Pablo Montanaro
Neuquén.- Francesca Zapata (24 años) y Amira Luana (27) son conscientes de que lo que han conseguido no sólo es un paso trascendental en sus vidas sino, sobre todo, una conquista para el colectivo trans. Desde hace unos meses, estas dos chicas trans consiguieron un trabajo formal, “digno” como afirman, dejando atrás tiempos de oscuridad, de discriminación y de rechazos.
Una de las mayores y más importantes demandas de la comunidad de trans, travestis, transexuales y transgéneros de Argentina es el acceso al trabajo formal.
Amira no se imaginó jamás que aquella tarde que llegó angustiada hasta el monasterio de Carmelitas Descalzas de Centenario a pedirle ayuda a la hermana Mónica Astorga iba a ser el comienzo de un nuevo destino. Astorga y Luján Acuña, presidenta de una ONG conformada por mujeres transexuales, comenzaron a moverse para conseguirle un trabajo. “Ellas conocen a la familia Peláez y me dijeron que enviara mi curriculum a la Clínica Pasteur”, comenta. Unos meses después, Amira recibió la respuesta que tanto ansiaba: el 9 de junio empezó a trabajar en el sector Maestranza en el Centro de Rehabilitación de la clínica en la calle Alaska.
“Para mí es una gran posibilidad porque los chicos y chicas trans no tenemos lugar en esta sociedad, somos despojadas todo el tiempo, trabajando en negro o en la prostitución”, explica la joven que se crió en Barda del Medio y que a los 5 años ya sentía que no quería ser varón. “En jardín de infantes ya me sentía otra; después, lo notaba en los juegos, no me gustaba el fútbol, y en la secundaria un profesor lo captó enseguida y me dijo que jugara al vóley con mis compañeras. Fue un alivio. Me molestaban mucho las burlas”, describe.
Asegura que la vida con sus padres fue “durísima”. “Mis viejos se separaron y yo me fui a vivir con mi papá, que era muy conservador, pero igual me dio buenos valores. Cuando él murió, fue un alivio”, agrega.
Amira prefiere no mencionar su nombre de cuando era varón; lo sepultó. “No me hace bien acordarme”, dice y confiesa que fue la primera mujer trans en tramitar su DNI en Villa Manzano.
Afirma que su sueño es que sus compañeras dejen la calle. “Cuando las veo en la ruta o en las calles a la madrugada prostituyéndose, se me parte el alma”. Antes de despedirse para irse a su trabajo, agrega un segundo anhelo: “Quiero llegar a vieja”, ya que la expectativa de vida de las trans no supera los 40 años.
“Esta empresa eliminó los prejuicios y decidió darme una oportunidad para desarrollarme en el mundo laboral como cualquier otra persona”, expresa Francesca en el local de Rapipago de la calle Pampa, donde trabaja como cajera desde abril pasado.
Cuando Katiana Villagra le sugirió que enviara su curriculum a esta empresa, le hizo caso pero con la sensación de que podía ser un nuevo rechazo de los tantos que sufrió. Y se equivocó: “Me rechazaron de muchos trabajos, me decían que a la gente le podía molestar. Eso hacía que una se quedara con el miedo de ir a buscar empleo porque sabés que te van a rechazar”.
“Igualmente, lo que tenemos es que no nos damos por vencidas, salimos a pelearla a pesar de tener a la gente en contra”, argumenta.
“Mi niñez y adolescencia transcurrieron haciendo un papel que yo no quería, hasta que un día me enojé y dije basta. A partir de entonces mi autoestima mejoró, empecé a mirarme más a mí y no lo que decían los demás”, describe.
Comenta que su familia la rechazó y a los 19 años se fue de su casa. “Ahora mi familia defiende esto de la igualdad por la experiencia que tuvieron conmigo, porque entendieron que de otra forma no cambiaban nada”, explica.
“Este es mi primer trabajo en blanco, algo que no creí que pasaría en un largo tiempo y la vida me sorprendió. Estoy agradecida a la empresa por dejar los prejuicios de lado y fomentar la inclusión y la igualdad”, concluye Francesca.
Francesca Zapata (24 años): “Cuando empecé mi transformación, sólo escuché que iba a terminar mal o en la calle. Lo que tenemos las chicas trans es que no nos damos por vencidas, salimos a pelearla”.
Amira Luana (27 años): “Mi mayor deseo es que las trans puedan dejar de prostituirse en la calle y, en lo personal, llegar a vieja, ya que nuestra expectativa de vida no supera los 40 años”.
109 personas trans cambiaron su DNI en los últimos cinco años.
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