Una guerrera de la vida que la sigue remando
Pablo Montanaro
Neuquén.- Maestra jardinera de profesión, al día siguiente de llegar a Neuquén, en 1969, comenzó a trabajar en Conejito.
Integra Poderosa, un grupo de mujeres recuperadas del cáncer de mama que practican remo.
“Jamás me pregunté por qué a mí. ¿Por qué no a mí?, si tienen cáncer bebés, niños, mujeres embarazadas, abuelos. La realidad es que tenemos cáncer. Ni culpable, ni víctima”, explica Susana Beatriz Gandini en el living de su casa con una firmeza en la voz que no sólo refleja claridad para hablar de esta enfermedad, sino vitalidad y pasión, condiciones que la llevaron a enfrentarla y sobrevivirla.
A los 73 años, está mujer nacida en Buenos Aires y que arribó a Neuquén en septiembre de 1969 con su marido, Juan Carlos Andrés, entiende que el sentido de la vida está en hacer cosas para uno mismo y para compartirlas con los demás. Antes de su llegada a esta ciudad, casi un año después de casarse, ingresó como maestra jardinera en el Jardín de Infantes Conejito -donde trabajó entre 1969 y 1979- y posteriormente en el de Alta Barda, donde se jubiló como supervisora.
Afirma que de muy chica, ya a los 5 años, sabía que quería ser maestra. "No supuse que mi destino sería maestra jardinera". Explica que se formó en Buenos Aires en el Profesorado Sara Eccleston, "un lugar de excelencia", y trabajó en el Instituto Bernasconi. "Al día siguiente de llegar a Neuquén se presentó una persona en el Hotel Crystal, donde nos alojábamos con mi marido, y me ofreció trabajo en Conejito. Yo no entendía nada. Fue una enorme sorpresa. No teníamos dónde vivir y ya tenía trabajo en la ciudad donde habíamos decidido venir a vivir”, explica con una sonrisa recordando ese momento esencial en su vida.
En la actualidad se la puede ver varios días a la semana caminando a orillas del río Limay, actividad que complementa con la conducción del programa Soy feliz encantada de la vida en Radio Divina Providencia; participando de los talleres de oración y vida, un espacio para compartir poemas y relatos literarios; organizando ferias de ropa en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes y dando clases de folclore para niños y adultos. Además, integra Poderosa, un grupo de mujeres de Neuquén y Río Negro sobrevivientes de cáncer de mama que ejercitan la práctica de remo, pero que además concientizan sobre el diagnóstico temprano de la enfermedad y sobre lograr una vida saludable luego del tratamiento.
Esta madre de tres hijos (María Paula de 47 años, Juan Pablo de 44 y Andrés de 38) cuenta que corría el año 2010 cuando se detectó en una de las mamas "como una cabecita de alfiler". De inmediato se realizó una mamografía. Unos meses después en Buenos Aires, adonde había viajado para el casamiento de una sobrina, se volvió a palpar "pero lo que antes era una cabecita de alfiler se había transformado en una bolita de esas con las que jugaban los niños".
El 6 de enero de 2011 le diagnosticaron cáncer de mama, "cáncer invasor, con metástasis en ganglios", subraya. "Me están jodiendo", dice que exclamó cuando leyó el diagnóstico. Ese mismo día pasó por el consultorio de la tocoginecóloga Mariela Kugler y luego se fue a la capilla Nuestra Señora de Lourdes, donde se encontró con el padre Ítalo Varvello para contarle que tenía cáncer. "Le dije al padre que no me iba a morir, porque yerba mala nunca muerte".
Desde entonces, Susana sintió el distanciamiento de muchas amigas. "Como una se va a morir, no saben qué hablar con vos", explica a modo de justificación de esos vacíos. Cuando se le empezó a caer el pelo por la quimioterapia se peló -su marido la imitó- y el turbante en la cabeza le duró un suspiro.
Una tarde una amiga le comentó que un grupo de mujeres recuperadas del cáncer de mama se juntaba en el complejo Ruca Hueney, a orillas del Limay, con el objetivo de practicar remo, aunque en el fondo esos encuentros les sirven para contar sus experiencias, contenerse y darse fuerzas para seguir adelante. Desde entonces es una más de Poderosa, el nombre que eligieron para luchar contra la enfermedad, remarle a la vida y hacer una actividad con beneficios físicos y psíquicos.
El cáncer, como los piojos, no discrimina. La realidad es que tenemos cáncer. No soy culpable ni soy víctima”.
Tres muertes, tres golpes fuertes
Susana Gandini confesó que antes de que le diagnosticaran cáncer de mama sufrió las muertes de su madre, de su amiga de la infancia y de su amigo el historiador de la Universidad de Río Negro Pedro Navarro Floria, en un accidente náutico.
Comentó que su madre le pidió que no la llorara y se despidió recitándole los versos del poema “Estamos en paz” de Amado Nervo: “Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.
"Tuve mucho dolor, eran muy queridas para mí y uno bajó las defensas", expresó Susana.
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