Después de haberse soñado mil veces en los escenarios más masivos de Neuquén, Agustina “Tini” Calderón convirtió sus anhelos en realidad en el último aniversario de la ciudad, donde cantó como solista soprano junto a la Orquesta Sinfónica del Neuquén e impactó al público con su elocuente talento. Instalada en Austria, repasa su carrera y los nuevos sueños que improvisa para el futuro.
Aunque no nació en la capital de la provincia, Tini se siente una auténtica neuquina. Llegó a la ciudad con apenas un año y medio y transcurrió su infancia y su juventud a la orilla del río, en la casa que compartía con su familia en el barrio Jardines del Rey. Cursó todos sus estudios en el Colegio Don Bosco y asegura que desde muy chica se le notaba que quería ser artista.
Con unos pocos años, ya jugaba a actuar, a bailar, a cantar y a disfrazarse. Junto a su primo montaron una radio de fantasía, y ella siempre soñaba con trabajar en algo ligado a las presentaciones en público, pero su primer contacto serio con la música llegó recién a los 8 años.
Por esa época, sus papás la anotaron en clases de guitarra para seguir los deseos de una de sus amigas y, de paso, compartir el traslado en un solo auto. “Siempre nos anotaban en actividades con amigas y vecinas”, se ríe Tini, que confesó que el instrumento “no se le daba bien” porque tenía los dedos demasiado duros.
Sin embargo, Tini acompañaba los arpegios de la guitarra con su voz, y los profesores no tardaron en detectar que tenía un talento natural para el canto. Así, la invitaron a participar de la grabación de un disco, donde hacía las segundas voces para algunas canciones. “Grabamos en un estudio de la calle Alderete y ahí la profesora de canto le dijo a mi mamá que me tenía que mandar a clases”, relata.
Como llevaba la interpretación casi como una rutina intrínseca, la anotaron en clases de comedia musical en la academia Desafíos, muy cerca de la ruta. Tini tomaba clases de danza y de actuación, pero se destacaba sobre todo en el canto. Así, comenzó su preparación universitaria incluso antes de terminar sus estudios en el Don Bosco.
“A la mañana iba a la escuela y a la tarde me iba a Roca para cursar en el IUPA”, explicó. Cuando terminó el secundario, se mudó a la ciudad rionegrina para estudiar durante un año, y luego se mudó a Córdoba, donde continuó su educación en una escuela de música que hoy forma parte de la Universidad Provincial.
Su discurrir artístico continuó en Buenos Aires, donde comenzó a prepararse para ingresar al Teatro Colón. Aunque llegó a las instancias finales, no pasó el último examen y fue entonces cuando decidió girar el rumbo de su carrera: se mudó a Salzburgo para comenzar una maestría en ópera en una prestigiosa universidad austríaca.
Si bien extraña a su familia, a sus amigos, al río y al viento de Neuquén, Tini se adaptó con facilidad a la vida europea, donde mantiene una agenda completa de actividades. Sin renunciar a los mates de la mañana, la joven se las ingenia para practicar yoga y meditación, cursar en la universidad y ensayar para las presentaciones en público, al tiempo que trabaja como niñera y como recepcionista en un hotel.
En su última visita a la ciudad y de manera muy “fresca y espontánea”, concretó la posibilidad de cantar acompañada por la Orquesta Sinfónica, en el marco de los festejos por el aniversario de la ciudad. Así, Tini llevó todo su talento al parque Jaime de Nevares, en un evento al aire libre que la tuvo como principal protagonista.
“Volver a cantar en la ciudad se siente muy bien, una emoción enorme, algo que tenía muchas ganas de hacer”, afirma la cantante, que siempre asistió a los festivales y la Fiesta de la Confluencia como parte del público y se preguntaba si algún día le tocaría pisar las tablas de esos escenarios para hacer resonar su voz entre los presentes.
Aunque no le gusta hacer planes demasiado rígidos para su futuro, Tini se imagina viviendo más años en Europa, y afirma que está encantada por la belleza de Salzburgo, que es la ciudad natal de Mozart. Sin embargo, aclara que prefiere avanzar paso a paso, con fuerza y perseverancia, pero dejando que el destino la sorprenda con nuevos sueños cumplidos a través de la música.
La joven cantante sabe que dedicarse de manera profesional a la música requiere de una dosis extra de templanza y dedicación. Sin embargo, aclara que su familia siempre apoyó sus decisiones y que, en cada paso que da, recurre a la mirada cómplice de su papá, que apoya todas sus nuevas aventuras.
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