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Se enteró que era adoptada y busca a su familia biológica en Neuquén

Conoció parte de la historia al morir su padre y por una carta. Tiene 53 años y vive desde los 3 en el partido bonaerense de Avellaneda. Con la pandemia pensó que debía de dejarle "la verdadera identidad a sus hijos" y comenzó la intensa búsqueda.

Graciela Beatriz Tropia tiene 53 años y busca a su familia. A los 19, con la muerte de su padre y a partir de una carta, se enteró que era adoptada y que su familia biológica estaría en Neuquén. Tiene una hipótesis, pero cree que “hay un secreto del que nadie quiere hablar”.

Desde 1969 ella vive en el partido bonaerense de Avellaneda. Se fue de la Patagonia cuando tenía 3 años “para que el secreto no se sepa”. Ella cree que nació producto de una relación entre “la empleada doméstica y el patrón”, pero aún no lo puede confirmar. “En 2008 fui a Neuquén para saber la verdad, pero siempre tuve las puertas cerradas. Nadie quiere hablar”, aseguró a LMN.

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“Sin buscar nada material” y con la muerte de los padres adoptivos, Graciela quiere saber sus orígenes. Desea conocer si sus padres biológicos están vivos o si tiene hermanos “para poder vivir en paz” y poder dejarle una identidad a sus hijos.

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La verdad en una carta

Graciela escuchó, cuando tenía 5 años, una conversación que no debía: su mamá adoptiva, Rosa, le contó a una vecina que había quedado embarazada y que esperaba su tercer hijo. Pero, en esa conversación, aclaró que era su segundo embarazo, ya que su hija era adoptada. “Esa información no la entendía a esa edad, pero cuando fui creciendo me di cuenta de lo que significaba”, explicó.

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Graciela cuando tenía 5 años.

Graciela cuando tenía 5 años.

A los 17 años, Graciela le contó a una amiga, por primera vez, sobre la posibilidad de que podría ser adoptada. Esta amistad la ayudó “a tomar fuerzas” y encaró a su padre. “Yo siempre le tuve mucho miedo a mi papá, era militar y si bien nunca me pegó, sus miradas y sus dichos eran suficientes para ganar nuestro silencio”, describió y contó que él, Salvador, negó rotundamente esa posibilidad. “Y se llevó ese secreto a la tumba”, añadió.

Es que dos años después, Salvador murió y luego del entierro Graciela encontró una carta encima del ataúd. La había escrito su tía adoptiva y le decía que ella no era hija de Salvador y Rosa, y “que debía encontrar su verdad”.

“Con esa carta fui a hablar con mi mamá que se quebró y me contó todo”, expuso y narró la única hipótesis que tiene.

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Graciela, junto con sus padres adoptivos.

Graciela, junto con sus padres adoptivos.

Familia biológica: el secreto

Graciela nació un 25 de diciembre de 1966 lo que generó que el futuro de su vida cambie. Según le contó su mamá adoptiva, ella nació producto de “una relación entre la empleada doméstica que trabajaba cama adentro y el patrón”. Al quedar embarazada, no era bienvenida en esa hogar, así que debía ser “regalada”.

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Graciela cuando tenía 12 años.

Graciela cuando tenía 12 años.

Entre los ofrecimientos que hubo, dos personas aceptaron a Graciela. Rosa, quien dijo que si era mujer la quería, y una conocida de la familia, que era docente.

Al parecer, las hermanas del supuesto padre biológico, fueron las encargadas de elegir a esta conocida docente de la familia por sobre Rosa, aunque no la descartó. Llegaron las fiestas y la empleada doméstica dio a luz a Graciela en un hospital de la ciudad de Neuquén.

Horas después del parto no pudieron ubicar a la maestra porque fue en medio de las fiestas de Navidad, así que el 26 de diciembre le entregaron a Rosa. “Me trucharon la partida de nacimiento y decía que nací en Cipolletti, a las 16:35 del 25 de diciembre”, contó y explicó que esa “jugada” la hicieron para que ella nunca supiera quién era su mamá y que "la buscará en Río Negro, y no en Neuquén".

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El viaje a Neuquén: más dudas que certezas

En junio del 2008 Graciela viaja a Neuquén. Tenía la dirección de la casa de sus padres biológicos, entre las calles Pampa y Alcorta, y se presentó en la puerta. Una señora la cruzó en la puerta y la invitó a tomar un café en la tarde, ya que en ese momento no podía.

“Llegó el encuentro tan esperado, pero me defraudó, me llenó de historias que pude ir corroborando que eran mentiras”, añadió. Según explicó Graciela, la mujer “la empezó a marear” y la mandó a hablar con otros vecinos que no sabían nada de su historia.

“De ese viaje volví media resignada, pero con el número de teléfono de la casa en donde vive mi padre biológico”, describió y contó que “cada tanto” volvió a llamar y la respuesta siempre es la misma: “Me dicen que no saben, que no me pueden ayudar y cuando pregunto por el nombre de mi supuesto padre me dicen que no está en la casa”.

Ante el rechazo constante que sufrió desde su nacimiento, Graciela hace tres años había desistido. “La indiferencia y el dolor me vencieron”, describió.

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“Quiero darle la identidad a mis hijos”

Estos días de cuarentena por la pandemia, en donde estuvo encerrada en su hogar junto con sus hijos, la hicieron “reflexionar” sobre su infancia. Recordó el puñado de momentos lindos y se autoconvenció de que no le quedaba mucho tiempo “para saber la verdad”. “Lo quiero hacer por mis hijos, a ver si tienen primos o tíos por algún lado del país, ellos no se merecen el mismo sufrimiento que yo padecí”, expuso.

Consciente de que “tal vez pasó mucho tiempo”, aseguró que “aún no es tarde”. “Hay personas que saben algo, pero no quieren hablar. Cuando llamé al hospital en donde nací, dicen que una inundación borró todo el archivo o inventan alguna otra excusa. Siento que muchos saben qué fue lo que pasó, pero nadie habla porque hay alguien poderoso detrás de este secreto”, concluyó Graciela.

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Entre dudas, Graciela tiene algunos datos: nació en el 66 en Neuquén y estuvo en la ciudad hasta el 69. Luego se fue a vivir a Avellaneda. Sus padres biológicos supuestamente vivían (o viven) entre las calles Pampa y Alcorta, al lado de una sodería que se encontraba en la esquina de la casa. “Estoy buscando a alguien que haya trabajado en esa casa para saber cuánto tiempo estuvo ahí mi mamá o si sigue estando o qué pasó con ella”, contó y agregó: “Cualquier que tenga algún dato que se contacte conmigo”, y dejó una casilla de mail: gra2512@hotmail.com .

A la espera de una identidad verdadera, esta madre lucha contra el tiempo y desea que "el secreto familiar" se rompa.

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