Vaca Muerta surfea las olas

Desde que se supo que había potencial para aprovechar en términos de mercado los hidrocarburos atrapados en la formación rocosa conocida como Vaca Muerta, el desarrollo de los negocios surfeó entre olas de variable magnitud. Desde un principio, la política pública se enfocó a las necesidades de la caja y el marketing del gobierno nacional, en cualquiera de las dos expresiones dominantes desde entonces.

Los subsidios el Estado nacional hallaron razones en la equivalencia con las necesidades de caja para sostener la matriz energética con importaciones. A la par, cada gobierno aprovechó el marketing de Vaca Muerta. Las perforaciones con el método del fracking empezaron después de los cuestionamientos ambientales y legales al contrato de YPF con Chevron en Loma Campana.

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Hasta ahora, la producción fue creciendo en función de la necesidad de caja y de marketing de los gobiernos de la Nación

El kirchnerismo avanzó entonces asumiendo los costos y tratando de aprovechar el imán de los yacimientos shale para beneficio proselitista. En 2015 se produjo el récord de inversiones hasta ahora.

El macrismo asumió los costos de los subsidios que exigía la industria (liderada por el Grupo Techint, de Paolo Rocca, que fue el principal beneficiado a la postre) a cambio de invertir lo necesario para generar una superproducción de gas natural. Lo justificó en los beneficios de la movida para la caja. Con la crisis financiera y económica tiene problemas para pagarlo. Mientras, instaló como verdad revelada que Vaca Muerta es la meca para la inversión extranjera, cuando no es el caso: las inversiones en la formación en su inmensa mayoría son de YPF y otras empresas argentinas.

La nueva ola trae impulso ambiental: una denuncia contra el basurero de Añelo.

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