Salud Mental vivió un infierno con los presos internados

El personal y los pacientes del Castro Rendón vivieron con miedo la inusual situación.

Alejandro Olivera

olivera@lmneuquen.com.ar

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Neuquén. La tranquilidad típica de la unidad de Salud Mental del hospital Castro Rendón un día se quebró. La llegada de dos jóvenes acusados de aberrantes crímenes -uno por femicidio y otro por homicidio- convirtió una sala de internación en una prisión, donde reinó el miedo durante un mes entero. “Pasamos de ser enfermeros a carceleros”, sentenció un trabajador, quien pidió reserva de identidad por la magnitud mediática y judicial que tomó el caso en los últimos días.

La decisión de la Justicia de enviar a los reclusos a un espacio sanitario público despertó la bronca del personal y de los representantes sindicales, pero fundamentalmente alteró la rutina de las personas que estaban bajo tratamiento médico por distintas patologías.

Uno de los pilares para la recuperación de la salud mental de las personas es la tranquilidad. Es por eso que en el hospital siguen un estricto cronograma que garantiza que cada paciente duerma una cantidad de horas adecuada. A su vez, busca que adopten el hábito de alimentarse, higienizarse y medicarse en distintos momentos del día para poder reintegrarse rápidamente a la sociedad.

Todo eso se vio perturbado por las actitudes violentas de los presos. Algunas de las personas en tratamiento comenzaron a dormir con un ojo abierto, alertadas por las constantes fallas del personal de seguridad que debía custodiar a los peligrosos jóvenes. En tanto, los profesionales comenzaron a tener miedo de ir a trabajar por las agresiones físicas que sufrieron en más de una ocasión.

"Es la primera vez que nos mandan a dos presos. Acá tratamos a gente que afronta situaciones graves desde lo emocional y es un lugar con camas de complejidad”.“La ley de Salud Mental autoriza a jueces a internar personas que no entiendan la criminalidad de sus actos, pero estos jóvenes los comprendían a la perfección”, dijo Máximo Mantilaro, Jefe del servicio de salud mental del hospital castro rendón

“Tenemos dos habitaciones. La disposición de los pacientes en los dormitorios se va ordenando de acuerdo a la cantidad de hombres y mujeres que tengamos internados, pero nunca los mezclamos. Uno de los presos se escapaba de su habitación y se metía en la de mujeres”, comentaron desde el hospital. De esta manera, abusó sexualmente de dos pacientes, delitos por los que fue acusado ayer al mediodía.

El jefe del servicio de Salud Mental, Máximo Mantilaro, explicó que “el uso inapropiado” del área afectó enormemente los tratamientos de las personas internadas. “Quedó alterada la integridad física y psíquica de las dos víctimas de abuso. Tuvimos que restringir las camas a las mujeres para que no se crucen con este joven y decirle no a la gente que lo necesitaba”, precisó.

Para el personal, los hechos dejaron al desnudo que no se pueden mezclar el servicio penitenciario y el de salud.

Acusado por abuso sexual

El fiscal Andrés Azar acusó ayer al joven de 18 años -que mató a una mujer en Rincón de los Andes en julio de 2017- por abuso sexual contra dos pacientes del hospital Castro Rendón, donde se encontraba internado, y solicitó la prisión preventiva. Además, las pericias psiquiátricas establecieron que el hombre está en condiciones de permanecer en una unidad de detención. Fue trasladado a la Comisaría 41 y podría ser llevado a la Unidad Penal 12.

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