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Santiago Casado Diez y Enrique Rojo, creadores del primer colegio secundario privado en Neuquén capital

Llegados al país desde España en la década de 1910, fueron grandes pilares de la educación entre los primeros pobladores de la región.

Podemos rastrear las causas de la inmigración europea que a fines del siglo XIX y principios del siglo XX arribó a nuestro país: no solo fueron motivos de orden económico los que la provocaron sino también del tipo político e ideológico. Las malas condiciones de vida de los sectores populares y un sistema político que no los beneficiaba hicieron que una gran oleada de migrantes españoles llegara a Neuquén, donde participaron en la Asociación Española de Socorros Mutuos, creada en 1909.

Los inmigrantes formaron cofradías de trabajadores del ferrocarril, de los hornos de ladrillos, del comercio, entre tantas tareas.

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La amplia y descollante labor de docentes arribados tempranamente fue un privilegio de estas lejanas regiones de la Norpatagonia, donde volcaron toda su cultura en la organización de la enseñanza de estos nuevos territorios nacionales.

Uno de ellos fue Santiago Casado Diez, nacido 1892 en Valladolid, España. Recibió el título de maestro a los 18 años y tuvo el honor de que su diploma llevase la firma del célebre escritor Miguel de Unamuno. Don Santiago llegó al país en 1911 y se quedó a vivir en Buenos Aires. Allí fue maestro del Colegio Internacional de Olivos. Su arribo a Neuquén fue en 1914 junto a otro maestro español, don Enrique Rojo, con el que fundó el primer colegio secundario privado, General San Martín, ubicado en la esquina de Avenida Argentina y Carlos H. Rodríguez (frente a la que era la escuela N º2). Daba clases a alumnos del interior.

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Santiago y esposa.

Santiago y esposa.

Las hijas de don Casado recuerdan toda la historia: “No se pudo sustentar, ya que en las vacaciones corrían los gastos: por esas razones el colegio fue cerrado”. Santiago decidió trabajar afuera. Fue nombrado en una escuela de Cipolletti: diariamente cruzaba a pie por el puente ferroviario, sobre los durmientes. Luego fue trasladado a Ñorquín. Alrededor de 1920 fue reubicado a Chos Malal, donde conoció a su esposa Celia Álvarez y con la que tuvo prolífica familia: Carlos, Leopoldo, Edgardo, María Celia, María Teresa y Ana Agustina.

Nombrado director, su traslado era a Ranquilco. Pero debido a una fuerte nevada no pudo hacerse cargo inmediatamente. Cuando aminoró la tormenta, comenzó la travesía del traslado: el primer día de viaje, a caballo, llegaron a El Cholar con las mulas cargadas de equipajes y comestibles. Se hospedaron en la escuela N º31. Al día siguiente siguieron viaje a Ranquilco. Pasaron por la escuela de Vilu Mallín, y les comentaron lo difícil que era vadear el río Trocomán por el gran caudal de agua que traía. A pesar de esto continuaron el viaje y llegaron a la escuela N º 59 de Ranquilco. La casa era una choza: apenas entraba el catre y la puerta era tan pequeña que había que agacharse para entrar. Cuentan las hijas que en el lugar “hacía tanto frío que nuestro padre amanecía con los bigotes escarchados”. Luego fue ampliando la escuela y construyendo su casa. Su yerno recuerda que plantaban trigo y hacían su propia harina: además tenían su molino, y podían tener energía eléctrica.

Cuando el presidente Agustín P. Justo visitó la región, Santiago logró los fondos para la construcción de un cable carril sobre el Río Trocomán, frente a la escuela, que permitía a los alumnos cruzarlo. Para hacerse de dinero extra, don Santiago llevaba la contabilidad de un bar ubicado en Olascoaga y Sarmiento.

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Boletín de alumno de la escuela Privada de Rojo y Casado Diez.

Boletín de alumno de la escuela Privada de Rojo y Casado Diez.

Las tres hijas de don Santiago fueron docentes: estudiaron en Buenos Aires en el colegio María Auxiliadora de Almagro, y se desempeñaron como maestras en diversas instituciones neuquinas: María Teresa, maestra de la Escuela Nº 2, se casó con Gregorio Moreno, un cordobés doctor en Geología que se asentó en estas tierras. María Celia, Beba, dio clases de labores en diferentes escuelas de esta capital. Ana Agustina, Muñeca, se casó con un italiano, Oroncio Gorgoglione, que había llegado a esta región en 1959: dio clases en varias escuelas.

Don Santiago Casado y Enrique Rojo –de este último poco sabemos de su vida privada, solo que era nuestro vecino de la calle Alberdi al 400 y con su hija, doña Paquita, teníamos relaciones de vecindad; a don Rojo se lo solía ver caminar por la Avenida Argentina y conversar con los jóvenes de aquellas épocas como lo atestiguan en la actualidad– participaron de la Asociación Española de Socorros Mutuos ya que están inscriptos en las actas de los primeros años de esa institución: se inscriben en el largo listado de docentes que, procediendo del extranjero, apostaron a estas tierras en las que, por aquellos tiempos, estaba todo por hacerse. Dijimos que en la formación de la Asociación Española de Socorros mutuos se observan actas en donde ambos maestros tomaron activa participación en los primeros años del Siglo XX.

Hoy homenajeamos su tarea como docentes e inmigrantes españoles: homenajeamos el esfuerzo, el amor, el caminar sobre terreno virgen en pos de llevar educación y cultura hasta el último de los rincones de esta tierra que tanto amamos.

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