Restaurantes de tenedor libre: billetera flaca y cuerpo gordo

Tenerlos como práctica alimenticia habitual es peligroso para la salud.

El buffet, término derivado del francés que representa a una comida en la que los alimentos están dispuestos juntos y a la vez, puede tener un impacto muy diferente en quienes los consumen cuando se les agrega la palabra “libre”. Los servicios de tenedor libre pueden ser un buen negocio para el bolsillo (comer variado y en cantidad por una suma fija) pero peligrosos para el cuidado nutricional. Un “all inclusive” gastronómico que puede pasarnos rápidamente de la libertad de elección al libertinaje. La glotonería, ni más ni menos.

Sin control, el “all inclusive” gastronómico nos puede hacer pasar de la libertad de elección al libertinaje.

Originalmente, este sistema era utilizado principalmente por los hoteles, porque era una forma sencilla de darle de comer a mucha gente en el mismo momento. Con el tiempo, el estilo se hizo masivo y se incorporó a la rutina diaria, dejando de ser exclusividad de los tiempos vacacionales. “Ahora a estos lugares se suele ir en cualquier época del año y sin un motivo concreto, salvo salir a comer fuera de casa”, explica el nutricionista español Rubén Bravo. Y agrega un detalle comercial para profundizar en los valores alimenticios de estas comidas. “En general, y centrándonos en las opciones más cotidianas, para que un bufet libre sea rentable debe acudir a alimentos de calidad nutricional media, que sacien el apetito de forma temprana y no demasiado costo. Por eso lo habitual es encontrar arroz, papas, pastas, empanadas, embutidos, pollo con salsa, huevos, etc.”.

Claro, al evaluarlo por sus características nutricionales, estos no están a la cabeza de los más saludables y ricos en vitaminas y minerales. Esto pone al consumidor en la responsabilidad de no descontrolarse y elegir de manera equilibrada, aunque cuando esto ocurre, muchas veces pierde la gracia aquello de “tenedor libre”. Sin embargo, aunque se trata de un esfuerzo, no es un imposible. Y sigue firme la posibilidad de probar un poco de cada cosa.

Según apuntan los especialistas, el verdadero riesgo está en la rutina, en aquel que sale de su oficina y va diariamente a comer a un tenedor libre, con el riesgo de generarse una adicción. De hecho, según el doctor Rubén Bravo, suelen ser clientes de este tipo de restaurantes las personas obesas de pocos recursos económicos y los bulímicos que buscan un atracón antes de intentar compensarlo con laxantes o vomitando, ocasionando graves trastornos psicoalimenticios.

¿Tenés hambre?
Algunos consejos que pueden servir

Espaciar la visita
Aunque sea barato y tentador por su precio, es clave no convertir la visita al tenedor libre en una rutina, porque termina generando una adicción.

No comer con los ojos
Llegar con hambre es lógico, pero no lo es tanto irse arriba de los fiambres o alimentos harinosos en plan devorador.

¿Probaste con ensalada?
Los bufets suelen tener a la vista variedades de verduras y hojas verdes. No es lo más tentador, pero incluirlo en el primer plato ayuda mucho.

Despacio y saboreando
Otra clave es no perder el equilibrio. Masticar bien y degustar los alimentos antes de tragarlos hace que se disfruten más y se evite la necesidad inmediata de llenar el plato vacío enseguida de haberlo terminado.

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