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La Mañana guardavidas

Un viaje al interior del rescate del guardavidas

Darío Rosas le contó a LM Neuquén los bemoles de cortar las olas para salvar vidas ajenas.

Cuando ocurre una emergencia en Las Grutas y se activa el operativo de los guardavidas, lo primero que se observa es la moto de agua del equipo que sale raudamente.

Allí, brincando sobre las olas como si fuera un caballo indomable, suele ir Darío Rosas, el rescatista oriundo de San Antonio Oeste que cumple este año 20 como integrante del cuerpo, y que desde hace diez es uno de los timoneles a cargo de conducir la nave.

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La analogía con caballo no es antojadiza, pues él mismo dice que muchas veces, cuando el mar se pone riesgoso para los bañistas, termina tan cansado su jornada, “como andar a caballo todo el día galopeando”, sostiene el muchacho de 43 años.

“Lo sentís en la columna, en las piernas, en los brazos”, enumera señalando el cuerpo.

Pero no es una queja. Más bien son expresiones de quien se siente satisfecho de lo que hace, porque siente la vocación y tiene arraigada la responsabilidad nada menor de salvar vidas.

“Terminas el día cansado, es cierto. Pero es lindo, porque sentís que cumpliste y que no pasó nada malo. Te sentís renovado. Que no pase nada malo es genial”, enfatiza.

Rosas dice que la máquina es “una herramienta fundamental” para lograr rescates, y que a partir de la incorporación al cuerpo hubo un antes y un después.

“La conozco como si fuera mía, porque tiene sus cosas. Sé cómo reacciona. La moto no frena; frena cuando la desaceleras. Pero sigue andando igual y podés chocar a un compañero o a la propia víctima”, explica.

Y en esos momentos de tensión no solo hay que actuar con rapidez, sino también con aplomo.

“Hay que tener frialdad. No ser ansioso”, resume, y transmitirle esa tranquilidad a la persona que se busca rescatar, que muchas veces están asustados y en crisis.

Allí Rosas se acerca con el vehículo e instruye a la víctima para que se aferre a una de las manijas de la camilla que arrastra.

En sus años de trayectoria ha logrado innumerables rescates tanto en la moto, como a nado.

Nadador nato

Como muchos jóvenes de San Antonio, Darío aprendió a nadar de chiquito en la ría que baña la parte norte de la localidad.

“No nada bien, porque nunca tuvimos instrucciones”, admite.

Al llegar a la adolescencia se trasladó a Bahía Blanca para sumarse a la Marina, en una partida que recuerda como “rebeldía de pibe”.

Cuatro años estuvo en la fuerza, y por cosas de la vida volvió en el 2.000 a San Antonio y de inmediato se sumó al equipo de guardavidas que sumaba integrantes.

Venía con más preparación para desplazarse en el agua, pero no alcanzaba a completar las aptitudes necesarias.

“Pero metía los tiempos, lo que significaba que estaba en condiciones para ser guardavidas”, subraya.

Así fue incorporado junto con otros muchachos más, con quienes comenzó a perfeccionar el estilo de nado y técnicas de rescate, con el aporte de profesores de educación física.

Los veranos transcurridos le dieron la experiencia y la madurez que requiere el puesto.

Con un detalle que subraya no es menor: “Siempre metimos tiempos de la revalida que hicimos en el 2.000, que no es fácil para cualquiera”.

En 2010 el municipio de San Antonio adquirió la moto, y tras realizar las capacitaciones correspondientes fue designado como su primer timonel. Hoy esa labor la coparte con otros dos compañeros que cumplen otros turnos.

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"Terminas el día cansado, es cierto. Pero es lindo, porque sentís que cumpliste y que no pasó nada malo", afirma el rescatista.

"Terminas el día cansado, es cierto. Pero es lindo, porque sentís que cumpliste y que no pasó nada malo", afirma el rescatista.

Detector de crack

La otra pasión de Rosas es el fútbol y la dirección técnica en categorías infantiles.

Desde hace varios años conduce una escuela que se inició en el club Rácing local (equipo del que es hincha), y que ahora la continúa de forma particular.

Es uno de sus orgullos, porque ha logrado promover a varios chicos que llegaron a incorporarse a divisiones inferiores de clubes de AFA, donde las pruebas son rigurosas.

Detalla una extensa lista de nombres de chicos que continúan en esos equipos y otros que sumaron a categorías de ascenso.

Él también fue el primer que dirigió a Dereck Frank, en nene de 10 años apodado “el Messi rionegrino” pretendido por Boca Juniors y Lanús.

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