Reencuentro y emoción con la virgen de Malvinas
Fue una tarde de emoción, memoria y reencuentro para los veteranos de guerra cipoleños. Ayer volvieron a tocar a la virgencita de Luján a la que se aferraban cuando el frío dolía en los huesos y las bombas caían cerca en el campo de batalla. La imagen de la virgen llegó a la ciudad de la mano del padre Vicente, el mismo cura que los acompañaba en las Islas Malvinas.
Las viejas heridas de la guerra, y también las diferencias que mantienen actualmente en la ciudad, quedaron de lado. Todos los ex combatientes se reunieron en las ex cabinas del peaje, sobre la Ruta 22, para recibir a la virgen apenas cruzó el puente carretero junto con una comitiva de ex soldados neuquinos.
El sol pegaba con fuerza y para muchos cipoleños era la hora de la siesta. Para los veteranos, sin embargo, fue momento de salir a la calle y reencontrarse con una imagen religiosa con mucho peso en sus vidas. En las islas le rezaban para volver con vida de la guerra. Y, luego del fin del conflicto bélico, vieron con dolor cómo la pequeña estatuilla se iba a Gran Bretaña en las manos de sus soldados.
Desde el fin de la guerra, el cura Vicente, ex combatientes y obispos de la Iglesia Católica en Argentina hicieron gestiones truncas para que la virgencita vuelva a la Basílica de Luján. Recién a fines de octubre, tras 37 años de pedidos que no tuvieron eco, la intervención del papa Francisco logró hacer realidad el sueño de muchos veteranos.
Tras el fin de la guerra, los soldados del ejército vencedor se la llevaron a su país. La habían adoptado como su protectora en medio del combate, igual que los argentinos.
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