Una hazaña y una gran idea

Enrique Febbraro venía buscando fechas importantes para tratar de instalar el Día del Amigo.

No tengo recuerdos precisos de aquel día, pero mis viejos se encargaron de contármelo siempre. El 20 de julio de 1969 el hombre pisaba la Luna por primera vez y el mundo estaba expectante y paralizado frente a aquella hazaña.

Las comunicaciones en esa época no eran las mejores y la forma más práctica de recibir noticias era a través de la radio y, en lo posible, en aquellas de “onda corta” con las que uno podía sintonizar estaciones de distintas partes del mundo.

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En el living de mi casa paterna había lo que se denominaba en aquel entonces como un “combinado”, que no era otra cosa que un gran mueble que tenía tocadiscos y radio, acompañados por un gran parlante por donde se podían apreciar todos los sonidos.

Pues ese 20 de julio de 1969 mis viejos estuvieron pegados al aparato esperando definiciones de aquella aventura que emprendió la NASA.

Con apenas cuatro años, no tuve la posibilidad de dimensionar lo que significaba aquel “gran paso para la humanidad” que relató Neil Armstrong a 380.000 kilómetros de distancia. Lo comprendí varios años después.

Fue un día tan importante que a Enrique Febbraro, un ignoto odontólogo argentino, se le ocurrió mandar miles de cartas a personas de 100 naciones del planeta, con el objetivo hacer una cruzada para instalar el Día Internacional de la Amistad, aprovechando aquel gran acontecimiento para la humanidad. Le contestaron 700 y a partir de aquel entonces la llegada a la Luna tuvo un doble festejo que todavía se mantiene en varios países del mundo.

Una buena idea a partir de una hazaña inolvidable e increíble.

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