Brasil. Eran casi las seis de la mañana del domingo y un pequeño bar ubicado en el municipio de Nova Serrana, Minas Gerais, estaba repleto. En ese momento, un delincuente llegó en una moto y, ni bien entró al lugar, sacó un arma y comenzó a amenazar a los clientes. Casi todos se arrojaron al suelo, excepto un hombre que se quedó fijo, al lado de la barra, interactuando con su celular. El ladrón pasó por detrás suyo, se acercó a la caja, el encargado levantó los brazos y le entregó el dinero. El criminal pasó nuevamente a centímetros del cliente, que seguía concentrado en la pantalla. El asaltante se fue sin que él se enterara.
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