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Un pueblo rural que perdió la tranquilidad con los sismos de Vaca Muerta

En Sauzal Bonito hay nuevos pobladores que hicieron casas de descanso para una vida de jubilados. Hoy perdieron esa calma ante la amenaza de rocas que pueden desprenderse.

Sauzal Bonito es un pueblo que se quedó en el tiempo, pero está en una zona neurálgica en Vaca Muerta. Se hizo conocido por los 250 sismos que tuvo desde 2015, y sus casi 400 habitantes perdieron la tranquilidad de esa vida rural criancera y de raíces mapuche.

Es un poblado donde mucha gente ha comprado terrenos y chacras, para hacerse casas de descanso en los fines de semana. Pero desde que comenzó la seguidilla de sismos, la gente perdió el clima apacible y de silencios. Tiene un paisaje majestuoso, de faldeo de rocas gigantes que hoy están en peligro de caerse, debido a los sismos.

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En la entrada del pueblo, a 8 kilómetros hacia el norte de la Ruta 17 pasando Añelo, se ubica la Escuela 243 del poblado y hay que hacer más de cinco kilómetros para llegar hasta el centro. Es un camino de tierra, como una suerte de cauce de río. En 2006 Sauzal Bonito casi desaparece por una inundación y está signado por volver a hacer obras de infraestructura. Cuenta con electricidad, pero no gas natural, salvo por los zepelín y las garrafas.

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“Nosotros somos grandes, tenemos una vida vivida fuera del lugar, pero vinimos acá para quedarnos. Hicimos nuestra casa, tenemos nuestro lugar y sin intenciones de irnos, no nos vamos a ir, estamos sufriendo mucho”, expresa Noemí Painevil quien junto a su esposo Carlos Pérez se asentaron y construyeron una casa para pensar una vida de tranquilidad.

“Somos los dos jubilados, dijimos que nos íbamos a hacer la casa acá, porque hay tranquilidad. Nuestros hijos viven en Cutral Co y nos costó mucho el desarraigo, pero la tranquilidad no está acá en este momento, asusta vivir”, agrega la mujer.

Julio Almirón era policía y ahora de jubilado cuenta que le gusta mucho vivir con su esposa, Matilde Rosales, en Sauzal Bonito. “Vivir acá es tranquilo es como una elección de vida para nosotros. Este lugar no tiene precio, pero no sabemos hasta qué momento vamos a tener esta tranquilidad. Acá no tenemos vecinos. Te tiene que gustar”, dice Julio, quien vive frente a la única escuela, cerca de la Ruta 17 y muy lejos del centro de Sauzal Bonito.

Ariel Zapata vive en unas de las última casas que tiene la localidad, a casi 8 kilómetros de la Ruta 17, frente a una especie de muro arcilloso donde todos los días escucha el crujir de las rocas. En el últimos sismos de 4,5 ML se desprendió una gran roca de unos 20 metros de altura. Y hay pedazos por todos lados.

"El día que realmente pase algo, yo voy a ser el primero al que le van a aplastar la casa", dice, mientras señala un gran peñasco arcilloso frente a su vivienda.

Esa situación aún no se da de milagro. Mientras tanto, con los sismos menores, Ariel vive en estado de alerta, entre la tranquilidad y los silencios, que se interrumpen con las explosiones de los sismos y el crujir de las rocas.

3- Sauzal Bonito, el pueblo que perdió la tranquilidad.mp4

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