Fueron la última camada de maestras normales de Neuquén y hoy, a cincuenta años de haberse recibido de la Escuela Normal Superior General Don José de San Martín, se reencontraron y repitieron aquel viaje de egresadas en Carlos Paz. Como si tuvieran 17 años, la felicidad de saberse unidas las inunda y planean una gran fiesta para su regreso a la ciudad.

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La idea de revivir el viaje de egresadas, incluso alojándose en el mismo hotel que en 1969, fue de Norma D’Anna, quien usualmente presta su casa para reunirse. En aquel momento, hicieron lo imposible para que todas pudieran viajar: organizaron tertulias y hasta vendieron tortas caseras por toda la ciudad para recaudar algo de plata.

Finalmente, se fueron dos semanas de viaje, a Carlos Paz y a Mar del Plata. “En ese hotel hicimos varias maldades, como poner sapos en las habitaciones o pimienta en las sábanas a algunas chicas. También teníamos que salir al boliche a buscar a las que no estaban, porque la maestra pasaba por las piezas a ver quién faltaba”, cuenta Norma.

La gran mayoría de la camada -cincuenta en total, 49 mujeres y un hombre- se quedó en Neuquén y la región, aunque para reunirse algunas vinieron desde El Bolsón, La Pampa e incluso desde España. Ninguna quiso faltar al gran evento que planean desde fines del año pasado. Son 17 las que pudieron viajar pero para la fiesta esperan ser el doble.

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La ansiedad y la emoción por subirse al avión que las llevará a revivir su adolescencia se percibe en el ambiente del Aeropuerto Presidente Perón, desde donde partieron el viernes a las 14:20.

“Para mí es muy importante hoy este viaje porque va a ser atravesar de acá a Córdoba como si fuera allá en 1969. En ese momento tuve una situación familiar muy especial, entonces lo viví pero no con esa alegría. ¡Y hoy estoy hecha una piba de 15 años!”, dice Susana Hernández entre risas. “Fui armando mi collage afectivo de ese momento, hay cosas que las tenía tapadas por ese dolor”, asegura.

Mabel Nielsen recuerda con alegría el viaje de hace cincuenta años: “Fue hermoso, fuimos en colectivo con la empresa Lanín, con una docente de educación física. Me genera mucha felicidad, estoy muy feliz”.

La mayoría de ellas ejerció como maestra durante toda su vida y comenzaron su carrera cuando Neuquén y las localidades cercanas eran pueblos con pocos habitantes y apenas en formación.

Alvarita Campos viajaba todos los días desde Centenario hasta la escuela, que en esa época estaba ubicada donde hoy funciona la 201, en Belgrano 480. “Yo me tenía que ir a las 6 de la mañana para estar a las 8. La directora no nos perdonaba llegar tarde”, recuerda.

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Mabel, quien también fue secretaria en los Centros de Formación Profesional N° 12 y N° 18, cuenta: “Empecé a dar clases en Centenario cuando no había asfalto y hacíamos dedo para poder ir. Hacían falta maestras, entonces enseguida todas empezamos a trabajar”.

En aquella época, la institución educativa era estricta con las reglas y los mandatos para las mujeres pesaban con mucha fuerza. No podían vestir pantalón, pintarse los ojos ni las uñas y debían usar el pelo atado. Todas tenían que tener guardapolvo blanco, medias azules y zapatos marrones o negros. Cuando asistían a los actos por las fiestas patrias en la Plaza Roca o en la Avenida Argentina, tenían que usar saco azul y el guardapolvo a media rodilla. Y aunque las normas parecían ser claras, alguna siempre se rebelaba.

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“En esa época empezaba a usarse el delineador de ojos así que por ahí yo me pasaba. Pero un día me vio Blanquita, la preceptora, así que se fue directo a la secretaría, vino con una toallita con crema y me limpió toda la cara”, cuenta Susana entre risas. En cambio, Alvarita era su preferida: “Ella me adoraba porque decía que yo era la única que respetaba todo, no me pintaba y siempre tenía el pelo bien acomodado”.

“La mayoría de nosotras nacimos justo el año que comienza el magisterio en Neuquén, y la nuestra es la última promoción de maestras normales nacionales de la provincia. Por eso somos únicas”, dice con orgullo Nora Mantelli, quien luego estudió profesorado en Letras. Y resalta el alto nivel de enseñanza recibido: “La formación que tuvimos de pedagogía y didáctica nunca fue superada. Fue algo que con el paso del tiempo pudimos darnos cuenta”.

Si bien aseguran que no era usual faltar a clases y mucho menos “ratearse”, Sol Jurado confiesa una de las travesuras: “Teníamos clase de matemática, dijeron que iban a tomar prueba y no estábamos preparados. Entonces nos escapamos por la ventana y fuimos a la casa de una de las chicas en el centro. Nos la pasamos tomando mate y comiendo”.

Una escuela con mucha historia

La Escuela Nacional General Don José de San Martín nació como Escuela de Comercio en 1943 y unos años después anexó el Curso Bachillerato. En 1951 se creó el Magisterio Anexo, organizado de acuerdo con el marco curricular de la escuela normal. En 1955 se creó el Departamento de Aplicación y Jardín de Infantes, y el Normal pasa con ellos a un mismo edificio.

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Pero no fue hasta 1969 que la Escuela obtuvo el edificio propio, que funciona en la Avenida Argentina, donde concentra todas las modalidades de Media. La escuela cerró el Magisterio en 1969 y al año siguiente se aprobó el Plan de Estudios de la Carrera del Profesorado de Nivel Elemental que se cursaría en el Nivel Terciario; se abrió de 1971 a 1975. En 198, se retoma la Formación de Maestros en el nivel Terciario y en 1988 pasa a llamarse “Escuela Normal Superior Gral. Don José de San Martín”, hasta la Transferencia de escuelas medias a la provincia, en 1992. En 1994, el CPE le asigna el nombre de Instituto de Formación Docente Nª 12.

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