Una esperanza llamada Lula

Lula Livre. Se replica desde el viernes a la tarde por las redes sociales, los comentarios y cuantas noticias se vean por los medios de comunicación. Tras 580 días detenido en la cárcel de Curitiba, el ex presidente brasileño y líder del Partido de los Trabajadores salió en libertad mientras avanzan los distintos planteos judiciales a la condena que recibió por corrupción.

Claro, con esta medida la Justicia no está diciendo que sea inocente sino que lo deja libre hasta que la condena de 8 años y 10 meses de prisión (un tribunal le redujo la original que era de 12 años y 11 meses) quede firme. Es lo que establece la Constitución del país vecino, al igual que la nuestra, como otras leyes de garantismo.

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Quedó libre, al no tener una condena firme, tras 580 días. Como el 10/12, la esperanza de una salida.

La noticia causó revuelo en la arena política de la bautizada Patria Grande ya alterada por las situaciones socioeconómicas que golpean a Bolivia (donde Evo Morales denuncia intentos de golpe de Estado), a Ecuador (cuyo gobierno busca salir de la crisis de su economía dolarizada), a Chile (sumida en una manifestación continua, sin antecedentes y que tiene en jaque a Piñera) y a Venezuela (hundida desde hace tiempo en una recesión que derivó en la rotura del tejido social que obligó a miles a emigrar a otros países).

Y además, estamos nosotros, esperando el milagro del 10 del diciembre, que no será tal, porque no es una fecha mágica, ya lo dijo el presidente electo Alberto Fernández. Pero la esperanza no se pierde, tal como lo hizo Lula hasta que llegar a su libertad y ver el sol por fuera de las rejas, aunque sea circunstancial. Como esta tormenta -¿otra o la misma de siempre?- que sacude más que nuestros corazones, nuestros bolsillos, nuestras vidas. ¿Cuándo llegará la calma, nuestra libertad?

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