Tristeza y dolor frente al domicilio del intendente

Funcionarios, allegados y amigos concurrieron al edificio en el que murió el intendente en la madrugada del sábado. "Es imposible medir la trascendencia de lo que ha pasado; ahora tenemos que ver cómo superamos algo que parece imposible de superar", dijo César Gass, presidente de la UCR local.

“Un baldazo de agua fría”. Esas palabras usó César Gass, presidente de la Unión Cívica Radical (UCR) en Neuquén, para describir la noticia que cundía como una bruma helada en la esquina de Buenos Aires y Teniente Ibáñez, a la vera del departamento donde, apenas unas horas antes, habían encontrado el cuerpo sin vida de Horacio Pechi Quiroga.

Una mezcla de sol caliente y viento fresco confundían a los allegados a Pechi, que se habían concentrado en el lugar en busca de una noticia o un abrazo de consuelo. Algunas de las hijas del mandatario local, amigos y sus principales asesores estaban en el piso 12, en su departamento, y bajaban a dar unas escasas noticias al hall.

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En la puerta, tres jóvenes hacían intentos vanos por enjuagarse las lágrimas y bajaban la cabeza cuando algún transeúnte curioso se detenía en su paso un poco más de la cuenta para conocer el motivo detrás de la presencia de policías y móviles de prensa.

Del otro lado del vidrio, tres policías uniformados custodiaban el paso del tiempo, mientras el portero del edificio hacía malabares para recibir a los habitantes cotidianos del inmueble y evitar el ingreso de curiosos. En el sillón del hall, Yenny Fonfach, secretaria de Desarrollo Humano de la Municipalidad, se deshacía en lágrimas y ocultaba el rostro en un abrazo apretado.

Sergio Sanfilippo, ex secretario de Servicios Urbanos Municipales, fue uno de los primeros en llegar al edificio, y aguardaba por la llegada de otros allegados para ofrecerles consuelo. “Pechi siempre dijo que se quería morir así, solo, y sin molestar a nadie”, relató.

Los ojos celestes de César Gass estaban llenos de lágrimas cuando trató de poner en palabras la sensación del momento, que incluía una mezcla de dolor profundo y abrupta sorpresa por la muerte de uno de sus líderes más carismáticos.

“Es imposible medir la trascendencia de lo que ha pasado; ahora tenemos que ver cómo lo velamos y cómo superamos algo que parece imposible de superar”, expresó el líder radical sobre la muerte de Pechi, cuando aún se desconocían los detalles de su despedida. Aunque reconoció que lo había visto mal de salud en sus últimos encuentros, aclaró que no se esperaba un desenlace tan abrupto.

Ante la presencia de dos policías en moto y un sinfín de rondines policiales que custodiaban el lugar, unos pocos allegados se quedaron en el edificio a la espera de alguna noticia. Todo era pura incertidumbre cuando salió del complejo de departamentos Guillermo Castejón, secretario de Obras Públicas, que, como todos, saludó a los presentes y pintó un paisaje de los últimos días del intendente. Después, se alejó caminando en silencio y sostenido en un abrazo.

El clima tenso del mediodía se hacía notar entre los peatones que pasaban por esa céntrica esquina, y observaban el lugar sin sospechar que adentro, la familia de Quiroga trataba de decirle adiós al histórico intendente de Neuquén.

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