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Rubens, el pibe que coleccionaba las etiquetas de cigarrillos

Tiene más de 15 mil marquillas de más de 200 países y algunas incluso datan de 1875. Sin embargo, asegura que nunca fumó.

El coleccionismo es una actividad que llevan adelante personas de todas las edades y abarca desde los objetos más difíciles de obtener hasta los más curiosos. Probablemente muchos de los lectores coleccionaron algo de niños y progresivamente fueron abandonando esa pasión cuando crecieron. Las colecciones más habituales y estimuladas por la industria comercial suelen ser las figuritas (entre las cuales las de fútbol y personajes de la tele han sabido sobrevivir), los muñecos de acción coleccionables y las revistas, posters, fotos y demás merchandising de los ídolos de la música adolescente.

Con el correr del tiempo y los devenires de la vida adulta, muchos de estos hobbies se van abandonando progresivamente y las piezas de esas colecciones se regalan o se desechan y terminan siendo parte de un lindo recuerdo. La palabra hobby es un término inglés que alude a “lo que hacemos en el tiempo libre para divertirnos”. Es en realidad el nombre que tenían ciertos juguetes que simulaban un pony o caballo pequeño, en forma de bicicleta sin pedales, llamado a su vez de ese modo, debido a un célebre caballito de nombre Robert, cuya contracción derivó en Bobby y finalmente en Hobby.

Algunas colecciones llaman particularmente la atención, como es el caso de las etiquetas de cigarrillos (los envoltorios de papel o cartón de los paquetes de cigarrillos) que juntábamos cuando éramos chicos y recorriendo las veredas como sabuesos esperando encontrar las marcas más raras o las importadas que se conseguían en las inmediaciones de las estaciones de colectivos, trenes o aeropuertos.

Rubens Condoplo no es ni el pseudónimo, ni el nombre de fantasía de un artista. Se trata de un coleccionista de etiquetas de cigarrillos que nació en Santa Fe y que está radicado en Allen, Río Negro, desde hace ya varios años. La rama del coleccionismo a la que se dedica, tiene muchos aficionados en todas partes del mundo y llaman “Marquillas” a sus piezas de colección.

“Comencé a juntar “marquillas” cuando tenía 8 años por un vecino que las coleccionaba. En ese entonces, las marquillas no tenían avisos de salud tan invasivos y tanto los diseños como los colores fueron lo que más me cautivaron. De ahí en adelante la colección fue algo que mantuve con pasión, aunque con crecimiento lento, pidiéndole a gente que viajaba al exterior que me trajera algunas marquillas importadas o saliendo a recolectar por la calle. No fue sino hasta los inicios del año 2000 que descubrí gracias a internet, todo un mundo de coleccionables y coleccionistas con los que compartíamos los mismos gustos", explicó en diálogo con LMNeuquén.

"En esta etapa, que se conoce como "de acumulación", comencé a hacer crecer mi colección exponencialmente en cuanto al número de marquillas. Gracias a esto conocí muchas personas de Argentina y del mundo que compartían el hobby y eso me fue abriendo camino a la colección que tengo hoy", agregó.

"A lo largo de los años, conformé una colección de forma dinámica, ya que fueron cambiando mis gustos y e intereses. Así dejé de lado aquellas marquillas que antes me solo me llamaban la atención, para enfocarme en otras que resultaban mucho más interesantes”, explicó.

¿Cuántas marquillas tenés en la actualidad y cuáles son las piezas más destacadas de tu colección?

Actualmente, tengo casi 15.000 marquillas que van desde las más antiguas del año 1875 hasta las de 1990 y que pertenecen a más de 236 países, muchos de los cuales hoy ya no existen. La dinámica de la colección hizo que vaya descartando y dejando de incorporar marquillas con advertencias de salud con imágenes, salvo que fueran de un país del cual no tenía marquillas y que en ese caso las preservo hasta que pueda conseguir otras, libres de estas publicidades.

Colecciono principalmente las “Marquillas de Cortesía” que eran las que se entregaban en eventos, promociones de aerolíneas o “Pruebas de Sabor de Cigarrillos”. También las de uso militar que vienen como parte de las raciones de combate y además de los países “raros” como Manchuria, Tíbet, Jersey o Guersney entre otros. Mi principal objetivo es tener al menos una de cada país o territorio actual, cosa que de a poco voy logrando, me faltan muy pocos para completarlos todos.

Entre las más destacadas que pude conseguir están las marquillas cubanas de 1870 a 1875, las de las raciones de soldados de la Segunda Guerra Mundial y las de los territorios que fueron ocupados en algún momento de su historia por fuerzas extranjeras. También marquillas de tirada limitada como “La Saeta Rubia”, en homenaje al jugador de fútbol Alfredo Di Stéfano o las emitidas por la Presidencia de la Nación en conmemoración al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con en Reino Unido, por ejemplo.

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¿Cuál es tu postura acerca del consumo de cigarrillos y como se relaciona esto con tu proyecto de coleccionismo?

Me animo a decir que la gran mayoría de los coleccionistas de envases de cigarrillos no fuma. Yo no fumo ni he fumado, tampoco me he sentido tentado de hacerlo a pesar de tener más de 1000 paquetes llenos. Desde mi postura como coleccionista, animo a las personas a dejar de fumar y yo creo además, que la incorporación de imágenes con advertencias al cuidado de la salud junto con la prohibición de publicitar cigarrillos en los medios desalientan ya de por sí, el consumo.

¿Cuáles han sido las marcas de cigarrillos más conocidas de nuestro país?

Lamentablemente las marcas tradicionales argentinas han ido desapareciendo en detrimento de otras marcas internacionales que las fueron absorbiendo, hablando en términos empresariales. Esto se debe claramente a una estrategia de marketing que es una tendencia a nivel mundial, no sólo en Argentina. Marcas como 43/70 (conocida antes como “43”), Imparciales, Particulares, Colorado, Conway, Wilton y otras como Le Mans, Derby, Jockey Club, Kool, han ido mutando para convertirse en Rothmans, Harmony o Pall Mall. Es una pena porque, en el caso de 43 fue una de las primeras marcas argentinas y del mundo, llegando a fabricarse también en Chile. Hoy ya no se encuentra en el mercado.

Como curiosidad puedo comentar que, el nombre de la marca “43” se lo pusieron, por una expresión habitual de la “City Financiera” de la época, que hacía alusión a los inversores con poco conocimiento de la Bolsa y que podían caer fácilmente en los engaños. "Es un 43" era una expresión común entre los brokers de la época para referirse a los incautos.

¿Estás nucleado en alguna asociación con otros coleccionistas?

Sí, pertenezco al Club de Coleccionistas de Marquillas de Cigarrillos de Argentina, cuyo creador vive en Bariloche, también al Club de Coleccionistas Argentinos de Etiquetas de Cigarrillos y participo en clubes del Reino Unido, Estados Unidos y otros grupos por internet. También mantengo contacto fluido con coleccionistas locales y del resto del mundo, lo que me posibilita incorporar material e información a la colección.

¿Existe algún museo o colección al respecto en algún lugar del mundo?

Sé que existen algunos museos en China y otros países, aunque, en general, se resumen a colecciones particulares que son expuestas.

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¿Tenés alguna marquilla de cigarrillos fabricados en el Valle o en La Patagonia o referidos a nuestra región?

El CPCCA (Club de Coleccionistas de Marquillas de Cigarrillos de Argentina) posee un catálogo donde figuran todas las marquillas que se han vendido hasta el momento. Allí figura una marca registrada Patagonia de 1875, también existieron cigarrillos marca S.A. Importadora y Exportadora de la Patagonia y hace unos años se vendieron cigarritos marca Sol de La Patagonia.

Por otro lado, Tierra del Fuego tiene un régimen especial donde se venden las mismas marcas que en la parte continental, pero con el detalle de que llevan la leyenda "Para venta en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur". En mi caso, y la mayoría de los coleccionistas, las tomamos como un apartado de la temática “Argentina”

La época de oro de las fábricas de cigarrillos y de las campañas publicitarias en nuestro país, datan de fines del siglo XIX cuando la industria de producción tabacalera empieza su auge. Los fabricantes y comercializadores multiplican por entonces el éxito de los volúmenes de cultivo de tabaco. Cincuenta años después las marcas de cigarrillos superaban el centenar.

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Existen anécdotas sobre las primeras historias de la comercialización empresarial de los cigarrillos en nuestro país. Una de ellas se remonta al año 1900 cuando dos emprendedores Pedro Massalin y José Celasco comenzaron, según consta en las crónicas de la época, a partir de un estrechar de manos, un negocio de venta cigarros.

Los primeros paquetes de cigarros eran considerados de mediana calidad y se vendían por escasos 20 centavos. Los insumos se importaban de Europa y se distribuían gracias a una logística que más 100 puntos de distribución que funcionaban en bares, confiterías y cigarrerías de aquel Buenos Aires de principios del siglo XX.

Durante la Guerra Mundial de 1914 y ante la escasez de productos importados, la industria local modifica la estrategia de venta, comenzando a vender al por mayor, cigarrillos fabricados en el país. A finales de 1920 Argentina exportaba al mundo sus dos primeras marcas “Canillitas” y “Skippers”.

Las primeras publicidades de cigarrillos, en épocas en las que se desconocía la vinculación de su consumo con las enfermedades respiratorias y el cáncer de pulmón, eran promocionadas por profesionales de la medicina en las revistas deportivas. Además, estás publicidades y aunque parezca irónico, hasta mediados de la década del 90 llenaban las páginas de las publicaciones especializadas de deporte y como patrocinantes de eventos deportivos.

Las campañas de concientización a los consumidores de tabaco, incluyen hoy en los paquetes de cigarrillos, fotografías de explícito contenido disuasivo, de la autopsia de los pulmones de un fumador, la boca de un fumador destruida por los efectos del cáncer y hasta de un embrión humano cuya muerte fue provocada por fumar durante el embarazo. La historia de los productos comerciales, la publicidad y los envases o envoltorios tiene entre los coleccionistas un motivo de estudio e investigación, que da cuenta de algún modo, de aspectos muy valiosos de nuestro comportamiento como sociedad de consumo.

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