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La Mañana discapacidad

Superó los límites de su discapacidad visual en una carrera

Una rara enfermedad dejó a Virginia Arias casi sin visión. El sábado completó la Caviahue Trail.

La mayoría de las personas discapacitadas conviven con su condición desde el nacimiento. Pero a otras la discapacidad las sorprende a mitad de la vida, y es ahí cuando deben volver a nacer.

Hace cinco años Virginia Arias despertó casi sin poder ver, lo primero que se le vino a la mente era la sola posibilidad de imaginar una vida sin volver a disfrutar la sonrisa de su hijo, y aunque los primeros años fueron muy difíciles, hoy puede decir que a pesar de padecer un síndrome genético de retina, que le provoca una baja visión, es realmente feliz.

El sábado pasado logró vencer todos los pronósticos y corrió la carrera Caviahue Trail, recorrió 5 kilómetros en terrenos de montaña, por los que atravesó 7 cascadas, cruzó arroyos y realizó ascensos y descensos a una altura de 1400 metros sobre el nivel del mar. Y al alcanzar la llegada sintió que detrás quedaron todas las dificultades que le cambiaron la vida hace unos años.

“Yo no corría ni por tiempo, ni por kilometraje solo para demostrar que se puede. Que la baja visión existe y que estaría bueno que se pudiera conocer para que haya una real inclusión”, puntualizó Virginia.

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La carrera Caviahue Trail fue el primer desafío cumplido de muchos que están por venir para Virginia. Y no fue fácil, ella no avisó a los organizadores que tenía una disminución visual y en un momento de la carrera se perdió. “Levanté la vista y no estaban los demás corredores, pero un fotógrafo que me vio me guió el camino y pude seguir”, relató la mujer, quien además contó emocionada que al final unos niños la acompañaron en el último tramo para darle fuerza.

“No distingo a la gente en la calle”

El nombre científico de la enfermedad que padece esta neuquina, licenciada en Ciencias Políticas, es Goldman-Favre. Se trata de una degeneración en la retina por la que se va perdiendo la vista progresivamente y para la que actualmente no hay cura. Incluso es una enfermedad que padecen muy pocas personas en el mundo y que en Argentina se conoce muy poco.

Cuando a Virginia la sorprende esta pérdida de la visión estaba en un alto cargo dentro del Gobierno neuquino, como politóloga. En ese momento su felicidad pasaba por el éxito laboral.

“Trabajaba mucho y el cuerpo siempre da señales. Me acuerdo de esa mañana que me desperté y veía todo nublado y se me vuelve a poner la piel de gallina. Lo primero que me decían los doctores era que se trataba de una ceguera por stress, no daban con un verdadero diagnóstico hasta que me atendí en Buenos Aires con un especialista que además de ser un genio, es un hombre muy sabio y me ayudó a salir adelante”, relató la mujer de 46 años.

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Viviana aclaró que “no” es ciega y que tampoco usa bastón blanco. “Pero hace tiempo que asumí que tengo una discapacidad y aunque me costó mucho tomar la decisión de sacar el carnet de discapacitado en el Jucaid, hoy entiendo que era una necesidad”, expresó a LMN.

Con el tiempo de padecer esta enfermedad se acostumbró a lo que sí puede ver de su alrededor. “La visión es muy mental, son sensaciones, cuando ves bien y de un día para el otro no ves, parece que no ves nada. Pero ahora ya me acostumbré a lo que sí veo”, explicó la mujer que además dijo que se fue adaptando hasta por ejemplo en el uso de zapatos bajos por precaución.

Desde que comenzó el tratamiento pudo paliar su dificultad con anteojos con diferentes filtros, aunque la visión de esta mujer, según explicó ella, es como dentro de un túnel. “Yo no veo para los costados y por eso esta carrera en montaña significaba mucho para mí”, describió.

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Además, para Virginia la llegada de la noche significa la caída de un telón negro. De noche ya no ve. Esta enfermedad es progresiva y en muchos países está identificada con bastones verdes aunque en el país no está avanzada esa identificación.

“Me pasa muchas veces que quizás voy por la calle y no saludo pero es porque no distingo caras, no las reconozco a las personas y no las veo si me pasan por el costado. Los que ya conocen mi discapacidad me tocan el hombro para saludarme”, describió.

Virginia no siempre fue deportista, más bien antes de ser diagnosticada con esta enfermedad tenía problemas de sobrepeso y no se ejercitaba. Pero a partir de su vuelta a nacer encontró mucho placer en otras cosas, como por ejemplo el deporte y las carreras para la que se venía entrenando hace mucho tiempo.

“Yo creo que esta enfermedad dejó salir a la verdadera Virginia. Empecé a hacer lo que me gusta, me detengo en lo que creo que hay que detenerse como por ejemplo una sonrisa, una flor y vivo feliz, antes no”, confesó.

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