“Cuesta mirarse al espejo, todos los días me miro y revivo lo que pasó. Me replanteé un montón de veces seguir en la Policía, en la que llevo quince años, por el miedo que me quedó”, confió Gladys Almendra, la sargento que fue agredida por un joven de 22 años durante un procedimiento en Centenario.

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Si bien pasaron varios meses del violento ataque, Gladys aún tiene una marca en el rostro por haber recibido un golpe con un elemento similar a una tapa de caño de plástico macizo. Su agresor, Gerson Levi, llegó a juicio por el delito de lesiones graves agravadas por ser cometidas contra un miembro de la fuerza policial. Ayer fue la última jornada y el lunes se conocerá el veredicto.

“Una perito determinó en el juicio que ella tiene una desfiguración del rostro, lo que configura las lesiones graves. Fue un ataque intencionado y premeditado, porque tomó el elemento del piso y tuvo que atravesar la reja que los separaba para provocarle ese daño”, explicó a LM Neuquén el abogado Nahuel Urra, quien representa a la sargento.

“Las doctoras Valeria Panozzo y Eloisa Müller de la fiscalía le brindaron el espacio como víctima, la han acompañado y están muy pendientes. Les llegó el caso, más allá de su función como Ministerio Público Fiscal, y hay que destacar su labor”, puntualizó Urra, y explicó que tanto la fiscalía como él solicitaron al tribunal conformado por los magistrados Richard Trincheri, Juan Pablo Balderrama y Fernando Zvilling que lo declaren culpable.

Gladys Almendra recibió un golpe en el rostro

La agresión

El violento ataque ocurrió la tarde del 5 de diciembre de 2018, cuando la sargento Almendra concurrió a la vivienda del joven por una situación de violencia contra su madre. “Acudí para mediar la situación y desde que me vio me empezó a insultar, me decía ‘¿qué haces acá, milica de mierda? Salí de acá’. En un momento me dijo ‘vos no me vas a decir lo que yo tengo que hacer’, se agachó y agarró un elemento con el que me pegó. El jueves en el juicio recién pude ver el objeto y no podía creerlo. Si yo no me tapaba un poco, me partía el ojo; hubiera sido peor”, explicó Gladys respecto del recipiente de unos 30 centímetros que le provocó un profundo corte en el rostro, a la altura de la ceja derecha, y agregó: “Mis compañeros Martín Jara y Luis Valdebenito me llevaron al hospital. Les debo la vida, lo único que les pedí fue que no me dejaran sola. No entendía qué me había pasado, porque perdí la visión, ni por qué tenía tanta saña conmigo”.

“El desprecio que él sintió al verme lo vi en sus ojos, en la forma en que me miró. Jamás me voy a olvidar de su mirada. Me golpeó por ser policía y por ser mujer, creo que si iba un compañero mío no lo hubiese agredido. Es por una cuestión de inferioridad, él no valora a la mujer”, manifestó la sargento con profunda convicción.

Ayer terminó el juicio a su agresor, Gerson Levi, quien está acusado por el delito de lesiones graves agravadas por ser cometidas contra un miembro de la fuerza.

“Me ha tocado estar en enfrentamientos con arma de fuego, demorar a hombres, y siempre me respetaron como mujer y como policía. Esta persona fue violenta conmigo desde el primer momento. Lo único que quiero es que lo condenen. La violencia hay que erradicarla y no quiero que mis demás compañeras tengan que vivir una situación así”, sostuvo Gladys, y concluyó: Siempre me tocó estar del otro lado, tener que escuchar y auxiliar a personas que pasan por esto y he intentado darles apoyo. Hoy yo necesito ese apoyo”.

“Nuestra expectativa como querellantes es lograr una pena de cumplimiento efectivo porque el ataque fue intencionado”, dijo Nahuel Urra, abogado querellante de la sargento

En caso de ser hallado culpable, Levi podría recibir una pena de entre 3 y 10 años de prisión por las lesiones que le causó.

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--> Otro caso: le pegó una piña y le quebró la mandíbula

En 2011, la policía Fernanda Vilches sufrió una grave agresión por parte de un gremialista en una movilización, en la que debía cortar el tránsito como parte de su trabajo. La víctima sufrió un fuerte golpe en el rostro que le provocó una triple fractura en la mandíbula.

El violento hecho ocurrió el 24 de noviembre de 2011 en la capital neuquina y seis años más tarde, el agresor, Juan Guillermo Antuña, un delegado de ATE, fue condenado a tres años de prisión en suspenso por el delito de lesiones graves agravadas por ser cometidas contra un miembro de la fuerza policial. Previamente, se había fugado y fue capturado en Jujuy.

“Guillermo Antuña me cambió la vida 180 grados. No puedo vestir el uniforme azul que me dio de comer y que amo, no puedo terminar mis 25 años de servicio como policía”, manifestó la sargento a LM Neuquén poco tiempo después de la brutal agresión, que además de dejarle secuelas físicas y la llevó a realizar un tratamiento psicológico por el miedo que le generó.

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