Vaca Muerta, las urnas, y los matices en juego

En las elecciones provinciales se pone en juego ni más ni menos que el poder político junto a una de las reservas de hidrocarburos más grandes del mundo.

Por Fernando Castro

Está claro que todo no da lo mismo y que el resultado de la elección de mañana tendrá un impacto que excede largamente lo que sucede puertas adentro de la provincia. Pero ¿hay margen para algo muy diferente según quién se imponga?

Los tres candidatos con posibilidades en Neuquén, Omar Gutiérrez (MPN), Ramón Rioseco (Unidad Ciudadana-Frente Neuquino) y Horacio Quiroga (Cambiemos), se vincularon, cada uno a su modo y en función de sus responsabilidades, con las grandes empresas que operan en Vaca Muerta. En ese vínculo, el MPN lleva una delantera que se circunscribe a décadas. La provincia acaba de cumplir 100 años en la industria. El partido provincial lleva medio siglo en el poder. Las misiones a Houston que Javier Iguacel ultrapromocionaba en los medios nacionales fueron la tónica de un partido que al menos desde la década del 90 supo construir lazos con los principales referentes de la industria. Los gobernadores de los últimos 20 años del MPN accedieron y acceden sin preámbulos a las oficinas de las grandes corporaciones en Houston. El desembarco del directorio mundial de Chevron del año pasado no fue una construcción de cinco años (al margen de los enormes avances en Loma Campana). Vaca Muerta, en buena medida, también fue un “invento” del MPN, con Jorge Sapag a la cabeza, en esos momentos en que la presión de la deuda provincial planteaba preguntas acerca de cómo obtener recursos con la producción en declino. La nacionalización de YPF no se entendería sin esa escala previa.

Rioseco, a su modo, lo vio, primero desde otro lado. Estuvo al pie del piquete en plena pueblada de Cutral Co, ahí cuando la privatización de la petrolera dejó el tendal en ese punto de la provincia, y cuando acaso no se imaginaba que iba a ser intendente. Hoy, también, conoce como pocos intendentes el poderoso envión que le ofrecen los recursos petroleros, asegurado como los tiene con la manija de El Mangrullo. También se ocupó por lo bajo de despejar las dudas en el último tiempo. Se reunió con parte de los representantes de las empresas con algunas de las inversiones más grandes de la cuenca neuquina. No les dejó la impresión de ser un loco de la guerra, pese a su discurso de tono algo más crítico que los políticos con aspiraciones en la cuenca neuquina.

El de Quiroga es un caso diferente. Pechi conduce la ciudad que más recursos por regalías obtiene por la producción récord de gas y petróleo.

En buena medida, el plan de obras públicas para la capital podría ser solventado por esta masa de recursos, sin siquiera tocar el importante caudal de fondos que se jacta de tener en el banco, para épocas de vacas flacas, y que no van destinados a los gastos corrientes, tal como se lo enrostra una y otra vez a sus eternos rivales del partido provincial. Pechi modificó su discurso. Pasó de decir que Vaca Muerta estaba bien muerta, en medio del derrumbe del precio del crudo en 2016, a buscar candidatos vinculados al sector petrolero en las boletas de Cambiemos de toda la provincia. Supo modificar su postura a tiempo y subirse también a la ola que desde el propio gobierno nacional supieron promover, con la continua llegada de funcionarios nacionales que desfilaron por diversas áreas de Vaca Muerta. Con un ritmo de inversiones de 5000 millones de dólares anuales, está claro que pese a los discursos de campaña, no hay lugar para las locuras.

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