Un acuerdo para no espantar inversiones en un año electoral

POR FERNANDO CASTRO / fcastro@lmneuquen.com.ar

Desde el minuto uno, el “blindaje” de Vaca Muerta recibió los embates de un fuego no tan amigo. Por ahora, el paraguas protector aguanta. Es ese momento en el que el empuje de las inversiones y el empleo del último año todo lo pueden. Hay algo para cuidar, para proteger, y por eso se lo cuida. Al margen de que es imposible no caer en la tentación de decir que blindaje es un término que le queda muy bien por enésima vez a esa propensión que tiene esta provincia -y el MPN- de abroquelarse a la primera de cambio ante ese otro que llega para quedarse con “lo nuestro”.

En esta versión no convencional de la historia neuquina ese otro puede, con sus conflictos, con su voracidad, que no es otra que la de querer estar mejor, provocar daño. Ese otro puede quedarse con el empleo de los neuquinos o poner en duda cierto clima de Alicia en el país de las maravillas que por momentos invade a la realidad de muchos neuquinos (aunque el día a día de otros miles nada tenga que ver con eso).

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Hay ideas grandilocuentes de décadas pasadas en las que esta provincia parecía tener un destino fatal de república. Es cierto, lo dice el himno, Neuquén es “compromiso” y que lo “diga la patria”, pero a veces es un compromiso que se vuelve sobre sí mismo. Como sea, lo cierto es que hay un acuerdo del sindicalismo crucial, el gobierno y las petroleras para mantener la maquinaria andando en Vaca Muerta.

De los importantes están todos menos... uno. Un sindicato central como el de Camioneros, liderado por Hugo Moyano, bastante amigo de Guillermo Pereyra, el titular de los petroleros privados, con quien supo compartir la conducción de la CGT nacional, dijo que no, que ese corset a cierto margen de las protestas no estaba dispuesto a respaldarlo. Lo cual implica que el blindaje, en parte, sea uno a medias, que pende del hilo de las protestas nacionales de las que, acaso, haya más de una en lista de espera en la tumultuosa ruta que puede preverse en la curva de entrada al año electoral.

Los camioneros, hasta que esté el Tren de la Norpatagonia (o de Vaca Muerta, como el lector prefiera), son artífices de la llegada de la carga pesada que cruza parte del país hacia Neuquén. Por eso, que no estén podría ser algo determinante. Por lo demás, no deja de ser algo diferente. El gobierno se muestra más rápido de reflejos que lo habitual a la hora de ahorrarse conflictos en el arco sindical. Si bien es cierto que dentro del Estado en ocasiones le basta para levantar un teléfono para llegar al, digamos, entendimiento, mientras que con otros sectores, por caso los docentes, cualquier negociación que encare es casi una caja de Pandora.

Hay unos 7000 millones de razones (o dólares) que anunció presurosamente Gutiérrez en inversiones petroleras para el año que viene. Si termina sucediendo, elevarán la vara de la actividad de los dos últimos años, donde no se superaron los 5000 millones y fue suficiente para convertir a Neuquén en una isla que sobrelleva mucho mejor los embates de la crisis económica. Lo sabe todo el país y en particular el intendente de Añelo, Darío Díaz, que sale a apagar el fuego de la deuda social producto de los que llegan y de inmediato saben que no es tan fácil conseguir trabajo y que tampoco hay para todos.

La Uocra gozó de ese veranito con el despegue inusitado del área Fortín de Piedra. Hubo unos 4500 empleos directos que se crearon. Junto con los petroleros, son las dos patas esenciales en que se apoya el acuerdo, en el que también en un año electoral el gobierno busca no tener conflictos. Sí, también blindarse .

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