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La Mañana carpa

Se volvió profesional de la pesca en el Limay y cuenta los secretos de la actividad

Lucas Quinteros contó la emoción de su primer pique en el Gatica y reveló cuáles son los mejores lugares que hay en la región.

Cada vez es más frecuente ver en el Paseo de la Costa hombres, adolescentes y niños con sus cañas aguardando un pique o directamente protagonizando una escena a pura emoción, luchando para sacar una carpa, especie que - a diferencia de las truchas, percas y pejerreyes- se permite extraer sin límite diario, por ser invasiva y con alta tasa de reproducción.

Desde hace dos años, Lucas Quinteros se sumó al grupo de fanáticos que aprovechan su tiempo libre o de recreación familiar para despuntar el vicio del anzuelo y la caña y tentar al destino con un duelo cuerpo a cuerpo con esta especie exótica. Esa es su principal atracción: la lucha.

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Aunque la pasión por la pesca con cucharita se la contagió su tío Daniel hace más una década en sus paseos por El Chocón, el joven de 26 años literalmente la flasheó una tarde de verano del 2019 cuando, en el balneario Gatica, vio a unos chicos alimentando a un cardumen con migas de pan.

"Inmediatamente agarré, fui a mi casa, busqué las cañas, volví y empecé a tirar con pedacitos de maíz. A la media hora saqué una carpa de tres kilos. Es re loco porque aunque no hay profundidad ahí, igual se encuentran carpas. Me llamó mucho la atención el tamaño. Y a partir de ahí empecé a dedicarme a la pesca deportiva", señaló Lucas, quien en cuanto encuentra un huequito entre sus compromisos laborales, se acerca a las orillas del Neuquén o Limay para tirar unos tiros, a veces en solitario, otras con amigos o acompañado de su pareja e hijos.

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"Cuando saqué esa carpa me volví loco, es increíble la forma que tienen de pelear. Hay gente que dice que no, pero los carpas dan una batalla tremenda, no quieren que la saques del agua. Se acercan a la orilla y empiezan a los cabezazos y muchas veces te cortan la línea. Tienen mucha fuerza", aseguró.

Del hobby al emprendimiento

Tras esa primer hazaña, las carpas se convirtieron en un objeto de estudio para Lucas y también en un emprendimiento. Luego de tantear el territorio para localizar los puntos con más pique, tanto en el Río Limay como Neuquén, se contactó con un proveedor de Buenos Aires para conseguir material de carnada.

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"Empecé a averiguar y conseguí un distribuidor de la provincia de Coronel Suárez que vende harinados, que es lo que el permiso te permite como cebo. Empecé a utilizarlo y a comercializarlo acá. Hay muchos que tiran con almejas o cornalitos, pero esta prohibido. Te llega a agarrar Fauna y te secuestra los equipos y te hace una multa", señaló, al tiempo que advirtió que, aunque algunos lo hacen, no se puede pescar de noche.

"El harinado que vendo se llama J 3.16 y la carpa lo ama. Tiene esencias aromáticas y proteínas. Lo tirás con la línea feeder que aguanta 60 kilos. En el anzuelo tiene Goma Eva que permite que flote en el agua. La masa que yo vendo se pone en el resorte, la carpa lo succiona y como el anzuelo está flotando, se lo traga. Es lo más efectivo que hay", precisó y agregó que la bolsa de carnada la ofrece a 550 pesos el kilo.

"Es barato. Hay competidores que venden a 450 el medio kilo, en bolsita de arranque con ganchos de abrochadora. Mi bolsa tiene cierre hermético", diferenció.

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Además de hacerse una changuita, Lucas se convirtió en un experto en la materia. "Esto tiene toda su ciencia, no es tirar la caña y pescar. Necesitas instruirte para conocer cuáles son los mejores horarios para la pesca, qué comen, cuántas veces se alimentan en el día", planteó.

"Aunque podés sacar carpas de manera ilimitada, porque hay superpoblación; para pescar tenés que sacar permiso. Lo tramitas a través de la página web de la provincia de Neuquén y te permite pescar en la cordillera y otras provincias como Rio Negro, Santa Cruz y Chubut", manifestó.

"Está permitido pescar en toda la costa del río, pero en verano en los balnearios no, porque hay gente bañándose y la podés lastimar. En la calle Pampa al fondo, en 15 minutos sacás una carpa. Yo voy a las 5 o 6 de la tarde, cuando está bajando el sol", contó.

Consultado sobre si alguna vez tuvo algún problema con las personas que hacen remo o que buscan refrescarse en las aguas del Limay, expresó: "Los kayakistas pasan por fuera de la línea. No te interrumpen, ni vos los interrumpís a ellos. Los policías vienen y te preguntan cuánto pesó la carpa, algunos me han sacado fotos. Siempre nos recuerdan que podemos pescar si no hay gente bañándose".

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"Esta es una pesca con línea de fondo, por lo tanto tenés que esperar. Tirás, ponés tu reposera, tomás unos mates, compartís con amigos y esperás el sonido de la chicharra. Cuando suena, corré porque te puede llevar la caña. Yo recomiendo tener un posa caña, que se entierra y evita eso. Hay algunos pescadores que la dejan en una ramita o en el piso y luego las pierden por la fuerza de la carpa. ", dijo y agregó que para ganarle al pez es necesario utilizar el freno del reel.

"La carpa más grande que saqué pesó 9,8 kilos. Fue en octubre del año pasado, en el rio Neuquén. Había ido a pasar el día con mi abuela, mi mamá, mi pareja Oriana y mis hijos. Tiré mi caña y cuando sonó la campana, la caña se dobló hasta el piso. Fue tremenda la pelea que dio. Me sacó mucha línea del reel. La pesé en la orilla, fue la carpa más grande de mi vida", sentenció.

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Para el joven pescador, hay más probabilidad de pique en el Paseo de la Costa, a la altura de las calles Pampa o Leguizamón. Agregó que Isla verde también es un buen lugar, al igual que la zona de la confluencia del Limay y Neuquén. "En las calles Figueroa o Chocón al fondo se pesca muy bien, en ese rio están las carpas más grandes", aseguró.

Casi como un colmo, a Lucas no le gusta comer pescado de ningún tipo ni nada cuyo hábitat sea el agua. Él pesca por pescar, por deporte, por pasión. Aunque a veces obsequia alguna presa, la mayoría las devuelve al río.

"Regalo cuando sé que las van a comer. Hay gente que quizás las deja tiradas, con la excusa de que luego se la comen los pájaros, pero no está bueno. Si vas a la semana, hay una baranda que no te dan ganas de ir a pescar", lamentó antes de aconsejar quitarle la rebaba al anzuelo para no dañar al animal y cuidar que no pasen más de dos minutos fuera del agua, en caso de devolverlas.

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Actualmente Lucas se encuentra abocado a promocionar la actividad con el fin de que más personas se animen a vivir la experiencia. "Yo pesco carpa porque es lo más accesible para mi, dentro de mi cotidianeidad. Puedo ir la Paseo de la Costa y disfrutar de la pesca y de un lugar bonito. Es lindo pescar, la sensación de tener enganchada una carpa en tu caña es única, otros deportes no te la ofrecen", subrayó.

"A mi me gusta difundirlo porque hay superpoblación de carpas y porque la pesca da mucha emoción y adrenalina", concluyó.

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