Una artista neuquina a la que el cielo de África le cumplió el deseo

Susana Comezaña triunfó en Europa, pero su corazón está en Marruecos. Ahora lleva a artistas de la provincia para que se perfeccionen.

POR ALFREDO ENRIQUE / enriquea@lmneuquen.com.ar

Susana Comezaña está convencida de que “el universo se complotó” para que África le abriera las puertas a su obra. Pero luego rebobina y admite: "Recordé que, en algún momento, se lo había pedido al cielo".

Se trata acaso de una de las artistas plásticas neuquinas más admiradas en el mundo. Su talento, fruto de una inacabable inspiración que encontró en la Patagonia, le permitió llevar sus muestras a Francia, Alemania, Suecia, Austria; también a países de la región y especialmente a África, donde asegura sentirse como en casa.

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Comezaña no solamente hizo un singular aporte a la cantera de grandes talentos de las artes visuales con sus obras, sino también como docente en los principales centros educativos de la región. Y ahora lo hace con sus colegas que ya tienen una trayectoria y también con los que vienen pidiendo pista con trabajos de considerable factura.

En 2012 llegó a Dakar, Senegal, para participar de una bienal y rápidamente fue convocada a visitar Marruecos; luego siguió por Egipto, donde pudo comprobar que en sus trabajos ya había rasgos de jeroglíficos y textos coptos. Posteriormente, retornó a Marruecos para cumplir su primera residencia en arte contemporáneo.

Comezaña asegura que fue “la experiencia soñada". "Recordé que yo se lo había pedido al cielo en algún momento, y allí estaba. El cielo escucha. El lugar era junto al mar, un espacio para mí sola, un tiempo único de reflexión y luego de acción. Allí planté la semilla de lo que es hoy mi trabajo, me dije 'esto debo compartirlo', y fue el principio”, cuenta.

No sólo el talento que puso en su obra le permitió a la artista hacerse un lugar en Marruecos, sino también los contactos que le facilitaron formar parte de una asociación denominada Arkane cuyos directivos “con generosidad y enorme sentido de la proyección, idearon cómo dar forma a estos trayectos en arte contemporáneo que se han convertido en sí mismos en experiencias de transculturación”.

Arkane permitió inicialmente que Comezaña invite, de a uno, a artistas como Matilde Marín, Julio Flores, Roberto Queijo, Julieta Chiappano y Ana Zitti, para la Bienal de Arte Contemporáneo de Casablanca. Pero este año serán varios los artistas locales que tomarán parte de la residencia de 15 días.

La asociación se hace cargo de todos los gastos y del material necesario para los artistas. Sólo acuerda, a cambio, compartir las ganancias de las obras.

“La residencia implica transitar un momento de introspección para el artista. Donde el ser y el estar gestan un nodo de vibración que tomará forma en una nueva producción. Compartir atelier con colegas de orígenes diferentes, observar, escuchar, intercambiar. El potencial de estos gestores se sublima. Para hablar de datos específicos, el tiempo de duración es de 15 días; el espacio es Sidi Bouknadel, Marruecos; el contexto, orillas del mar marroquí, abierto al océano Atlántico. El gran cobijo: África”, cuenta Comezaña.

Explica que Arkane trabaja para la promoción del arte y la salvaguarda del patrimonio. "Llevan adelante proyectos como Arkane Afrika, con el cual convocan a artistas de toda África, de Europa y de otras partes del mundo como Taiwán, China, Australia, e incluso Argentina ha participado como país invitado en sus exposiciones", indica.

“Desde nuestro aporte –añade- han abierto el proyecto a lo que se denomina Arkane América y me han nombrado representante de la asociación para Latinoamérica, otorgándome una confianza gigantesca, la que agradezco con humildad. Es mi función observar la producción, desarrollo y compromiso con su trabajo de los artistas de la región”.

Comezaña subraya que Arkane tiene por objetivo cobijar a esos artistas “cuya trayectoria se ha sostenido en el tiempo y mira con beneplácito la profesionalidad de los mismos”.

“El aporte de nuestros artistas es muy valorado", sostiene, y menciona entre ellos a neuquinos como Carolina Scorcione, Horacio Occhi, Juliana García, Zitti y Marcela Coppo y Mercedes Schamber de Bariloche.

“Ir a África te abre la cabeza, conmueve las fibras, se te imprime en la piel. No es sólo el estar simplemente, lo que desde ya impacta; es percibir-sentir imbricadamente la experiencia de insertarse en pestañeos de culturas milenarias como la bereber, la árabe y la marroquí francesa. Y es, en yuxtaposición, también mirarse a uno mismo, desde nuestra propia situación y distancia culturales y geográficas”, sostiene Comezaña, una neuquina con corazón africano.

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