Se manejaron para el Diablo

Cuando el río suena, agua lleva”, dice el famoso refrán. Y la reciente salida de Ariel Holan corrobora que todo lo que se dijo en los últimos días desde los medios era lo correcto. Nada de invento ni periodismo amarillo como algunos intentan instalar para desacreditar las versiones drásticas de la prensa. El técnico, como se dijo, tenía las horas contadas en el Diablo y así fue.

Los dirigentes son, esta vez, los que quedan en evidencia con sus manejos perversos. Por un lado, los Moyano garantizaban la continuidad del técnico campeón de la Sudamericana 2017, el que le devolvió la mística y la identidad al club, y por el otro, se estaban reuniendo en silencio con el entorno de Sebastián Beccacece, que pegó un sorpresivo portazo en Defensa y Justicia.

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La salida de Holan confirma que la prensa no mentía y sí la dirigencia, que mientras gestionaba con otro DT.

Habrá que revisar, de paso, qué tanto respeto por el colega y los códigos hubo de parte del rubio entrenador que a esta hora suena como gran candidato a sentarse en el banco del Rey de Copas.

Claro que Holan también contribuyó para que se llegue a esta situación irreversible, si bien merecía un manejo más transparente y claro de las autoridades del club. Criticado por la mayoría de sus ex dirigidos, su manejo de grupo deja que desear y nunca mostró autocrítica ni predisposición para escuchar al plantel y cambiar. La famosa hazaña en el Maracaná le hizo mal. Su excesivo ego lo traicionó. Se creyó dueño del club y adoptó públicamente un discurso más pedante y en muchos casos soberbio. La pifió bastante con los refuerzos y así fue perdiendo todo el crédito que había ganado con su excelente primera etapa. Holan, en definitiva, hizo lo que pudo y mostró dos caras. La CD se manejó para el Diablo.

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