Pasos clandestinos: cómo sortean la frontera y por qué alarman a Chile y a la Justicia argentina
Detectaron más de 20 pasos no convencionales, el principal riesgo no es solo el contrabando, sino la facilidad con que se trasladan armas, drogas y personas.
En una serie de recorridas recientes por la frontera cordillerana, funcionarios del Ministerio Público Fiscal provincial y equipos federales detectaron numerosos pasos clandestinos en las zonas de Villa Pehuenia y Pino Hachado, un área donde la frontera entre la Argentina y Chile puede sortearse con sorprendente facilidad. Las patrullas se realizaron junto a agentes de Gendarmería, Aduana y fuerzas provinciales, y permitieron constatar la magnitud del problema: más de 20 cruces no oficiales que se utilizan para tráfico, contrabando y desplazamiento de personas prófugas.
El fiscal federal Fernando Arrigo, quien participó de las inspecciones, explicó que se trata de “una extensión bastante importante” y que en muchos puntos la frontera “se puede pasar en auto, incluso en vehículos comunes, sin necesidad de una 4x4”. La situación preocupa a ambos países: Chile teme el ingreso de armas desde el lado argentino, mientras que en Neuquén y otras provincias patagónicas el foco está puesto en el tráfico de drogas, el contrabando de productos y el desplazamiento de personas buscadas por la justicia.
El fiscal detalló que las modalidades de cruce son múltiples y cambiantes. Algunos pasos permiten el tránsito vehicular, otros son caminos de montaña aptos para caballos o incluso para cruzar caminando. “Hay lugares donde las huellas se superponen; no se pueden contar porque pasan de Argentina hacia Chile constantemente”, relató Arrigo en declaraciones con Canal 7 Noticias.
Los cruces se realizan mayormente de noche, aprovechando la oscuridad y las condiciones del terreno. “Se desactivan las luces de los autos, incluso la de stop, y utilizan la luz de la luna para orientarse”, señaló el funcionario. En la práctica, las bandas esperan las noches de luna llena para organizar los movimientos, lo que demuestra un nivel de planificación mayor al que suele suponerse.
Del lado chileno, según relataron agentes de Gendarmería, algunos grupos delictivos utilizan drones y sensores térmicos para detectar la presencia de patrullas y evitar ser descubiertos. Esa tecnología les permite identificar movimientos humanos o vehículos y decidir el momento exacto para cruzar. “Si usted está traficando cubiertas o remedios, no invierte en drones; pero si trafica armas o drogas en cantidad, comprar uno no es descabellado”, explicó Arrigo.
Además, se registraron maniobras para ocultar cargas metálicas dentro de otras piezas similares, con el objetivo de eludir los escáneres aduaneros. En Pino Hachado, por ejemplo, un equipo de gran porte se encuentra fuera de servicio “por falta de base operativa”, lo que limita la capacidad de control de camiones y vehículos pesados.
Fernando Arrigo y José Gerez.
Qué se trafica y quiénes lo hacen
Los informes de Gendarmería y Aduana coinciden en que los pasos son utilizados por personas prófugas, contrabandistas y redes dedicadas al tráfico de drogas y armas. En algunos casos, también se detectó el paso de insumos veterinarios que son producidos en la Argentina y resultan costosos en Chile, lo que genera un flujo comercial paralelo difícil de rastrear.
“Del lado chileno hay mucha preocupación por las armas. Nosotros estamos más atentos a las drogas, pero ellos insisten en que el tráfico de armamento argentino hacia su país está creciendo”, afirmó el fiscal. Recordó que recientemente se secuestraron armas robadas en la provincia de Neuquén y que, aunque no coincidían con las halladas en Chile, el patrón de circulación es similar.
La fiscalía también sospecha la existencia de pequeñas redes locales que cobran “peajes” para abrir tranqueras o permitir el paso por ciertos sectores rurales. “En algunos lugares hay presencia humana permanente y no se puede descartar convivencia o colaboración con quienes cruzan”, advirtió Arrigo.
Una frontera extensa y un desafío binacional
La situación obliga a coordinar esfuerzos entre el Ministerio Público Fiscal Federal, la Fiscalía provincial, la Aduana, Gendarmería y sus pares del otro lado de la cordillera. “Es un gran desafío. La única forma de enfrentar esto es con trabajo en equipo y con información compartida entre ambos ministerios públicos”, aseguró Arrigo, quien destacó el compromiso de su par provincial, José Gerez, en la articulación de tareas.
Las autoridades chilenas, por su parte, manifestaron su inquietud por la creciente detección de pasos ilegales en la región de La Araucanía y su correlato del lado neuquino. Desde ese país se identificaron más de 20 rutas no convencionales y se reforzaron controles en zonas boscosas y mallines.
El objetivo conjunto es consolidar un intercambio de información en tiempo real que permita anticipar movimientos y desmantelar redes antes de que crucen la frontera. Sin embargo, el desafío principal sigue siendo la extensión del terreno: cientos de kilómetros de montaña, bosques y senderos rurales que funcionan como corredores invisibles.
El relevamiento dejó en evidencia la vulnerabilidad de una frontera que, en muchos tramos, puede atravesarse sin control alguno. Los pasos clandestinos se han convertido en un punto de conexión fluida para el contrabando, el narcotráfico y la fuga de personas, aprovechando la falta de infraestructura y la complejidad del terreno.
“La frontera no se puede cubrir por completo, pero sí podemos fortalecer la investigación, mejorar la tecnología y coordinar con nuestros colegas de Chile para reducir el riesgo”, concluyó Arrigo.
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