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Se fue a vivir a un hogar para atender a los ancianos con Covid

Tomás Arioni tiene 25 años, es estudiante de medicina y permaneció dos semanas en la residencia "Hermanitas de los Pobres". Además es voluntario ad honorem en el hospital Castro Rendón.

Cuando en diciembre aprobó la última materia en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de La Plata, el neuquino Tomás Arioni decidió que el hospital Ramón Carrillo de San Martín de los Andes era un buen lugar para realizar las prácticas. Además, le seducía la idea de volver a Neuquén para estar más cerca de su familia.

Pero lo que no tenía previsto este joven de 25 años era que a comienzos de este año, en un mercado mayorista de mariscos de Wuhan, se descubriera que los animales salvajes vendidos allí podían ser fuente de un virus que comenzó a expandirse por todo el mundo. “Había ido al hospital de San Martín de los Andes y cuando en marzo se anunció la cuarentena, decidí volver a Neuquén. Por suerte pude regresar en un colectivo junto con turistas que habían quedado varados en San Martín, Villa La Angostura y alrededores”, cuenta a LM Neuquén.

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En la ciudad, se reunió con su familia mientras aguardaba que la pandemia, que recién comenzaba a tener sus primeros contagiados en la provincia, le permitiera volver a San Martín de los Andes. Pero cuando la cuarentena empezó a extenderse y los contagios a aumentar, le dijo a su madre, Adelaida Goldman, médica del Castro Rendón, que quería sumarse como voluntario en algún sector del hospital. “La dirección me entregó un permiso como voluntario ad honorem en el que se aclaraba que no iba a tener contacto directo con pacientes”, agrega.

“Vinimos con el equipo de Salud de la subsecretaría, se hisopó a los abuelitos y al personal"

Primero se integró al área que se encarga de la digitalización de las historias clínicas y luego pasó al servicio Tele-COVID desde donde los pacientes que se encuentran transitando la enfermedad son monitoreados en forma constante por un equipo de profesionales de salud. “Es un área muy importante porque se les informa sobre las pautas de aislamiento, se hacen averiguaciones de los contactos que tuvo y de esta manera iniciar el protocolo de los controles de foco”, explica.

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En el Hospital Castro se contactaba con los pacientes con Covid que se recuperaban en sus casas.

En el Hospital Castro se contactaba con los pacientes con Covid que se recuperaban en sus casas.

Tomás recuerda que cuando sus estudios se lo permitían, especialmente en el verano, regresaba a Neuquén y acompañaba a su madre al hogar de ancianos "Hermanitas de los Pobres", ubicado en Chocón y Tronador de esta ciudad, donde desde hace 12 años se desempeña como médica voluntaria. “Iba con mi mamá y les tomaba la presión a los abuelos, les daba de comer, me ponía a conversar e incluso jugaba con ellos, pasaba un tiempo largo con ellos. Era como estar haciendo las prácticas, por así decirlo”, describe.

Todos los años en verano, Tomás asistía al hogar para tomarles la presión, darles de comer y conversar con los abuelos.

Los meses de pandemia pasaban y nadie en el hogar registraba síntomas de coronavirus. Pero el jueves 5 de octubre, se encendieron las alarmas cuando el padre Juan Alfaya presentó síntomas y los hisopados realizados confirmaron que 25 adultos mayores, seis monjas y doce empleados del lugar, entre kinesiólogos, enfermeros y personal de limpieza, habían contraído el virus.

Tomás no lo dudó ni un segundo cuando su madre decidió que era necesario instalarse en el hogar. “Vinimos con el equipo de Salud de la subsecretaría, se hisopó a los abuelitos y al personal, y desde entonces nos quedamos a vivir aquí más de dos semanas porque había que ayudarlos”, relata.

Confiesa que fue “brusca la situación” porque muchos adultos mayores “no tienen familia y este hogar se mantiene mucho con el trabajo de los voluntarios y de un montón de gente solidaria que colabora por el solo hecho de ayudar al otro”. Solo uno de los adultos mayores del hogar con COVID-19 falleció, el resto comenzó a volver a la residencia.

“Los abuelos estaban muy decaídos, se notaban los efectos de la enfermedad, no tenían ganas de comer. Lo que empezamos a hacer, en primer lugar, era levantarlos, cambiarlos, darles de comer, brindarles los cuidados básicos. Yo les controlaba los signos vitales. También tuvimos que reorganizar el tema de la medicación porque no estaban las enfermeras”, explica el joven, que también fue víctima del COVID-19. “A pesar de usar en todo momento los equipos de protección, empecé con síntomas el martes 13, pero solo tuve un poco de fiebre y síntomas leves”, aclara el futuro médico.

Cuando se inició la pandemia, el joven de 25 años decidió que era momento de colaborar con quienes a diario enfrentan el virus. También se infectó de COVID-19 pero tuvo síntomas leves.
Tomas Arioni es voluntario en la residencia "Hermanitas de los Pobres"

“En el hogar pude ver la magnitud de esta enfermedad”

Tomás Arioni se lamenta por uno de los ancianos del hogar que falleció por COVID-19. “Hicimos lo mejor que se pudo, la pasó muy mal porque es una enfermedad que les pega muy duro a los abuelos”, dice el joven de 25 años. Sin embargo, se emociona cuando menciona que la mayoría comenzó a recuperarse y están volviendo a la residencia.

En esos días en que vivió en el hogar, Tomás pudo sentir que “cuando uno vive el transcurso de la enfermedad con la gente más vulnerable, se da cuenta de la magnitud de esta enfermedad, la totalidad de los abuelitos la pasó mal, y pareciera que deja sus secuelas. Ahora por suerte se recuperaron”.

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Con su madre, la médica Adelaida Goldman, se instaló en el hogar de ancianos cuando apareció el primer contagiado.

Con su madre, la médica Adelaida Goldman, se instaló en el hogar de ancianos cuando apareció el primer contagiado.

Cuenta que todavía hay adultos que no se han recuperado del todo. “Por eso seguiré viniendo todos los días unas horas para controlarlos”, agrega. Al mismo, tiempo señala que volverá a colaborar en el hospital Castro Rendón “porque también se necesita ayuda en epidemiología”.

Confiesa que estos meses fueron de aprendizaje. “Quizás no del todo relacionado con las cuestiones de los libros, sino que he aprendido un montón de la parte social, de lo que es el trato con los pacientes, el cuidado de los pacientes, cosas que no se ven tanto cuando uno cursa la carrera”, precisa.

Por último, recomienda a los estudiantes de carreras vinculadas con la salud “que se acerquen a colaborar en comedores, merenderos y otras instituciones porque realmente lo necesitan”.

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