Plegaria para pasar de los consensos a los hechos

Al menos en los discursos, buena parte del arco político nacional sabe de la enorme oportunidad para el país del shale neuquino.

POR FERNANDO CASTRO - fcastro@lmneuquen.com.ar

No hubo una foto oficial. Pero tampoco nada estuvo librado al azar. El presidente Mauricio Macri y su candidato a vice, Miguel Pichetto, estuvieron al mismo tiempo en Neuquén. ero no se mostraron juntos. Sin embargo, eligieron esa caja propaladora de buenas noticias económicas que sigue resistiendo los embates de la macroeconomía, llamada Vaca Muerta, para marcar parte de la agenda del futuro. También hizo lo propio Gustavo Lopetegui, a quien, apenas asumido en funciones, le tocó cambiar las reglas de juego para el gas de Vaca Muerta (no sin el pedido del Fondo Monetario Internacional), algo que trajo la novedad no deseada de un reclamo judicial del grupo Techint.

El candidato del kirchnerismo, Alberto Fernández, no estuvo en el Precoloquio de IDEA, pero sí pasó por Neuquén uno de sus principales asesores, Guillermo Nielsen, que de hecho se enredó en un entuerto dialéctico con Lopetegui acerca de qué es y qué no es el capitalismo. Al margen de eso, casi que prometió un proyecto de ley para establecer políticas de Estado que estimulen el desarrollo del shale, quizás en un intento de emular todo aquello que podría sentarle bien a un auditorio con representación de toda la industria. En buena medida, esos contrapuntos, esos posicionamientos, podrían tomarse como botón de muestra de lo que vendrá.

Al parecer, al menos es lo que puede leerse hoy, los consensos acerca de la oportunidad histórica, con mayor o menor grado de conocimiento según quién hable, están, son una instantánea de este momento. Nadie, pareciera, quiere volver a la sangría de los 15 mil millones de dólares anuales en compra de energía al exterior, una de las variables centrales que empujaron el dólar (aunque no la única) durante la última década.

Los dos últimos años, al margen de los resultados electorales, dan una muestra y un contexto de qué es malo y qué es bueno, por fuera de las variables económicas. Un ministro de Energía o de Economía podría deshacerse en promesas de exenciones impositivas, en quiméricas rebajas de regalías y cruentas reformas laborales. Sin embargo, acaso el canto de sirena más tranquilizador a la hora de asegurar inversiones debiera pasar una razonable autocrítica y sostener acuerdos y consensos. Es decir, una profunda mirada hacia adentro para después establecer las reglas de juego hacia afuera.

Lo que sucedió en el Precoloquio de IDEA puede ser un gran punto de partida. No se habló tanto de eso, pero en el coqueto escenario del Casino Magic por tramos del día podía leerse “a los hechos”. Es la razonable propuesta. Hacer las cosas que hay que hacer. Entre ellas, no espantar inversiones con cisnes negros (no ya conejos) saliendo de la galera.

Lo dicho en este espacio: en medio de la crisis económica, el año pasado ingresaron a Neuquén 5000 millones de dólares en inversión.

El desafío crucial del país pasa por no desaprovechar, como tantas otras veces, una oportunidad descomunal. El mapa de América Latina ofrece imágenes similares. Países con un enorme potencial energético que, sin embargo, con sus matices, están presos de sus propias crisis políticas y corsets económicos.

Está claro que todos están dentro de una suerte de carrera. La de quién puede salir con sus propios recursos a ganar mercados en el exterior.

En Argentina, ese plazo tiene un componente determinante en los tiempos electorales. Es parte de la diferencia central entre un país que ofrece garantías para explotar su enorme potencial y otro que no las ofrece. Y acaso es una primera lección para comenzar a entender.

Ahí hay un primer desafío. El de no comenzar a borrar con el codo lo que se dice desde arriba de un escenario. Y hacerse cargo de hacer las cosas.

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