Una vida arrasada por la violencia

Crimen de Fernanda Pereyra: al cumplirse un año, su familia narró su historia. Madre desde los 15, sus parejas la golpearon y era adicta a las drogas.

Natalia Pérez Pertino

policiales@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Amiguera. Familiera. Reservada. Vulnerable. Una niña. Frontal. Víctima de violencia de género. Adicta. Fernanda era una joven de 26 años con una dura experiencia de vida que la había fortalecido para ayudar a otras mujeres pero que, a su vez, la debilitó y la llevó a consumir drogas y conocer a quienes la sentenciaron a muerte.

Hoy se cumple un año del horrendo crimen de Fernanda Pereyra, la joven embarazada que fue apuñalada y quemada en Rincón de los Sauces.

Su familia la recuerda como un ser especial, quien sufrió mucho en su corta vida. Madre de dos hijos y embarazada de siete meses, había tomado la decisión de alejarse de todo lo que intoxicaba su vida, pero no le dieron tiempo.

“Mamita, me voy a alejar de todo, cuánta razón tenías. No quiero saber más nada con ninguno de ellos. Luciano es un demonio, la persona más mala que podía haber conocido”. Esas fueron las palabras que le dijo a su mamá la noche anterior a su asesinato, en una charla íntima. Entre lágrimas, su mamá recordó sus últimas horas.

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Van a vivir un infierno entre rejas. Les deseo que cada vez que abran los ojos vean a Fernanda y a Mateo”, dijo Norma Lucero, Mamá de Fernanda

Dos días antes, le había confiado a su papá que temía por su vida. “Le pregunté a quién le temía y me dijo unos nombres. Los anoté en un cuaderno. Cuando Laura me llamó para contarme lo que había pasado, no dudé en que eran ellos y me fui a Rincón a presentar sus nombres a la Policía”, aseguró Oscar, el papá de Fernanda, en comunicación con LM Neuquén desde San Rafael. Esa lista cercó a los cinco condenados por su brutal asesinato.

Fernanda era muy apegada a sus hijos y creía que Mateo la ayudaría.

Fernanda había llegado a un punto de inflexión en su vida. No quería ser más víctima. No quería que la usaran más. Quería alejarse de todas las personas que le hacían mal y sobre todo de aquellos que se aprovechaban de su vulnerabilidad y la utilizaron como mula para traer droga desde Mendoza hacia Rincón. Fernanda consumía cocaína y por “esas juntas” se había peleado con su mamá.

“Mi hermana era vulnerable. La usaban para beneficios de otros, la utilizaban para ir a comprar. Era una mujer con una historia bastante triste”, expresó con angustia Laura, la hermana mayor.

Fernanda llegó a Rincón siendo adolescente. Allí conoció a su primera pareja, quedó embarazada y fue mamá a los 15 años. Sufrió violencia de género y al tiempo se separó. El papá de su segundo hijo, un boxeador, casi la mata a trompadas y un juez aleccionó a su agresor. Era fuerte. Incluso enfrentó al juez que lo dejó sin condena. Eso la fortaleció para ayudar a otras víctimas; pero por dentro sufría. Con Luciano no fue mejor. “Todos sabían que era drogadicto”, contó Norma.

Fernanda creyó que Mateo la ayudaría a salir. No la dejaron.

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