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Ser malvado no es la característica más saliente del humano

Ser malvado no es la característica más saliente del humano

Alguien ha querido convertir en realidad las declaraciones del presidente Trump sobre el atentado en Estocolmo, cuando el viernes un camión arrolló a decenas de personas, varias de las cuales murieron. La idea de que el ser humano es malvado por naturaleza se nutre de este tipo de actos aunque la violencia no es lo que nos ha hecho ser una de las especies con más éxito de la Tierra, sino todo lo contrario. En la Conferencia Mundial sobre la Violencia, celebrada en Sevilla en 1986, los diferentes investigadores y filósofos que asistieron firmaron una declaración en la que explicaban que era técnicamente incorrecto suponer que se produjo una selección del comportamiento agresivo en detrimento de otros comportamientos, y que la violencia jugó un papel fundamental en el desarrollo de la humanidad.

Actualmente se cuenta con un gran número de estudios en los que se demuestra que, con el fin de mantener los beneficios que supone la vida colectiva, los animales tienen numerosas estrategias sociales para controlar la violencia, evitar las confrontaciones y resolver los conflictos, de manera que sea sostenible seguir viviendo juntos. Esto es debido a que donde haya seres que viven en grupo, existe una necesidad de sus miembros de disminuir la inevitable competencia y dejar de lado las diferencias para mantenerse unidos.

Según la Universidad de Cambridge, este problema que conlleva la vida colectiva es universal para los humanos, y las estrategias para resolverlo son muy similares a las que usan otras especies.

El primatólogo Frans de Waal cree que para tener esta capacidad sólo es necesario reconocer individualmente a cada miembro y estar dotado de una buena memoria, habilidades que se encuentran en una gran variedad de especies. Los delfines y otros mamíferos marinos desarrollan relaciones con otros miembros que pueden durar toda una vida. Estas “amistades” de larga duración son un buen requisito previo para encontrar evidencias de reparación de las relaciones o reconciliación. Entre primates no humanos, las reconciliaciones son muy frecuentes y cada especie usa una secuencia con un conjunto de señales. Varias especies de macacos, tras un episodio de violencia, se acercan y emiten sonidos que parecen besos al aire, lo que indica que las hostilidades finalizaron. Tras realizar estos gestos, el equilibrio vuelve al grupo.

De todos, los chimpancés son la especie que más recuerda al ser humano, ya que se abrazan y besan cuando quieren “hacer las paces”, siendo este último el gesto reconciliador por excelencia de la especie. También extienden la mano abierta en símbolo de amistad o petición, y se consuelan cuando fueron atacados por terceros.

La conclusión de los científicos es que cientos de miles de personas pueden estar locas, carecer de la más mínima empatía o cometer actos atroces contra otros congéneres, pero si se tiene en cuenta que en el planeta conviven casi 8000 millones de personas, el porcentaje de locura y agresión pasa a ser prácticamente irrelevante. Si bien esto no soluciona los conflictos que inundan y perturban al mundo, sirven para mantener a salvo a la mayoría de la especie humana, cuya característica no es precisamente la maldad.

Estudio: Según los científicos, la violencia no fue la clave del desarrollo de la humanidad.

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