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Terrón de Azúcar, el viejo mirador de los neuquinos

Estaba ubicado en el filo de las bardas, hacia el oeste. Desapareció a principios de la década del 80. Muchos vecinos aún lo recuerdan.

Durante varias décadas fue el mirador natural elegido por los neuquinos. Era cuestión de que cualquier visitante llegara a la capital para que lo llevaran al punto más alto de la ciudad para admirar todo el valle hasta el río Limay.

Lo llamaban el Terrón de Azúcar, por su forma cuadrada y su consistencia arenosa, una extraña formación rocosa que desapareció a principios de la década del 80.

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El famoso terrón estaba ubicado en lo más alto de la barda, a la altura del cementerio El Progreso, por la calle Combate de San Lorenzo al final, un lugar que parecía remoto debido a la poca densidad demográfica que tenía la ciudad porque la zona oeste todavía no había sido urbanizada en su totalidad.

“Cuando iba con mis padres a Plottier, por la calle San Martín ,se veía muy clarito, mirando hacia las bardas, a 1000 o 1500 metros oeste de la ciudad”, dijo Alfonso Serraiotto Simoni. Vecino de Neuquén

El peñón tenía una altura de casi 2 metros por unos cuatro de largo, por lo que era una gran tentación subirse en lo más alto para contemplar desde allí todo el paisaje.

Al lugar no sólo concurrían los adultos para mostrarle Neuquén a los familiares que venían de otras ciudades. También los niños y adolescentes que vivían en cercanías lo elegían para jugar y realizar exploraciones en un entorno natural virgen y agreste, como también ocurría como en otras formaciones famosas de la época como la Boca del Sapo, ubicada donde hoy se levanta la nueva Legislatura de la provincia, que también desapareció.

“Si habremos ido al Terrón de Azúcar y la Boca del Sapo, ¿se acuerdan? Los paseos a la barda eran nuestro hábito, nuestra cultura, nuestro turismo cotidiano”, dijo Mirta Cristina Santos. Vecina de Neuquén

Por desgracia, aquella roca de arena y piedras no sobrevivió al paso del tiempo ni a la acción del hombre. Además de la erosión que le provocaba la visita de miles de personas, a finales de la década del 70, el lugar fue utilizado por el Ejército Argentino para realizar maniobras militares.

Se sabe que en 1978, durante el conflicto con Chile por el Canal de Beagle, muchos puntos de la ciudad eran estratégicos ante una eventual guerra. El lugar más alto de las bardas fue uno de ellos y allí se realizaron numerosos ejercicios. Aunque la guerra nunca se concretó durante los años que siguieron, el Ejército realizó prácticas de tiro para instruir a los “colimbas”.

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Algunos soldados que hicieron la conscripción en 1982 recordaron a través del grupo Neuquén del Ayer, en Facebook, muchas maniobras que se hicieron con artillería pesada en el mismo lugar donde estaba el Terrón de Azúcar.

“Si se fijan en la foto, es una formación de canto rodado unida con arcilla sin cocer. Es muy factible que las lluvias y el viento lo hayan erosionado rápidamente”, dijo Jorge Daniel Taboada. Vecino de Neuquén

“Hice la colimba en el año 1982. Estuve presente cuando el Ejército realizó pruebas de explosivos. ¡Pusieron el chasis de un camión arriba del Terrón de Azúcar y lo hicieron volar con trotil! ¡Justo arriba del cementerio El Progreso!”, comentó el usuario Torito Contreras, en el grupo. Otros soldados también testimoniaron que en toda esa zona también se hicieron ejercicios militares con minas terrestres, inclusive mucho antes de los 70. “En la década del 50, el Ejército practicaba tiro con el Terrón de Azúcar. Desde la escuela 125 (hoy Bouquet Roldán casi Belgrano) se veían los cañones a unos 200 metros al oeste (en esa época era todo campo desértico) apuntando al noroeste”, comentó Alfonso Antonio Serraiotto Simoni.

Más allá de las apreciaciones sobre las épocas en las que se hicieron estas maniobras, todos coinciden en que la desaparición fue producto de los reiterados disparos.

La formación de piedras y arena estaba ubicada en el filo de la barda, a la altura del cementerio El Progreso. Varias generaciones lo visitaron.

“Lo destruyeron los militares del Batallón que siempre probaban el fuego de ametralladoras en el terrón. Y así lo hicieron por muchos años”, recordó el periodista Raúl Ventureira en la misma publicación.

De las últimas imágenes que se tienen registro pasaron más de 40 años. La ciudad creció de manera explosiva hacia el oeste y el norte ocupando terrenos que alguna vez fueron desiertos. A lo largo del filo de barda se encuentra la urbanización hacia la zona de la Meseta que sigue avanzando sin pausas sobre jarillas, alpatacos y chañares que sobreviven en el arenal.

Quedan los testimonios gráficos y orales de quienes lo conocieron y visitaron, los que protagonizaron maravillosas aventuras en la niñez y quienes se subieron a lo más alto para contemplar el valle o tomar fotografías familiares.

Aunque ya no esté, el Terrón de Azúcar es parte del recuerdo y se mantiene en la memoria de miles de neuquinos.

(Las imágenes que ilustran esta nota pertenecen a la profesora Elsa Esther Bezerra y a Jorge Daniel Taboada, en la página de Neuquén del Ayer, de Facebook).

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