"Tuve que aprender a bancarme las críticas"

Fernando Vázquez. El líder de Rombai. Creador de Márama y ahora participante de "Bailando por un sueño", dice que está comenzando a aceptar los reproches del jurado.

Paula Bistagnino

Especial

Todo empezó a partir de un video filmado con el celular con sus compañeros de la Universidad en Montevideo, todos estudiantes de Comunicación. Apenas lo subieron a Youtube, hubo una explosión de visitas que los sorprendió hasta a ellos. “Empezó como algo fiestero de gente de 20 años que quiere salir de joda con los amigos”, confesó. Entonces llegó el segundo video y ya estaba plantada la semilla Rombai, la banda de cumbia pop uruguaya que junto con Márama forma el nuevo gran fenómeno musical sudamericano. Pero lo cierto es que la “carrera” de Fernando Vázquez ya había empezado antes, cuando fue el productor de Márama, el grupo que inició el fenómeno.

Una familia conservadora: Fernando contó que sus padres querían que estudiara Ingeniería Química y que ni locos lo iban a dejar ser músico.

El primer video: “Empezó como algo fiestero de gente de 20 años que quiere salir de joda con los amigos".

Este chico uruguayo de 22 años, criado en Montevideo en una familia bastante conservadora, según sus propias palabras, soñaba desde chico con cantar y hacer música. De hecho lo hacía, pero siempre paralelo al estudio, que era lo que le exigía su familia. Su sueño cuando terminó el secundario era estudiar música en Buenos Aires, piano en particular, e intentar hacer una carrera musical. Pero sus padres le dijeron que “ni locos lo iban a dejar”, sobre todo su padre: “Uruguay en general es más conservador que la Argentina. Y mi papá encima es del interior: él odia desde los tatuajes hasta todo lo que tenga que ver con el espectáculo. Él quería que estudiara Ingeniería Química. Pero no, yo no quería”, dice ahora el nuevo ídolo de chicos y adolescentes, que son sus principales seguidores y colapsan sus shows, sus redes, su viralización imparable que en dos años lo llevó a no poder caminar por la calle, tanto en Uruguay como en Argentina, y ahora también en Chile y Paraguay. Tanto pasó que ya tienen película-documental propio: Márama-Rombai: el viaje.

Hay grupos y bandas que hacen una película a los diez o veinte años, no a los dos… ¿Cómo vivís este fenómeno?

Tenés razón. Yo siento como si hubieran pasado un montón de años. Es impresionante. Y por momentos no lo puedo creer. Lo vivo con naturalidad pero todavía me pasa que escucho una canción mía en la radio y digo: ‘Pa, qué lindo esto’. Intento disfrutar lo más posible, aunque a veces son tantas las responsabilidades y el ritmo tan vertiginoso que se hace difícil.

¿Qué es lo que más te cuesta o lo que padecés de esta exposición y fama repentinas?

La parte que más me costó fue Showmatch. Aparecer ahí, en esa pantalla, y que me den piñas, ufff... Yo no lo tenía tan pirado al programa y no me había dado cuenta de que les daban tanto palo a los participantes, y es difícil, realmente difícil. Entré ya cruzado y pensé que era algo personal conmigo porque no entendía bien qué pasaba. Y llegué a estar triste porque me llené de inseguridades: empezaba a replantearme las cosas que me decían ahí de mi personalidad. No entendía, me ponía mal, y me costó entender que era un juego y que de eso se trataba.

¿Terapia o autoanálisis?

Autoanálisis. Era algo que tenía que resolver yo con mis herramientas, con mi alma, con mi corazón. Y me di cuenta de que me faltaba un poco liberarme e intentar ser yo de verdad, más allá de lo que dijera el resto. Eso fue liberador, porque yo venía pensando que quizá la tele no era para mí, que yo no servía para eso. Ahora digo que sí, que es para mí: pero lo tuve que aprender y trabajar.

¿Por dónde pasan los proyectos?

Estoy tratando de disfrutar el momento, ahora con la peli, que se estrena en Buenos Aires como en 25 cines. Es increíble todo. Quiero disfrutarlo y no estar siempre pensando en más arriba y más arriba. Pero sí sé que quiero seguir visitando lugares, conociendo gente, ciudades, costumbres, pensamientos, y que les gusta tu música… En dos años es como si hubiera vivido diez.

Que a los 20 años te caigan el éxito, la fama, la plata, etc. puede llevar a perderse fácil. ¿Qué hacés para intentar mantener un centro o los pies en la tierra?

Creo que los valores que a uno le enseñan desde chico, y en eso mi viejo siempre fue muy serio y perfil bajo, son fundamentales. Aunque yo soy muy diferente a él, porque él es muy cuadrado, se viste de negro y azul siempre… Imaginate. Pero eso me sirve para esto. Y también practico meditación, que me ayuda mucho. Creo que hoy, más allá de la fama que me toca, es muy difícil parar la cabeza. Tengo amigos que por ahí están un poco zafados para el lado de las drogas, buscan también una tranquilidad y un punto en blanco en su cabeza. Yo busco eso también, pero por un camino más sano: meditación y deporte. Pensás en cosas simples y tu cabeza se despeja. Si no, te volvés loco, loco en serio, eh. Trabajo todos los días para eso.

¿Hubo un momento de querer que se pare todo?

Sí, sí. Hay de esos momentos.

¿No hay celos con Agustín (el líder de Márama)?

No, somos un equipo, empezamos juntos, lo admiro, somos compañeros y además la música es para compartir. Todo esto lo disfrutamos juntos.

Venís de cantar con Rombai en Bariloche… ¿Cómo la pasaste?

Sí, qué lindo. Estuvimos el año pasado por primera vez para filmar el videoclip "Adiós". El año pasado fue muy emocionante porque conocí y pisé la nieve por primera vez. Y eso que había poca… Este año está increíble: me caí de cabeza intentando esquiar, porque no sé, pero fue espectacular. Me encantan la nieve, el frío, la montaña, la tranquilidad de la naturaleza y también la adrenalina. Es muy hermosa la Patagonia.

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