Tres minutos de video resolvieron el caso homicidio en "exceso" de legítima defensa del barrio Islas Malvinas
La prueba fílmica recuperada por la Brigada de Investigaciones fue clave. El condenado recuperó su libertad tras demostrarse la agresión y el robo de la víctima.
Una secuencia de poco más de tres minutos terminó siendo la prueba clave para reconstruir qué ocurrió durante la madrugada del 1 de mayo en el barrio Islas Malvinas y por qué la Justicia concluyó que el homicidio de Nicolás Cifuentes ocurrió en un contexto de legítima defensa, aunque con un exceso en la respuesta.
Las imágenes captadas por cámaras de seguridad privadas y domos policiales fueron determinantes para desarmar la primera versión que había trascendido públicamente sobre el caso. Luego del hecho, la familia de Cifuentes sostuvo que había sido víctima de una "provocación" y había sido apuñalado en medio de una "pelea", llegando a asegurar que el acusado era un hombre con gran experiencia en el uso de armas.
El registro fílmico permitió reconstruir, segundo a segundo, la agresión que precedió a la puñalada mortal, siendo uno de los principales elementos que llevó a la fiscalía a acordar una condena de dos años de prisión en suspenso para el joven acusado, quien recuperó la libertad este martes tras permanecer casi un mes detenido.
Por su parte, el resultado estuvo en línea con la defensa que hicieron los amigos del joven condenado, que habían solicitado su libertad. Tanto, un chofer de Uber como un excompañero de trabajo, indicaron que cuando vieron que lo estaban acusando de matar a un hombre, no dudaron un segundo en su inocencia.
“Si reaccionó así, es por el abuso que recibió de ese hombre”, indicaron y agregaron: "Me pone mal, no tiene que estar pasando, ni siquiera es de esas personas que miran mal, por eso me duele, y que ese hombre, teniendo una criatura en camino, es capaz de abusar de Lucas".
Los tres minutos que esclarecieron el caso de homicidio
La secuencia que quedó grabada comienza alrededor de las 3:04 de la madrugada en calle Antártida Argentina al 1900, casi intersección con Facundo Quiroga. Circunstancias en las que Nicolás Cifuentes se encontraba afuera de su domicilio en la vía pública junto a su pareja Marilyn del Oro.
En las imágenes se observa a un joven de poco más de 1.40 de altura caminando solo por la calle. Cabe destacar que un gran trabajo de la Brigada de Investigaciones permitió identificar que se dirigía rumbo a su casa en el barrio Gregorio Álvarez luego de haber salido de trabajar en La Casa de las Hamburguesas, ubicada en pleno centro.
Por su parte, del otro lado de la calle, Cifuentes, comenzó a silbarle e insultarlo, llamándole la atención, manifestándole textualmente "gil de mierda" y a perseguirlo a pie aproximadamente 50 metros hasta llegar a la intersección de Quiroga. Por detrás, lo seguía la mujer con una gran panza de embarazada.
Lejos de responder, el joven continúa caminando. Sin embargo, Cifuentes decidió alcanzarlo aunque su pareja intentaba detener la agresión.
"Nico, basta, pará, vamos a casa", se escucha decirle y luego "Dejalo en paz, no lo conocés", insiste. La persecución continúa fuera del alcance de esa primera cámara, pero otra grabación retoma la secuencia metros más adelante.
Allí, en esa cámara que apunta hacia la calle Quiroga, pudo observarse cómo Cifuentes alcanza al joven, lo golpea y lo derriba para hacerlo caer en el suelo.
Según la reconstrucción de la fiscalía, la agresión continuó mientras el joven continuaba tirado. En ese contexto también le sustrajo algunas pertenencias personales, entre ellas su teléfono celular. Los registros de audio captaron nuevamente los pedidos desesperados de Marilyn para que detuviera la golpiza. Además, los ladridos de los perros que estuvieron de fondo durante toda la secuencia comenzaron a tronar desesperados.
La puñalada y el final de la agresión
Mientras era golpeado por segunda vez en el piso, el joven extrajo una navaja y asestó una única puñalada en el tórax de Cifuentes. La lesión perforó el pericardio y el ventrículo izquierdo del corazón, provocando un taponamiento cardíaco que terminó causándole la muerte.
A las 3:07, apenas tres minutos después del inicio de la secuencia, las cámaras vuelven a registrar a Cifuentes caminando en dirección a su vivienda pero ya no se lo escucha desafiante.
"Me apuñaló", grita mientras corre y llora por el dolor de la herida. Un hombre, que sería el primo de su pereja, intenta asistirlo de inmediato y le dice "devolvele el celular". Pocos segundos después, el joven agredido regresa al lugar para reclamar la devolución de sus pertenencias.
"Flaco, él me robó a mí", se lo escucha decir al que terminaría condenado por el homicidio de Cifuentes. Lejos de continuar el enfrentamiento, vuelve a recibir agresiones cuando el pariente de Cifuentes le arroja piedras gritándole "andate, hijo de puta", mientras él le insiste en recuperar el celular. Finalmente, Marilyn del Oro le entrega los objetos, le grita que se vaya y el joven se retira.
Minutos más tarde, las sirenas y las luces de la ambulancia y de los patrulleros colman la escena de tensión generada en el barrio Islas Malvinas.
La prueba que modificó el encuadre penal
Durante la audiencia en la que se homologó el acuerdo entre las partes, la fiscal Lorena Juárez explicó el rol fundamental que tuvieron las imágenes recopiladas:
- Permitieron acreditar que fue Cifuentes quien inició la agresión física.
- Descartó que existiera una intención homicida previa por parte del acusado y concluyó que actuó mientras era atacado.
Sin embargo, la fiscalía sostuvo que la utilización de una navaja para responder a una agresión a golpes excedió los límites permitidos por la legítima defensa.
Esa valoración fue compartida por el juez Luciano Hermosilla, quien consideró acreditado que el joven se defendió de un ataque ilegítimo, aunque empleó un medio desproporcionado para repelerlo.
Por ese motivo, el joven atacado por Cifuentes fue condenado por homicidio cometido con exceso en la legítima defensa.
La resolución puso fin a una investigación en la que el video terminó teniendo un peso decisivo: no solo permitió reconstruir los hechos, sino que cambió la interpretación jurídica de una muerte que inicialmente había sido presentada de una manera muy distinta.
Acuerdo de responsabilidad para el joven condenado
Como parte de un acuerdo entre Fiscalía y la defensa, Castillo admitió su responsabilidad penal y renunció a la realización de un juicio oral.
La pena fijada fue de dos años de prisión de ejecución condicional. Para arribar a esa sanción, se valoró que el joven no posee antecedentes penales, reconoció los hechos, colaboró con la investigación y cuenta con arraigo laboral y familiar, incluyendo la manutención de un hijo menor de edad.
Entre las reglas de conducta impuestas deberá fijar domicilio, presentarse periódicamente ante la Dirección de Población Judicializada, abstenerse de cometer nuevos delitos y mantener prohibición absoluta de contacto con la pareja, padres y hermanos de la víctima. Con la homologación del acuerdo y la renuncia de las partes a recurrir la decisión, el fallo quedó firme y se dispuso el cese inmediato de la prisión domiciliaria a la que había accedido.
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