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Por qué se dice "dorar la píldora" y cómo era esa técnica

El farmaceútico Giancarlo Conti tiene un museo farmacológico en el que atesora la historia de la medicina antigua.

Giancarlo Conti es un farmacéutico y bioquímico de la ciudad de Cipolletti, de 49 años, que atiende la Farmacia “Pasteur”. Es parte de una larga tradición de farmacéuticos y atesora una curiosa colección de objetos relacionados con la historia de su profesión.

“La Farmacia la fundó mi papá Giacomino Conti que junto a su familia vinieron de Italia, de Údine de la región de Friuli y se asentaron acá en el Valle. Mi padre viajó a estudiar Farmacia en la Universidad de Buenos Aires y volvía en los veranos a trabajar en los galpones de empaque para poder pagarse los estudios. Después de recibirse estuvo trabajando en varias farmacias hasta que en 1965 abrió la suya propia. La “Farmacia Avenida” de Cipolletti estaba ubicada en frente de dónde se ubica en la actualidad. Tenía el número de licencia 003 de farmacéuticos de la provincia. Fue uno de los profesionales más antiguos de Río Negro hasta su fallecimiento hace dos años”, contó Conti a LM Neuquén.

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Entre las farmacias más antiguas de Cipolletti podemos mencionar “Angelaccio” que cerró hace algunos años y de las que quedan en la actualidad probablemente sean las Farmacias “Maturi” y “Martin” aunque su antiguo dueño Don Martín, a quién le deben su antiguo nombre, ya no esté.

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Giancarlo Conti es dueño de un museo de objetos de Farmacia.

Giancarlo Conti es dueño de un museo de objetos de Farmacia.

“La Farmacia Avenida sería una de las más antiguas considerando que yo soy el heredero de mi padre y así se entiende que seguirían los mismos dueños. Estamos hablado de una farmacia que data su existencia desde el año 1969, con 51 años de existencia”, agregó Conti.

Giancarlo Conti además de seguir los pasos de su padre estudiando farmacia (a la que agregó también bioquímica), por una afición personal se dedicó a reunir elementos de laboratorio formando una modesta colección que poco a poco fue transformándose en un Pequeño Museo Personal “Farmacológico y Bioquímico”.

“Tengo de todo, desde libros de farmacología del siglo XIX en adelante muchos de los cuales estaban escritos en francés que era muy utilizado en esa época y sobre todo elementos ya en desuso, por ejemplo: el dorador de píldoras, la maquinita para hacer sangrías o las sopapas de vidrio que se ponían en la espalda. Frascos de todo tipo, forma y colores incluso con sus drogas originales dentro que suelen ser cosas raras”, dijo.

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El cuenco donde se doraban las píldoras.

El cuenco donde se doraban las píldoras.

¿Qué era el dorador de píldoras y cómo funcionaba?

“Todos conocemos la frase “Dorar la píldora” pero pocos saben que a principios del siglo XX la Farmacia era “Magistral”, es decir que el farmacéutico, en ese caso había muy pocos universitarios porque la mayoría eran idóneos (capacitados y autorizados a cumplir la tarea), elaboraban los medicamentos que el médico solicitaba”, recordó Conti.

“De ahí la sigla de las recetas: r/p que quiere decir “reciba y prepare” que figura en la parte superior izquierda de todas ellas. En el caso de las pastillas (conocidas también con el nombre de comprimidos ya que se comprimían las drogas hasta darle forma de pastilla o grajea) una vez que se terminaba el proceso de comprensión se les daba un “terminado” digamos más elegante para distinguir a la farmacia del resto a través de su producto. Se ponían en un receptáculo al que se le agregaba polvo de oro y se agitaba hasta que se adhería el polvo a la píldora. De ahí el dicho “Venís a dorarme la píldora” que vendría a significar adornar con elogios una segunda intención o una mentira. También era el concepto de “dorar” o “endulzar” una noticia amarga en consonancia con el sabor amargo de la verdad y de las medicinas”, explicó Conti.

El farmacéutico detalló que el oro era en polvo, el mismo que se utiliza en la orfebrería para los anillos o en las ornamentaciones suntuosas. “En la antigüedad era muy común el papel de láminas de oro que se aplicaba a marcos de cuadros, lomos de libros, etc. El oro tiene la característica de ser el material más maleable que existe. La cantidad de polvo era ínfima en cuanto al costo por el valor agregado, pero ya te digo que era más un detalle de distinción. Además, se consideraba que no implicaba ningún trastorno a la salud dado que el organismo lo eliminaba sin problemas ni secuelas cuando se lo consumía de ese modo. Aunque convengamos que los estudios de toxicidad no eran muy rigurosos en aquellos tiempos y que seguramente hoy ese proceso no estaría permitido”, añadió.

La máquina de hacer sangrías

“La técnica de hacer “sangrías” es una práctica que se remonta a los orígenes de la medicina. De acuerdo la “Teoría de los humores”, existían en el organismo distintos tipos de humores o fluidos internos de acuerdo a la época del año: sangre, agua, bilis blanca, bilis negra dentro del organismo cuya cantidad había que compensar mediante su extracción. Cuando diagnosticaban un desbalance de estos humores, lo único que podían extraer con facilidad era la sangre y la máquina de hacer sangría se inventó a los efectos de hacerlo de la manera menos dolorosa. Hasta el principio del siglo veinte estuvo en vigencia. Se le hacían pequeños tajos para favorecer el sangrado y este aparatito reducía el dolor por supuesto que a esta práctica con el avanza de las investigaciones no se le encontró sustento científico alguno y dejó de realizarse”, contó el especialista.

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Conti tiene en su farmacia una máquina para hacer sangrías.

Conti tiene en su farmacia una máquina para hacer sangrías.

- ¿Para qué se utilizaban las sopapas de vidrio?

Eran las famosas ventosas que se aplicaban en la espalda del paciente recostado habiéndose calentado previamente el interior de las mismas con la ayuda de una vela encendida. Fueron técnicas desestimadas posteriormente por la medicina moderna como el hecho mismo de frotarse una barrita de azufre en el cuello cuando se tiene una contractura. Resabios de prácticas populares muchas de las cuales siguen presentes en algunos tratamientos actuales.

- ¿Y en tu familia que te dicen a cerca de tener tu propio museo?

Bueno, mi esposa Mirta es hija de médicos y tiene también una tradición de profesionales en el rubro. El bisabuelo de mi esposa era idóneo y la abuela de ella ya farmacéutica, doctora en Farmacia de una época en que la que no se verdaderamente si había muchas mujeres profesionales en farmacéutica en la Argentina y probablemente haya sido una de las primeras. Estamos hablando de la década del 30 o del 40. Se llamaba Raquel Beloso.

Y algo más, mi hijo a su vez está estudiando Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires va a ser cuarta generación de una familia que estudió en la UBA y todo arranca con una mujer que fue una de las primeras profesionales mujer en recibirse en el país.

- ¿Qué elementos actuales de la farmacología te parece que se podrían llegar a encontrar en las vitrinas de un museo como el tuyo dentro de 50 años?

En las farmacias prácticamente ya no se hacen recetas magistrales, yo creo que soy un de los pocos de los que las hace acá en Cipolletti todavía. Así que probablemente los elementos de Farmacia que vayan a asombrar a las nuevas generaciones probablemente sean: una balanza granataria, algunas probetas, un tensiómetro aneroide, un termómetro de mercurio ya que se prohibió el uso del mercurio y seguramente materiales de drogas en estado puro que ya no se usen.

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