Fuera de China pocos han oído hablar de Zhong Shanshan, el multimillonario que se ha convertido en el hombre más rico de Asia amasando una fortuna con el agua embotellada y, ahora, con los tests de COVID-19.
Con fama de rudo y solitario, Zhong Shanshan es conocido por las omnipresentes botellas de tapón rojo en China, donde pocos se atreven a beber agua de la canilla. Al frente de Nongfu Spring, el empresario de 66 años posee más de una cuarta parte del mercado nacional de agua embotellada.
Su fortuna está valorada en 85.000 millones de dólares, según la clasificación Hurun publicada la semana pasada. Se ha convertido en el hombre más rico de China y de Asia, y ocupa el séptimo lugar en el mundo. El año pasado Zhong Shanshan colocó su agua mineral en la Bolsa de Valores de Hong Kong y en la de Shanghái su laboratorio Wantai Biological Pharmacy Enterprise, que invirtió en un nicho prometedor: los tests de detección del COVID-19.
Reforzado por estas operaciones financieras, su ascenso es una de las acumulaciones de riqueza más rápidas de la historia, según la agencia financiera Bloomberg. Una evolución espectacular para alguien que, como millones de sus compatriotas, tuvo que dejar la escuela a los 12 años, durante la "Revolución cultural" maoísta. Zhong Shanshan trabajó como albañil, carpintero y ... periodista.
El multimillonario chino tuvo que dejar la escuela cuando tenía 12 años.
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