Vaca Muerta: la industria y algo así como un alivio

Por Fernando Castro

Un suspiro como de alivio. Un puñado de garantías que en un contexto de volatilidad económica y política es tranquilizador. Así definieron, en su mayoría, en el riguroso off que los suele caracterizar, los principales voceros de la industria la victoria electoral de Omar Gutiérrez del domingo pasado.

Se sabe: el sector hidrocarburífero suele ser enemigo de los cambios drásticos. Y pese a que, sobre todo en el último tramo de la campaña, los candidatos opositores al gobierno provincial habían tratado de dar señales tranquilizadoras, nunca iba a ser lo mismo comenzar de cero. En algún punto, el propio gobernador, sobre todo luego del resultado puesto, se encargó de reseñarlo. Sostuvo que ya había empresas que lo estaban llamando, para felicitarlo, casi todavía con los votos contándose pero cuando ya era irreversible el resultado. Lo dio a conocer. Alguien podría decir que el mismo saludo se hubiera reiterado con cualquiera de los candidatos. Iba a ser así. Pero hay una cierta tradición, la continuidad de un escenario que para las operadoras es tranquilizador. Lo dicho en este espacio con anterioridad: hay una tradición de décadas en la construcción de un vínculo directo con Houston, la capital mundial petrolera, donde algunas de las empresas que producen en Vaca Muerta tienen sus oficinas centrales. De eso también sabe el gobierno nacional, otro de los que respiró con cierto alivio el domingo por la noche, casi en el mismo momento en el que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, iniciaban una gira por Estados Unidos promoviendo las virtudes de la formación shale neuquina. ¿Hubiera sido lo mismo ese viaje con otro resultado en las urnas? El gobierno provincial y el nacional venían de un contexto complicado con las petroleras por los cambios en el subsidio del gas. Fue un conflicto, precisamente, con eje en una modificación de condiciones.

Por fuera de ese “alivio”, hay un camino de grandes desafíos que debe afrontar no solo Neuquén, por decir lo menos, en los próximos cuatro años si lo que se quiere es dar el salto y transformar a Vaca Muerta en un verdadero proyecto de país. Hoy hay una ruta repleta de complejidades, que radican, sobre todo, en la coyuntura económica. El ajuste trazado por el FMI y la incertidumbre sobre lo que ocurrirá en la recta final hacia las elecciones presidenciales implican un signo grande de interrogación para el ingreso de capitales. Esto es, al mismo tiempo, un escollo de corto plazo, no ya para producir hidrocarburos sino para parte de lo sustancial y de largo plazo, aquello que por momentos puede ser una quimera: la necesidad de comenzar a construir desde ahora las respuestas del futuro. Una de ellas, vital, es la del transporte de gas. El gobierno pidió proyectos a inversores y trata de buscarle la vuelta al financiamiento, incluso con fondos de la Anses. Al mismo tiempo, la creciente producción de petróleo requerirá en el corto plazo de obras de infraestructura. Pero se sabe, el futuro suele suponer un dilema de magnitud en contextos como los actuales. Pero atacarlo es vital si lo que se quiere es jugar con Vaca Muerta en el escenario internacional.

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