Un mundo sin sorbetes

Son muchos los que aún se sorprenden con la decisión de comerciantes y restaurantes de dejar de entregar sorbetes de plástico con las bebidas. Algunos lo ven como una intención de ahorrar gastos disfrazada de conciencia ambiental, pero lo cierto es que los países de América Latina son considerados las naciones con menos programas de reciclaje, por lo que reducir el consumo de estos productos parece ser la única alternativa para dejar de contaminar.

Se afirma que por año se desechan más de 242 millones de toneladas de plásticos en el mundo y se estima que, de seguir por este camino, en 2050 se arrojarán más de 12 mil millones de toneladas, que terminarán convirtiéndose en los principales contaminantes de los ríos y los océanos.

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Aunque parezca imposible, un pequeño cambio de hábito puede cambiar el mundo.

Comenzar por acciones simples, por más pequeñas que parezcan, parece ser el primer paso para generar un cambio de conducta que busque detener este problema a tiempo. En Argentina ya no se entregan sorbetes de plástico. En Brasil, los fabrican de papel acartonado, con el objetivo de generar un desecho biodegradable y, en consecuencia, con menor impacto ambiental.

Sin embargo, otros países con economías más fuertes hacen caso omiso a esta preocupación. En cualquier comercio de Estados Unidos se entregan envases plásticos de alta densidad, en forma de platos, cubiertos y vasos. Y también sorbetes, que se usan por apenas unos minutos y pasan a contaminar el planeta por cientos de años. Olvidarlos es la tarea pendiente que demostrará que su potencia no los exime de pensar en sacrificios para cuidar al medioambiente. Un pequeño cambio de hábito puede ser la primera piedra de una solución global a los problemas ambientales, que se vuelven cada vez más evidentes. En ese contexto, y aunque parezca imposible, una nueva forma de beber puede cambiar el mundo.

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