostros de protagonistas de la dictadura militar, un mapuche, un soldado, una mujer, calaveras sobre un gorro arzobispal, una pala que va tapando la historia de desapariciones y muertes. El artista cuenta que la obra se concretó a partir de la convocatoria a un concurso para muralistas organizado por la secretaría de Cultura del Municipio que por ese entonces encabezaba Jorge Sobisch. “Creo que ganamos porque fuimos los únicos que nos presentamos”, dice con una sonrisa.

Luego de la presentación de los bocetos a la Municipalidad y al sindicato de Luz y Fuerza, que pertenecía a la empresa del hotel, comenzaron los problemas. “Cuando los del sindicato y del hotel vieron la temática que trataba el mural y el tamaño que iba a tener, no quisieron que continuemos. Gracias a la intervención de Hilda López, que era la secretaria de Cultura del Municipio, y del mismo Sobisch, que se opusieron a que se interrumpiera la obra. No solo tenía problemas el sindicato sino también los militares", explica. Recuerda haber visto al general Domingo Trimarco, que fue el gobernador interventor de Neuquén durante la dictadura, "sacando fotos él mismo mientras trabajábamos en el mural”.

Antonio Castellano- Mural Hotel del comahue (3).JPG

Para el artista, que vivió más de una década en Chiclana de la Frontera, una ciudad española de la provincia de Cádiz, el mural tiene un valor artístico y testimonial. "Esa esquina posee una identidad que refleja lo que fue la dictadura, uno puede estar a favor o no de la temática, pero forma parte de la ciudad y creo que tendría que declararse patrimonio histórico”.

Mientras contempla el mural, que fue hecho durante algo más de un mes, se pregunta si los jóvenes neuquinos saben lo que transmiten las imágenes. Para la realización del mural, Ortega Castellano cuenta que utilizaron pintura de coche. "Sabíamos que no le iban a dar ninguna capa protectora y era la única manera de que durara tantos años", explica.

Comenta que cada mañana cuando llegaban a la esquina para continuar con la pintura del mural notaban que les habían desajustado los andamios. "Y una vez finalizado, fue atacado con manchas de pintura por personas desconocidas. A la semana que lo terminamos aparecieron unas manchas. No me quedan dudas de que fueron los militares", agrega. Sin embargo, con Eduardo decidieron no sacar esas manchas porque "entendíamos que esas manchas dan testimonio de lo que había causado la siniestra dictadura en la ciudad". "Si se restaura, me gustaría que esas manchas quedarán. Creo que Eduardo opinaría lo mismo", expresa.

Cuando en 2001 se instaló en España, se alejó por completo de la pintura y aún ese silencio perdura. “Hubo algunas situaciones que me llevaron, me la pasaba sufriendo, y si el arte no se disfruta, no vale la pena", asegura. Sin embargo, estos días en Neuquén lo llevaron a recordar esos años de plena creación. Y sobre todo con aquella obra emblemática.

Un proyecto para restaurarlo

En estos días de visita a la ciudad, a Antonio Ortega Castellano le propusieron realizar la restauración del mural de Avenida Argentina y Alderete, como así también una muestra retrospectiva de su obra artística. Afirmó que la propuesta que lleva adelante la periodista Hilda López lo entusiasmó.

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