Vaca Muerta: un camino transitado pero en el que resta mucho por hacer

POR FERNANDO CASTRO / fcastro@lmneuquen.com.ar

Un recorrido apasionante en el que ya se hizo mucho pero en el que resta mucho por hacer. Esa podría ser una forma de definir esta realidad que Vaca Muerta es hoy para el país. Los neuquinos vinculan más que nunca esta formación de recursos no convencionales con el bienestar. Es un lugar físico, geográfico, pero también un confín mental en el que suelen confluir sus aspiraciones económicas. Una esperanzadora fuente de riqueza que reedita una vez más la quimera del oro, esta vez en versión shale, y que trasciende fronteras (una familia por día llega para intentar quedarse en Añelo).

Hay petróleo y gas no convencionales para cambiar el país y exportar hacia el otro lado de la cordillera. Es la foto de hoy. Sin embargo, es una foto, un camino repleto de desafíos. ¿Pero quién no quisiera asumir ese camino, uno que, a trazo muy grueso, es el de cómo crecer? Parte de ese camino es cómo se logra afianzar un proceso de inversiones que mejore la vida de los “viejos” (hoy cada vez más jóvenes que manejan tecnología de avanzada junto a los pozos) y los miles que en esta provincia están pendientes, sabiéndolo o no, del precio del Brent o de si el espaldarazo de la resolución 46 va a ser suficiente para que los 70 mil empleados públicos respiren porque cobrarán a fin de mes.

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Es la versión básica del tan mentado “derrame” que hoy le permite surfear a Neuquén con algo más de aire la ola brava de la recesión que cierra fábricas en otras provincias. Después de todo (o antes que nada, es sólo una cuestión de perspectiva), la parte micro de los macro negocios tiene que ver con cómo vive la gente. Desarrollar recursos hidrocarburíferos es, en buena medida, sujetarse a decisiones que se toman -también- a miles de kilómetros de distancia. Lo comprueba la visita del directorio de Chevron que acaba de desembarcar en pleno en Loma Campana, el área que desarrolla con YPF y puso a Vaca Muerta en el mapa mundial de los no convencionales.

Del otro lado, parte de ese camino por recorrer pasa por cómo esas pequeñas empresas locales optimizan los servicios que dan, para lograr que una porción más grande de esa enorme torta de recursos afiance el proceso de crecimiento que permita dar otras varias respuestas. ¿O no hay ahí una puerta para la -también- tan mentada diversificación económica? Las operadoras suelen decir que el crecimiento depende de seguir mejorando costos. Los avances en este sentido se dan en cuestión de meses.

Tener mejores servicios locales es parte de ese andamiaje, una responsabilidad que les cabe tanto a los dueños de esas pymes como también a políticas activas del Estado y de las petroleras. Esas soluciones solo llegan con voluntad y en conjunto. Hay precedentes de esos acuerdos. La inmediatez de algunas imágenes es poderosa: a fines de 2016 en Chubut unas 60 mil personas salían a la calle ante el derrumbe del crudo y en Neuquén se bajaban 30 equipos de perforación. YPF no podía seguir perdiendo u$s 100 millones por año. Quedó un tendal de 1500 despedidos.

En seis meses, el nuevo precio del gas hizo mudar intempestivamente a las operadoras a este tipo de desarrollos. Fue un relámpago que inició el actual ciclo de crecimiento de la producción. Y de nuevos desafíos. Uno central para los meses que vienen es cómo el gas puede salir hacia nuevos mercados, aunque el petróleo atraviesa también un nuevo veranito. Esto, en medio del complejo tránsito hacia finales del año que viene, con un proceso electoral ya en marcha a nivel nacional y en la provincia.

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