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La Mañana Guardaparques

Vive en el último rincón neuquino sin COVID y deja todo para ser guardaparques

Ante la inestabilidad económica que sufría antes de la pandemia, Pedro, de 33 años, se imagina una nueva vida.

Pedro Vazqués pasó toda la cuarentena en lo que sería la última localidad neuquina sin casos de coronavirus: Villa Curi Leuvú. Desde el campo de su padre, se sintió lejos el COVID y la cuarentena le cambió la forma de ver la vida y de valorar el tiempo.

Cuando el 20 de marzo del 2020 se decretó el aislamiento, estaba en Chos Malal. Hacía changas y se “ganaba” la vida con empleos temporales de lo que saliera. Vivía con lo justo y ya en el último tiempo le costaba conseguir trabajos.

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Ante la peligrosidad del virus y al quedarse sin ingresos, decidió volver a donde nació para cuidar a sus padres que “están grandes”. Además, encontró en este lugar un espacio en donde no se respiraba el virus y la lógica diaria era muy similar a la vida pre pandemia. Solo cambiaba cuando debían ir al supermercado, que tenían mucho cuidado y cumplían con los barbijos y la distancia social.

La casa de los padres se encuentra en el paraje Caepe Malal, que es uno de los cinco que conforman la Comisión de Fomento de Villa Curí Leuvú, la última localidad neuquina que se creía que no había llegado el virus. “Pero en noviembre del año pasado dieron algunos positivos, pero entiendo que no salieron en los partes oficiales. Por ahí tenían domicilio en otra ciudad, no lo sé”, contó.

Villa del Curi Leuvú.jpg

Más allá de la situación, Pedro no tuvo contacto con los vecinos, dado que entre portón y portón de ingreso a los campos hay más de 500 metros. La distancia social es una de las situaciones que se respeta y romperla “sería una decisión totalmente voluntaria”.

En el encierro y la tranquilidad de no sólo conectarse con el campo sino con su familia, Pedro a sus 33 años se replanteó qué quería hacer: si continuar con el azar de conseguir changas o reavivar las ganas de estudiar y lograr una estabilidad. “Desde que terminé el colegio que estoy amagando todos los años en ingresar a periodismo o para ser Guardaparques, pero siempre encuentro una excusa”, dijo.

Es que la vorágine y el movimiento en el que vivió hasta el 20 de marzo del 2020, no le permitían frenar. Si no estaba en una changa, salía a buscarla. “Siempre estaba en movimiento y nunca me detuve a pensar qué era lo que quería”, contó.

El freno abrupto hizo que Pedro se reencuentre con sus inquietudes propias y, apoyándose en su hermana que es Guardaparques del Lago Puelo, se decidió: “Ahí, en medio de esta cuarentena me anoté a estudiar para cuidar nuestra flora y fauna”.

#InteriorDeLAPanademia Cuarentena Guardaparques Interior de la pandemia Villa Curi Leuvu (2).jpeg

Arrancó con los cursos de nivelación que son online. Para tener internet, debe viajar 30 kilómetros hasta Chos Malal y pedirle el favor a algún vecino. “Es que acá Caepe Malal no hay conexión”, contó.

Mientras está cursando, no abandonó las changas. Corta el pasto del campo de su padre y junta leña, para luego comercializarlas y así tener un poco de dinero. Pero está convencido de que es provisorio, hasta que pueda terminar la carrera y concursar para ser Guardaparques.

“Sé que después me puede tocar en cualquier lado del país, pero bueno, creo que la gente contamina mucho y es un trabajo que me voy a sentir bien haciéndolo porque no solo me gusta a mí sino que estoy ayudando a todos”, contó.

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Otro de los motivos que lo ayudó a estudiar esta profesión y no periodismo, fue la ola de incendios que azotó a la Comarca Andina. Su hermana estuvo cerca, pero la indignación lo atravesó al ver tanto “bosque hermoso” perdiéndose en vivo y en directo sin él poder hacer nada.

Incendios en la Patagonia.jpg

Además, conoce cómo se manejan muchos de los turistas que llegan al Norte neuquino y nota la cantidad de basura que dejan en lugares naturales, con “las consecuencias contaminantes que eso genera”. “Y algunos vecinos de acá también hacen lo mismo, pero bueno es algo que debemos corregir”, agregó.

Tras hacer un balance, entiende que la cuarentena lo ayudó. No solo porque zafó de contagiarse tanto él como su familia y por suerte tiene a sus parientes vivos, sino porque le hizo poner un freno en su vida: “Me dio tiempo para pensar y decir basta. Ahora, si todo va bien, cuando se vuelva a la presencialidad me voy a tener que ir a vivir a Esquel”.

En el sur de Chubut es donde deberá cursar las materias, una vez que vuelva la presencialidad. “Arranqué la cuarentena siendo changuero y voy a terminar estudiando para ser un profesional”, concluyó Pedro.

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