Rafting y kayak en una región encantada

Adrenalina con disfrute en dos ríos del Parque Nacional Los Alerces.

Esquel
Sin necesidad de experiencia previa, con sólo atender las indicaciones de los guías, la emoción inunda al viajero que se deja seducir por la tentación de los ríos Arrayanes y Corcovado, en el Parque Nacional
Los Alerces. El premio es acceder a rincones alejados de esta hermosa región del Chubut, a pasos de Esquel, a los que sólo es posible llegar a través del agua.

Noviembre marca el inicio de la mejor temporada, por el caudal que traen ambos ríos. Y las propuestas son dos: kayak de travesía por el Arrayanes y rafting en el Corcovado.
715 kilómetros separan a la ciudad de Neuquén de Esquel. Muy cerca está el Parque Nacional.


El kayak de travesía es una actividad de medio día -con salidas a la mañana y a la tarde- bajo la supervisión de guías especializados, que incluye una introducción a la técnica de esta actividad de aventura, maniobras de preparación y el equipo de seguridad necesario para una remada cómoda.
Hay diferentes trayectos posibles. Uno surca el Arrayanes hasta la pasarela, ida y vuelta, y son unas dos horas de remo. Una segunda opción llega hasta la Playa del Francés en tres horas y media de trayecto. La tercera invita a una travesía algo más larga -son cuatro horas y media- hasta la zona de Punta Mattos. Hay una cuarta alternativa que navega el Arrayanes hasta que se encuentra con el lago Rivadavia: es la única de dificultad "media" y no "baja", y se hace en cuatro horas. La quinta travesía consiste en remar hasta el pequeño y encantador lago Verde, en tres horas y media. En las cinco salidas, el alto en medio del bosque incluye un refrigerio reparador.

Para tener un poco más de acción, el lugar cuenta con los rápidos del Corcovado. Al principio la bajada es tranquila, se practica la remada de acuerdo con las indicaciones del guía mientras el grupo se divierte con el agua que salpica. Los recodos del río con rápidos de clase II y III aumentan la adrenalina y en los cañadones la velocidad crece y el vértigo también. El Corcovado serpentea hasta llegar al Pacífico, donde desemboca.

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