Una historia de aventura y misterio en el norte

Una película recrea la búsqueda de un tesoro inca en los años 30.

POR PABLO MONTANARO - montanarop@lmneuquen.com.ar

Las aventuras de un minero europeo de pasado desconocido, quien en los años 30 llegó al norte de la provincia -más precisamente al paraje Colomichicó- buscando evidencias de un tesoro inca, motivaron al cineasta neuquino Diego Lumerman a realizar un cortometraje de ficción que se estrenará antes de fin de año.

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A través del testimonio de antiguos pobladores y crianceros de Varvarco y localidades vecinas del norte de la provincia, Lumerman recrea la leyenda de Bela Veiko, quien habría trabajado en las minas de Andacollo y emprendió la tarea de descubrir la entrada a ese mundo subterráneo, convencido de que allí se escondía el tesoro de los incas.

En su deambular entre los cerros con un péndulo en sus manos, según cuenta la leyenda, Veiko halló numerosas piedras con marcas extrañas, imaginándose que eran producto de una manifestación de una ciudad antopológica. “Veiko realizó excavaciones y hasta hizo voladuras de piedras con dinamita”, agrega el cineasta de 35 años que estudió en la Universidad del Cine fundada por Manuel Antin en Buenos Aires. Al no tener el éxito esperado, el minero desapareció misteriosamente de la zona, sepultando definitivamente ese sueño de piedras y riquezas ocultas.

Unos años después, ese sector del paraje Colomichicó, al pie de la parte occidental de la Cordillera del Viento, se conformó como uno de los yacimientos de arte rupestre más grandes de América (ver aparte).

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La historia de Veiko comenzó a rondar a Lumerman mientras entrevistaba a antiguos pobladores, crianceros y buscadores de oro para su documental Territorios extraordinarios, estrenado en 2016.

“Durante las entrevistas me contaron acerca de Bela Veiko y así me fui enterando de la existencia de este particular y misterioso personaje. Incluso, uno de ellos contó que cuando era chico el propio Veiko pasaba caminando y le regalaba caramelos”, comenta.

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No existe ninguna documentación sobre el paso de este hombre en el norte neuquino, lo que provocó que se enhebraran múltiples hipótesis en relación con sus orígenes. La mayoría de las personas que entrevistó Lumerman para la película coincidieron en que Veiko provenía de algún país de Europa del Este, posiblemente de Hungría o Rumania, y que llegó escapando de la guerra, “ya sea por necesidad en busca de una tierra prometida o por ansias de aventuras”.

“Este hombre en una tierra que no era la suya y haciendo caso omiso de las advertencias de los lugareños realizó una expedición hacia Colomichicó, un terreno ancestral, donde sostendrá un encuentro con el delirio y la fantasmagoría”, explica el cineasta. “Por intriga, va al lugar pensando que podría haber un entierro, que son tesoros escondidos, y que por lo general conlleva un tipo de maldición como muchos relatos legendarios de muchas parte del mundo”, agrega.

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Veiko estaba convencido de la certeza de una leyenda que cuenta que los descendientes de los incas seguían viviendo en la zona.

En cuanto al destino final del minero europeo, los antiguos pobladores comentaron que “es un misterio, se sabe que se volvió loco y desapareció. Unos dicen que lo vieron bajar desnudo por el cerro con un péndulo, otros que lo encontraron desnudo muerto de frío y que lo vinieron a buscar de Buenos Aires”.

--> Un arte rupestre con rocas de 250 millones de años

En su libro El tronco de oro, el historiador Gregorio Álvarez dedicó unas líneas a Bela Veiko. Enterados de la historia del minero europeo, en 1944 Álvarez junto con el director de la Escuela Primaria de Tricao Malal, Omar Bruzzone, fueron hasta el lugar para buscar evidencias y encontraron rocas con una antigüedad de 250 millones de años. A partir de ese momento nacen las primeras menciones de arte rupestre en el departamento Minas.

La disposición de las rocas y las extrañas formas dieron origen a la leyenda sobre la existencia de una ciudad subterránea donde seguirían viviendo los descendientes de los incas, refugiados allí para escapar de la invasión española del Perú. Esa fue la obsesión del minero europeo.

El parque arqueológico Colomichicó es el área arqueológica más importante de Neuquén y de la Patagonia, por su valor histórico cultural.

Los estudiosos contabilizaron unas 2800 representaciones sobre cerca de mil rocas grabadas con los petroglifos, que son una forma de arte rupestre y consisten en grabados realizados sobre piedras de distintas dimensiones. En el caso de Colomichicó, datan de 1500 años de antigüedad.

El parque arqueológico está ubicado a 520 kilómetros de la ciudad de Neuquén. Se accede a través de la Ruta 43 y luego por la 39.

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